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Domingo, 21 de noviembre de 2010

DVD > JOHN WOO VUELVE A CHINA

EL ARTE DE LA GUERRA

John Woo vuelve a China para filmar una película como nunca hizo (ni él ni nadie): una épica medieval donde la naturaleza, la música y las escenas bélicas más extraordinarias y monumentales se combinan con una naturalidad de gimnasia olímpica. Dos contras: llega directo a DVD (con lo que se pierde la magnificencia que se merece en la pantalla grande) y en versión internacional (con lo que se pierden dos horas y media de las cinco originales). Pero así y todo, es imperdible.

 Por Alfredo Garcia

Cuando un director encumbrado en un tipo de cine acepta un nuevo desafío, más vale que lo haga con un as en la manga. John Woo volvió a China pero no para hacer un film policial como los que lo hicieron famoso en la era de oro de la industria del cine de Hong Kong. De hecho, no volvió a Hong Kong, sino a China continental, para hacer la mayor producción de todos los tiempos que se haya filmado en la tierra de Mao: Acantilado Rojo (Chi Bi) es un film épico que muestra el arte, el drama y los horrores de la guerra en la China medieval como jamás se vio en ninguna otra película.

Concebida como una saga en dos partes –a un costo de unos 90 millones de dólares cada una–, de unas dos horas y media de duración, lamentablemente Acantilado Rojo nos llega sólo en DVD –qué pecado que esta maravilla no se pueda ver en la Argentina en pantalla grande–, para colmo en la versión editada para territorios no asiáticos, que limita las casi 5 horas originales a solamente dos horas y media, sin dejar afuera del corte (aprobado por John Woo) las alucinantes batallas, pero sembrando cierta confusión, sobre todo en el primer tercio del film, acerca de quiénes son los personajes y cuáles los conflictos políticos y sociales de ese período de la dinastía Han, que hacia el siglo III se conoció como el período de Los Tres Reinos. (El período está narrado en un épico libro chino, Romance de los Tres Reinos, que fue dejado de lado por Woo intentando inspirarse en fuentes de mayor rigor histórico.)

La historia es la de la lucha de dos señores feudales rebeldes, Liu Bei y Sun Quan, contra el maquiavélico y todopoderoso, ciento por ciento corrupto primer ministro Cao Cao, que domina los ejércitos y las armadas invencibles del emperador, a quien maneja a su gusto. Aún uniendo sus fuerzas, estos dos ejércitos rebeldes no pueden compararse al poderío de Cao Cao, por lo que la batalla que tiene lugar en el Acantilado del título (ubicado sobre el río Yangtsé) es un ejemplo de inteligencia, habilidad y coraje por sobre toda otra fuerza militar.

Hay escenas donde desde el primer plano de un general a bordo de un barco la cámara asciende a las alturas para ver el tamaño casi infinito de la flota que comanda. Obviamente sin los recursos del moderno cine digital, este tipo de alucinantes escenas épicas con las que ni Cecil B De Mille pudo soñar nunca no serían posibles. Woo convocó a uno de los mayores expertos en efectos visuales, Craig Hayes, conocido por films como Jurassic Park, Robocop o Starship Troopers (de Paul Verhoeven), y lo hizo trabajar de un modo distinto del que se conciben los efectos digitales hollywoodenses. Justamente una de las cualidades de Acantilado Rojo es la libertad creativa absoluta con la que contó John Woo a la hora de armar puestas en escena minuciosamente descriptivas de varios estilos de combates que Hollywood nunca tuvo que describir, para lo cual hizo armar decorados y utileras pantagruélicas que luego se mezclan –a veces utilizando movimientos de cámara realmente sorprendentes– con las imágenes digitales.

Experto en policiales urbanos modernos, Woo sólo tenía una entrada –memorable pero no muy conocida– en el género de espadachines de la China antigua, Last Hurrah for Chivalry, una película formidable y evidentemente concentrada en personajes, no en conflictos colectivos. Ni mucho menos batallas navales épicas con naves incendiarias y arcaicas bombas de pólvora. Ya en una de las primeras batallas que Woo describe en Acantilado Rojo queda sentado su interés por contar una historia distinta, que el cine épico hollywoodense nunca mostró: para enfrentar un ejército muy superior en número, sus rivales se colocan contra el sol y los encandilan con escudos refulgentes, un cañonazo lumínico que espanta hombres y caballos por igual. Las coreografías de miles de extras mostrando las distintas formaciones militares elegidas para cada batalla por momentos tienen un punto de referencia en las batallas campales del Alejandro Magno de Oliver Stone, más por los recursos digitales que por la manera en la que Woo los puede usar, y ni hablar de la compleja crueldad del arte de la guerra chino.

También hay puntos de vista revisionistas, como la aparición de batallones de mujeres armadas, y la alianza de los dos señores feudales sellada en un extrañísimo duelo de instrumentos musicales de cuerda antiguos (sin duda una de las escenas más raras y personales de esta película).

Actúan Chang Chen, Tony Leun, la debutante y hermosísima Chiling Ling (una especie de Helena de Troya china, en parte culpable del torbellino de pasiones que lleva a cientos de miles de personas a la guerra); pero el que se roba la película es Takeshi Kaneshiro (el de La casa de las dagas voladoras) en el papel de un elegantísimo e irónico estratega militar capaz de poner cualquier elemento de la Naturaleza a su favor, al punto de que en un momento determinado todo un imperio puede derrumbarse o no según la dirección que tome el viento.

Ojalá algún día Acantilado Rojo pueda verse completa. Da la sensación de que en su versión de cinco horas, si bien la parte histórica pueda resultar mucho más clara a ojos occidentales, todo el asunto podría resultar demasiado largo. En todo caso, la versión internacional es la que podemos ver en la Argentina –gentileza del sello Emerald– y por las barbas de Confucio, ningún fan del género épico puede perderse esta visión del arte de la guerra según John Woo.

No por nada ésta no sólo fue la película más costosa en la historia del cine chino. También fue la más taquillera, superando por lejos los records de box office de Titanic.

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