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Domingo, 21 de julio de 2013

FALSOS PROFETAS, BANDA SONORA DE LA BOHEMIA

LA MELANCOLIA Y LA EPICA

Hace diecisiete años que tocan, casi dos décadas en las que se convirtieron en una de las bandas de rock con más sensibilidad tanguera y rioplatense, con letras que son pequeñas aguafuertes y shows en bares, sus escenarios naturales. Esta semana, Falsos Profetas termina el ciclo de conciertos presentación de Nuevas formas de bailar, su último disco, y se confirma como un clásico de Buenos Aires.

 Por Juan Andrade

Cuando llegó el momento de presentar Nuevas formas de bailar, los Falsos Profetas decidieron que era hora de cambiar. Habían pasado por la misma situación otras veces y, a esta altura de su carrera, la opción más obvia era buscar un lugar para seiscientas u ochocientas personas. “¿Qué hacemos?”, se preguntaron. Y fue ahí que sintieron el aguijoneo seductor de un plan alternativo: “Podemos dar un paso más adelante y estirar esa única noche en varias fechas consecutivas”, se convencieron. “La idea era disfrutar más, porque lo que nos pasó siempre después de presentar un disco en La Trastienda, en Niceto o en ND Ateneo era que, al día siguiente, nos agarraba un vacío inmenso. Porque después teníamos que parar de tocar por varios meses. Y eso adormece a la banda”, cuenta Martín Elizalde.

Originalmente, la apuesta fue sostener un ciclo durante abril en el Ultra Bar. Nunca imaginaron que el show de los jueves se iba a multiplicar de manera exponencial. “Pensamos que iba a ser sólo un mes”, admite el cantante y tecladista. “Funcionó, vino mucha gente. Lo repetimos al mes siguiente. Y al otro. Se fue dando paulatinamente”, completa. El próximo jueves van a alcanzar la suma de dieciséis fechas consecutivas en el mismo lugar: un verdadero hito en la historia de la banda, que en la próxima primavera cumple diecisiete años de trayectoria. ¿Qué mejor manera de festejarlo que con una nueva tanda de conciertos, durante septiembre, en el Ultra? “Hacer un ciclo te permite estirar esa única noche en muchos festejos”, agrega. “Falsos Profetas es una banda de bar: en nuestros recitales se generan climas que se potencian, verdaderamente se lucen en esos espacios. Y hemos encontrado en el Ultra nuestro lugar.”

A lo largo de su trayectoria, sumaron horas de vuelo arriba del escenario de reductos que ya no existen, como el bar Tuñón o La Vaca Profana. Y también les dedicaron canciones a sitios como El Imaginario o Guebara: “Imaginario” (incluido en Hostal La Perla, de 2003) y “Los primeros días” (12 canciones de amor para cuando seamos jóvenes, de 2010), respectivamente. “Los escenarios que pintan muchas de nuestras letras transcurren en bares”, apunta Elizalde. “En los recitales de los Falsos Profetas hay algo de café concert”, agrega, entre risas. “A mí como público me gusta más ir a ver recitales en bares que en espacios grandes: no me llego a conectar, hay mucha gente, pierdo el hilo, me desconcentro. Y como músico me pasa lo mismo: me relajo mucho más en un bar. Y eso me permite estar más despierto, con el instinto a flor de piel, a partir de la intimidad que se da con el público. Si vas a un lugar grande, te empezás a preocupar por otras cuestiones, por las luces o por el decorado. Está buenísimo, también, pero es otra cosa.”

Con la melancolía y la épica que la tensan de principio a fin, “Nuevas formas de bailar” abre el álbum homónimo con más dudas que certezas. “¿Qué pasa con el tiempo que nos vuelve lentos? /¿Qué pasa con tu abrazo ahora que estamos viejos?”, canta Elizalde, con una energía que gambetea la resignación. La imagen que ilustra la tapa del CD refuerza esa sensación ambigua y elocuente: una bola espejada hecha pedazos contra el suelo. “La canción habla de sexo. Un psicólogo tal vez sepa explicarlo mejor, pero es la vida: el eros y el tánatos”, amplía el tecladista. “Pero el título del disco habla también de la historia de la banda. Con diecisiete años, muchas veces nos sentimos acorralados y nos cuestionamos cosas, sobre la propuesta artística o sobre aspectos humanos, como en cualquier relación. Por suerte, cuando se nos presentaron esas encrucijadas, encontramos alternativas: Nuevas formas de bailar, para luchar contra la rutina. Uno de los peores pecados que puede cometer un hombre es aburrirse.”

A contramano de la famosa advertencia de Osvaldo Pugliese, que repetía aquello de que “el tango te espera después de Los treinta”, en el caso de Elizalde fueron Los Beatles los que lo deslumbraron a esa edad. “Había escuchado influencias de influencias. Pero hoy en día soy consciente de que el rock sin Los Beatles no es rock”, concluye. En cambio, a los dieciséis, cuando ya había decidido que quería tocar el teclado siguiendo el modelo de Andrés Calamaro, se copó con los discos de Roberto Goyeneche, Julio Sosa y Adriana Varela que atesoraban sus padres. Y, finalmente, algo hizo clic en su cabeza el día que leyó una entrevista a Palo Pandolfo, en los tiempos de Los Visitantes. “Cuando acababa de sacar Espiritango, explicaba que lo suyo era una especie de ‘militancia cultural’. ‘Está bien dejarse influenciar por lo que pasa afuera, pero también reivindiquemos lo que pasa acá’, decía. A partir de ahí, Palo creó una escuela.”

En la hora cero del grupo, recuerda el cantante, los que aportaron el toque de rock a la usanza británica fueron el guitarrista Agustín Goldenhorn y el bajista Nicolás Barderi. Más tarde se sumaron el baterista Mariano Ré y, recientemente, el bandoneonista Alejandro Montaldo, que pasó de invitado a miembro estable del elenco profeta. “Somos una banda de rock, pero las letras pintan paisajes y describen emociones que también se inscriben dentro de la tradición tanguera. Las maneras de sentir la ciudad no cambiaron: Buenos Aires late, vive, te hunde. Pero no creo que hagamos tango”, define. “Son canciones que cuentan historias cotidianas, que no bajan línea. Uno de los principales pecados del rock es quejarse de la autoridad y, una vez que tiene una guitarra y un micrófono a mano, decirle al otro lo que tiene que hacer o dejar de hacer.”

La ausencia de artificialidad en las letras, la falta de maquillaje, el tono directo son algunos de los rasgos estéticos con los que Elizalde se identifica como compositor. “Es lo que siempre me gustó escuchar en tipos como Tom Waits o Bob Dylan: son autores muy autorreferenciales, pero también muy sinceros. Toman a la canción como pequeñas historias, pequeños ensayos. Dylan es un maestro de los diálogos: usa mucho el ‘she said’, el ‘I said’. La importancia de la palabra, que es lo peor que hacemos hoy en día: entablar un diálogo, interactuar con el otro. Hay una frase de Lichis, de La Cabra Mecánica, una banda española, que me vuela la cabeza: ‘Es la falta de amor la que llena los bares’. Y es tal cual: salís y lo ves. Ese contraste entre las luces de la fiesta y el vacío que se produce por dentro cuando se va cayendo el decorado, es una de las cosas que más me interesa describir con los Falsos Profetas.”

Los Falsos Profetas cierran el ciclo de presentación de Nuevas formas de bailar, el jueves a las 21 en el Ultra Bar, San Martín 678.

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Imagen: Nora Lezano
 
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