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Lunes, 21 de enero de 2002

El idioma de los argentinos

POR LUIS BRUSCHTEIN
A los escritores y directores les cuesta mucho encontrar su propio lenguaje. Tienen que romper, descartar, probar y de repente se decanta una propuesta que se entiende con su voz y su contexto. Por eso son tan intolerantes con las obras de sus colegas. Algo parecido pasa con las generaciones. Cada una tiene que diferenciar su mensaje, encontrar un espacio propio que les da identidad y que constituye su aporte. Por eso las nuevas generaciones tienen que ser tan intolerantes con las que le antecedieron.
La marca de Favio es poderosa y por eso es polémica. La poética está jugada, flamígera, en los temas, en los diálogos, en cada una de las imágenes. La intención poética es tan fuerte que hasta incluso puede agotar. No es de un pensamiento difícil, aunque sí es difícil plasmar esa intensidad –y hasta se diría exceso– sin caer en el grotesco. Y es más difícil todavía hacer que la expresión de esa intensidad parezca algo sencillo y no parnasiano, declamativo.
La sobriedad tiene también méritos muy poderosos, a veces incluso más contundentes. Pero la apuesta por la sobriedad siempre es menos arriesgada porque, si falla, el mayor peligro es ser aburrido o mediocre sin dejar de parecer inteligente. La apuesta de Favio, y de otros directores argentinos, es más dura, porque la consecuencia del fracaso es el ridículo. Algunas de las ideas de sus películas, por ejemplo, contadas en seco pueden parecer ridículas, pero sus películas no lo son. Todas tienen una fuerza emotiva que se sostiene desde el principio hasta el final.
El cine de Favio no es el único posible, y seguramente habrá mucha gente cuya sensibilidad sea impermeable a sus características porque es una propuesta sin medias tintas. Tampoco es sociólogo o filósofo. Sus relatos, incluyendo los documentales, tienen más que ver con la fábula o el cuento que con el ensayo. Y es popular, no tanto por las temáticas y los protagonistas que elige sino porque esa expresividad algo desaforada, que se justifica, o trata de ser contenida, con cierto matiz de seriedad y verdad absoluta, es muy argentina. Favio sería popular, en cuanto a lenguaje, aunque fuera gorila, como sucede con muchos escritores.

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