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Domingo, 26 de mayo de 2013

TELEVISIóN 1 > LA MINISERIE GIGANTES DE LA INDUSTRIA, DE THE HISTORY CHANNEL

Es la economía, estúpido

 Por Mariano Kairuz

“Por primera vez en la corta historia de los Estados Unidos, el hombre más capacitado para conducir el país no es un político, sino un self made man que, por puro impulso de su voluntad, transformó sus orígenes, una infancia pobre en los muelles de Nueva York, en un imperio.” Con esta introducción, referida a Cornelius Vanderbilt –el pionero y visionario a quien se adjudica la iniciativa fundamental para el gran trazado ferroviario que unió al territorio norteamericano de costa a costa–, define rápidamente su punto de vista, con convicción y contundencia, la miniserie histórica Gigantes de la industria, una de esas superproducciones que son cada vez más comunes en la programación de The History Channel, y que arranca esta noche por la versión latinoamericana del canal.

La idea central de la serie –ocho capítulos de una hora, que se emitirán de a dos por domingo– consiste en establecer cuál fue la secuencia de epifanías individuales sobre las que se forjó la revolución industrial de los Estados Unidos, los grandes emprendimientos sobre los que el país se erigió en la mayor potencia mundial del siglo XX. Deja claro que no se trató de una serie de nociones de integración social, ni siquiera de su pionera y modélica democracia, parece decir Gigantes de la industria, sino su enorme capacidad para maximizar recursos y beneficios, para vislumbrar una empresa gigante e imprescindible donde nadie más la había visto antes. ¡Es la economía, estúpidos!

Sus objetos centrales van del ferrocarril y el acero al petróleo, el nacimiento del capital financiero y el automóvil, y los entrevera e impone con tal contundencia que da la sensación de que con la combinación de esos factores pudiera explicarse la historia completa del ascenso del imperio americano. Los protagonistas son Andrew Carnegie (el metalúrgico cuyas compañías crecieron desmesuradamente hasta convertirse en la U.S. Steel), el mencionado Vanderbilt, John D. Rockefeller (más conocido por su fortuna que por cómo la hizo: el petróleo); J. P. Morgan (uno de los inventores del sistema bancario moderno) y el monstruo automotriz Henry Ford. Una suerte de, según propone el programa, Dream Team de la industria estadounidense. O como indica el título original, The Men Who Built America: “Los hombres que construyeron Norteamérica”. Porque “los Estados Unidos no se descubrieron, se hicieron a sí mismos”.

Más allá de algunas objeciones relativamente menores, la crítica norteamericana recibió positivamente la serie. Neil Genzlinger escribió en The New York Times que “el programa les da a sus personajes una relevancia actual, tal vez no intencional, al vincularlos con los ejecutivos de negocios súper ricos de hoy, que parecen mucho más interesados en las maquinaciones y los beneficios que en la gente”. Hay, dice Genzlinger, “cierta intemporalidad en la idea de que aquellas cosas que daban y le dan aún hoy forma a nuestra vida cotidiana –los trabajos, los bienes, las utilidades, incluso la contaminación– son creadas y controladas por gente que no se presenta a elecciones”.

Sin embargo, la serie no pasa por alto los inevitables vínculos entre los pujantes emprendimientos industrializadores y la gestión gubernamental. En el séptimo episodio, titulado “Estrategia electoral” (“Tomando la Casa Blanca”, en el más explícito original), los empresarios se unen entre sí con un plan conspirativo: al hacer una donación multimillonaria (el equivalente a treinta millones de dólares actuales) al gobernador de Ohio, William McKinley, se garantizan que éste, a modo de retribución de gentilezas, revocará una tras otra las regulaciones que traban ciertos emprendimientos comerciales. De este modo, se pavimenta el camino para situaciones sin precedentes: por poner dos ejemplos nada menores, Morgan y Carnegie consiguen crear la primera empresa de más de mil millones de dólares, la U.S. Steel, mientras que Rockefeller pasa a controlar el 90 por ciento del negocio del refinamiento petrolero del país. Junto con el capital industrial, toman forma la concentración y el monopolio.

El éxito de la miniserie parece estar cifrado en una escena que funciona a modo de prólogo, antes incluso que la citada presentación de Vanderbilt: fechada el 14 de abril de 1865, esta secuencia introductoria muestra a una multitud alborotada que asiste al traslado del cuerpo todavía caliente y sangrante de Abraham Lincoln. Un texto en off indica que, “apenas cinco días después del final de la guerra civil, el presidente Lincoln es el último de los 600 mil muertos del sangriento conflicto”. Una aseveración de innegable fuerza dramática pero –como puede confirmarse con solo entrar a Wikipedia– de escasa exactitud fáctica. Tras el atentado contra El Gran Abolicionista, hubo dos batallas finales más, de cierta importancia, que se consideran parte de la guerra civil (las de Columbus y Palmito Beach).

Como éste, hay muchos datos de la serie que fueron cuestionados por historiadores y otros expertos cuando se estrenó, el año pasado, en EE.UU.; abundan en Internet los foros con comentarios y correcciones al respecto. Sin embargo, este tipo de imprecisiones –y hasta falsedades– parecen resultar menos de la impericia de los investigadores y guionistas del programa, que de una deliberada toma de posición narrativa: sin olvidar su misión pedagógica, privilegiar siempre el espectáculo. Como el profesor “copado” del colegio, no está dispuesto a sacrificar una buena historia para preservar los detalles menores de otra aburrida lección de historia. Su secuencia de créditos, desvergonzadamente rockera, presenta a sus protagonistas como si fueran los celebrities del Top Ten de la Fortune del siglo XIX, y reproduce con contundentes imágenes digitales escenas de la industrialización de Norteamérica, parecen pensadas para una pantalla de cine, y hasta serían en 3D si pudieran. Como quería otro Ford –no Henry, sino John, el cineasta, tan obsesionado en su obra con los pioneros y los fundadores de los EE.UU.–, ¡Impriman la leyenda!

Gigantes de la industria va desde esta noche, todos los domingos a las 21, por History.

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