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Domingo, 18 de septiembre de 2011

PERSONAJES > JUANSE, UN AUTéNTICO PARANOICO

Fiera lunática

Aunque Baldíos lunares es su tercer disco solista, la separación de su banda de siempre convierte a Juan Sebastián Gutiérrez por primera vez en un solista hecho y derecho. Capaz de encarnar al rocanrol con pasmosa facilidad sobre cualquier escenario al que se suba, el ¿ex? líder de los Ratones Paranoicos recorre aquí su panteón de héroes cotidianos y la relación entre su música y la filosofía y se revela como un artista con referencias que van desde los Stones hasta la más profunda poesía argentina.

 Por Santiago Rial Ungaro

“El rocanrol no es un hijo del diablo, no te hace daño, pobrecito el rocanrol.” En el flamante Baldíos lunares, Juanse le sigue cantando a su viejo amor con una letra –del Cuino Scornik– que aclara que una canción no es un kilo de tomates y que, no: nunca va a estar cara una canción. La letra será del Cuino, pero la voz de Juanse, tierna y siempre filosa, es perfecta para hacernos sentir lo bastardeada que está hoy en día la esencia misma del rock como música. Música universal –ahora se dice “global”– y también popular, pero no exactamente por tratarse de música “pop”. “Puedo usar algunos elementos narrativos, pero yo nunca hice pop”, se ataja Juanse, que si Expreso Bongo (1997) y Energía Divina (2006) sólo parecían divertimentos solistas para relajarse y sacarse el gusto, en este tercer disco apuesta a serlo a tiempo completo. Porque se ha dado el gusto de apagar indefinidamente esa máquina implacable de rock & roll que son los Ratones Paranoicos, y reinventarse con un disco potente que, más que sorprender, confirma que su talento sigue intacto sin sus secuaces. Juanse cambia de forma para atacar.

Durante la larga charla en el bar frente al estudio-sala donde pone a punto una excelente banda nueva, se lo nota relajado y predispuesto con la idea de explorar su costado más íntimo e intelectual: “Lo mejor que podemos hacer es conversar desde el desconocimiento básico y total. Lo que uno sabe no cumple ninguna función”. Siempre hubo algo enigmático detrás de las canciones de este hombre: ya sea Juana de Arco envuelta en llamas, un Hada Violada, o un Dragón que no cabe en una Nave. “El enigma es fundamental. Nosotros grabamos hace mucho con los Ratones un disco que se llamaba Engima. Y Enigma era el nombre de la máquina encriptadora que tenían los nazis.” Es evidente que Juanse se siente cómodo hablando sobre una de sus máximas pasiones: la poesía. Lo suyo siempre fue un combo muy personal de rock & roll & poesía. En Baldíos lunares, el ex Ratones Paranoicos rescata la obra poética de Ignacio Beola, un poeta contemporáneo de Alejandro Carrique, del que incluye un poema en la gráfica del disco: “Con el arco y las flechas de cazar los dioses/ los cabalistas luchan en baldíos lunares/ y anotan las estrellas caídas en la mesa/ de la sucia taberna donde trepan los ríos/ como lámparas nocturnas que iluminan la dama”. La coincidencia con el imaginario del ex Ratones Paranoicos es innegable. Su reivindicación tiene tanto de justicia poética como de correspondencia estética: “Esa imagen de las estrellas cayendo sobre la mesa me parece tremenda. Siento mucha identificación con la idea de tomar contacto muy brevemente con un texto, pero que éste tenga contenido suficiente para poder dibujar una imagen. Cuanto menos texto utilizo, para mí es mejor. Pero esto hay que combinarlo con lo que yo hago desde pendejo, que es el rock & roll. No es tan fácil”. Si lo fuera, todas las bandas “stones” argentinas tocarían con Mick Taylor, Bobby Keys, Al Kooper, Andrew Oldham o grabarían en vivo con Pappo y Charly García como invitados.

Juanse habla ahora de la importancia de “aprehender, pero con h. Si vos no incorporás algo, si vos lo único que hacés es ‘diccionarizarte’ solamente encontrás tu fórmula de acuerdo a falacias”. Y ahora es Juanse el que pregunta: “¿Por qué el hombre desarrolla un vínculo con la superficialidad y de golpe se mistifica a sí mismo frente a la muerte? ¡Porque tiene miedo! Somos todos unos genios, pero... Yo perdí hace poco a uno de los seres que más quise en mi vida, que fue mi tía Nina, Leontina Julia Angelilli, una mujer de 93 años que fue un ángel en la tierra. Un ser que estuvo imperceptiblemente presente todo el tiempo. Solamente con amor y con el silencio. Lo que una vez más nos lleva de nuevo a la música. Un músico es mucho más importante cuando sabe callar que cuando sabe ejecutar lo que quiere. Por eso Bill Evans es el más grande de todos”.

EL MUNDO SEGUN JUANSE

También conocido como “El Rata”, Edgardo Moré siempre fue el manager histórico de los Ratones Paranoicos, y ahora lo es de Juanse, pero sobre todo es su amigo de la infancia. “Siempre fue un poeta. Nosotros nos conocimos de chicos: jugábamos juntos al rugby, tocamos juntos. Ibamos todos los domingos a la mañana al parque Rivadavia. Estábamos todo el tiempo escuchando Pescado Rabioso, Invisible. Eramos súper fans de Spinetta: íbamos a todos los shows y él ya nos veía y nos saludaba, porque siempre nos las arreglábamos para estar en primera fila. Teníamos 10, 11 años. Y es al día de hoy que nos seguimos juntando con nuestros amigos de esa época una vez al mes.” La mención a Spinetta (quien lo invitó a participar de su megashow de Vélez, y que en Baldíos lunares es a su vez homenajeado con una sorprendente versión de “Gabinetes Espaciales” en plan Stevie Wonder) deja abierta una clave para entender un poco mejor a este músico al que, al igual que a Spinetta, se lo ha acusado de ser hermético, críptico, incomprensible. Paul Valéry, hablando sobre su personaje imaginario Monsieur Teste, da una pista para entender El mundo según Juanse: “La incoherencia de un discurso depende del que lo escucha”. No es casual que este corto y sugestivo libro sea uno de los favoritos de un cantante y compositor maduro desde su juventud, y jovial ahora en su madurez. “No me preguntes dónde estoy. Estoy aquí. Como si estuviera en mi lugar. Fuera de mí”, canta en “El Sol”, el esperanzador inicio de su nuevo disco, en el que su guitarra acústica da el tono a una canción que llega al clímax cuando Juanse se describe recibiendo el sol debajo del agua. Una imagen increíble y a la vez simple, que confirma una vez más que la lírica de Juanse es el fruto de una práctica poética permanente. “Mi objetivo no es saber la verdad. Mi objetivo es encontrar un enigma. De ahí los espectros, los fantasmas... Ese oscuro objeto de deseo”, explica el ex Paranoico, que luce un anillo con una flor de lis y llama a Jully, su mujer desde hace ya diecinueve años y madre de sus dos hijos, Dalland y Barbar. “Si seguimos juntos es porque estamos enamorados”, comenta, y ya es suficiente sobre su familia: Juanse es de los que piensan que “no hay que hacer ninguna exposición de la intimidad en ningún nivel”. La paranoia como forma de disciplina crítica: la estética de la paranoica. “La paranoia se lleva adentro. Siempre hay que estar paranoico. Me encanta ser paranoico: me da mucha energía”, afirma, y convida con otra vuelta de cerveza. En la charla aparecen Ricky Flema (“un copado”), el Rafa Di Zeo (“un artista”), Sid Vicious (“el prototipo del artista adolescente”), el Muñeco Madurga (histórico 9 de Boca, del que Juanse se considera un “gran seguidor”), su tío Alejandro Angelilli (quien lo alentó a escribir poesía cuando tenía 10 años), Nicolino Locche y uno de sus nuevos berretines: el saxofón, que se animó a tocar en el último disco. “Me enseñó Bobby Keys”, comenta al pasar, nombrando al invitado en discos de George Harrison, John Lennon, The Who, Jim Carroll, Yoko Ono y los Stones, claro.

El pensamiento de don Juan Sebastián Gutiérrez ha ido decantando en una metafísica que habla de la caída de Jesús, y de ahí a las similitudes entre el verbo creer y el verbo crear, que aparece de casualidad en la charla. “Ahí estamos empezando a entrar en la frecuencia: yo no ‘creo’ nada. Creo porque tengo fe. Procreo. Pero nunca ‘creo’ nada. La canción no la escribo yo. La canción la ejecuto. Es imposible pensar que yo puedo ‘crear’ semejante genialidad. La sociedad quiere creer que yo quiero vender mi creación. Y no es así. Lo que yo quiero es que se enteren de que nadie crea nada.”

PADRE DE FAMILIA

Juanse cuenta que su padre, el compositor Hipólito Felipe Gutiérrez (que estrenó varias obras en el Teatro Colón) murió hace apenas dos años: “¿Si me llevaba bien con él? Seee. Era compositor, pero de música contemporánea. Música polifónica. Acá es simple: o vos hacés música popular o hacés música en serio. Para hacer música de verdad hay que estudiar armonía, composición y contrapunto. Y después avanzar todo lo que puedas en relación a la técnica. Muy buenas obras y, al igual que Ignacio Beola, alguien muy desconocido. Ahora acabo de fundar un sello discográfico que se llama Paranoide Records, por donde va a salir todo lo que a mí me guste editar. Seguramente va a haber una edición de la música de mi viejo. Yo tengo el recuerdo de que, cuando tenía más o menos 9 años, estaba corriendo y jugando en el hall del Teatro San Martín, y mi viejo me paró un poco y me presentó a un señor: era Aaron Copland, que había viajado para un estreno y se había hecho amigo de mi viejo”.

Como él mismo se encarga de señalar, Juanse no tiene casi 50 años: “Tengo 49. ¿Por qué casi 50? ¿Por qué no casi 48?”. Quizás esa conciencia de que éste es el instante que le toca vivir es la que hace que Juanse se mantenga en tan buena forma: “Hago ejercicio, ensayo. Ensayar es una gran protección. Yo aprendí una cosa con mi relación con Andrew Oldham: aprendés a interactuar con la persona con la que estás en cada momento”. Ahora Juanse está manipulando una bolsa de donde saca un paquete, a su vez guardado en una bolsa de celofán. ¿Qué tiene ahí?: “Son los lentes que me regaló Ron Wood”, comparte cómplice. Este hombre estudió y abandonó Antropología, Filosofía, Ciencias Económicas y Ciencias Políticas y se confiesa muy ecléctico para leer. “Me gusta todo lo que es descripción y las costumbres, pero en general voy a lo que es abstracto o concreto. Me gusta mucho estar en contacto con textos de Hegel.” ¿Hegel? “Sí, Hegel. No va a ser Horanhegel. No hay muchos Hegel. Lo que uno lee, de alguna manera, puede llegar a regir vagamente lo que uno hace: Bataille, Castañeda, Artaud, Valéry. Esa gente puede llegar a tener importancia para mí, pero a la vez no, porque lo mío es mucho más simple. Por eso es que yo tomo un texto de Ignacio Beola como parámetro, porque lo mío ya va por ese lado”, aclara el cantante, que descubrió al poeta revisando la enorme biblioteca de la casa de su madre, la marchand Eva Clara Ponce de León, cercana a Rafael Squirru y Romero Brest.

Estética, paranoia, silencio, memoria, discreción, disciplina... Antes que alguien que se pueda preocupar por Capusotto, Juanse parece más bien un centauro con la guitarra eléctrica colgada, un Cupido rockerizado, o –por qué no– un alquimista moderno: “Hay una occidentalización tremenda del concepto de la alquimia, y entonces nos creemos que los alquimistas son solamente seres medievales. Pero, así como surgió la tecnología, el hombre logró transformar las palabras en algo mucho más valioso que el oro: en el sentimiento, en la vivencia del sentir. Eso es alquimia también. Transformar una palabra en una sonrisa creo que te lleva más lejos que transformar el plomo en oro; porque vos estás logrando que una persona sonría con una simple palabra”. Así como ahora separa (¿momentáneamente?) a los Ratones Paranoicos (que más que su ex banda son familiares de los que está un poco distanciado), Juanse dejó de ir a la cancha cuando lo echaron a Basile de Boca, lo que de algún modo marca la idiosincrasia de alguien que perteneció durante ocho años a La Doce. Y que resume de esta manera, a modo de despedida: “Yo creo que estar metido dentro de una mecánica de autopresión no sirve, porque yo tengo que tener responsabilidad interior. No siento responsabilidad exterior; de hecho soy nulo para esos trámites. Pero yo desarrollé mi personalidad interior. Y acá también está contemplada mi falta de autorrespeto: yo me falto el respeto a mí mismo. ¿Por qué? Porque tarde o temprano terminás en un cajón. Y no vale la pena que te metan en el cajón con tu control remoto”.

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Imagen: Nora Lezano
 
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