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Domingo, 4 de octubre de 2015

LA CHICA BAJO EL AGUA

Parecerá una obviedad, como si se tratara de la única chica muerta que haya dado pie a un relato policial de La dalia negra para acá, pero lo cierto es que la sugestiva imagen del cuerpo sin vida de Emilia Attias, ahogado en una laguna correntina, remite inexorablemente al quién-mató-a-Laura-Palmer con el que David Lynch mantuvo en vilo durante dos años a sus seguidores hace dos décadas; a Twin Peaks. La postal de la belleza fría e inerte sacude los sentidos, dispara todo tipo de especulaciones. ¿Qué hacía una chica linda como ella en ese lugar tan poco amable? Sabemos casi desde el primer momento –antes que los protagonistas incluso– que no se trata de un crimen sexual, pero la pasión, la atracción física y la calentura van a jugar un papel muy importante en la trama y en las relaciones entre los personajes principales.

Cromo, la serie de Lucía Puenzo –codirigida por su hermano Nicolás y por Pablo Fendrik, el realizador de El asaltante, La sangre brota y El ardor– no arranca con la chica muerta, sino que antes de zambullirnos en la imagen pregnante del cadáver nos la presenta embarcada en la investigación que lleva adelante sola, tomando muestras de aguas contaminadas, ofreciendo algunas puntas de lo que la producción ha definido como un “ecothriller científico”.

Ganadora, al igual que Bs. As. bajo el cielo de Orión, del concurso Prime Time de TDA, Cromo se estrena pasado mañana en TVP; pero antes, a mediados de septiembre pasado, integró una flamante y moderna sección del festival de Toronto llamada justamente Prime Time, destinada a producciones televisivas “realizadas con estándares cinematográficos”. Cromo fue la única representante latinoamericana de la sección, con la proyección de tres episodios clave de los doce de una hora que componen la serie en total. Entre ellos los dos primeros, que presentan a la chica, y también a su marido y (no tardaremos en identificarlo como tal) al amante de ésta. Al primero lo interpreta Guillermo Pfening, al otro Germán Palacios, y al momento de la muerte del personaje de Attias, ellos se encuentran colaborando en una investigación del retroceso de los glaciares en la Antártida. Uno de los “valores cinematográficos” de la serie encuentra su expresión más potente en la dirección de fotografía a cargo de Julián Perini y del propio Nicolás Puenzo, quienes obtienen imágenes hipnóticas tanto del gélido blanco antártico como de los esteros litoraleños (Lucía Puenzo ya había trabajado cuadros visuales no menos sugestivos en su última película, Wakolda). Como corresponde al género (y a diferencia de lo que ocurría en Twin Peaks, La dalia negra, o True Detective) la muerte es al principio caratulada como “accidental”: se cree que la chica murió ahogada. Su jefa, la dueña del laboratorio para el que trabajaba (Moro Anghileri) parece aceptar la versión; todos en rigor lo hacen, excepto el ex amante, un forense que maneja sus sospechas con discreción, y otro hombre del lugar (Alberto Ajaka), que conoce muy bien los peligros de la zona, entre ellos, el constante merodeo de cazadores furtivos de yacaré. Quien se resiste en un principio a aceptar la hipótesis del asesinato es el marido, que recibe la noticia de la muerte en un momento de estupor, cuando acaba de descubrir la infidelidad de la mujer. La aparición de Daniel Veronese en el papel de empresario industrial que enarbola un discurso muy profesional acerca de cómo pueden llevarse adelante varias compañías redituables sin dejar de respetar el medio ambiente, sugiere enseguida una línea argumental –que habrá de desarrollarse más adelante– centrada en el comportamiento criminal de algunas grandes corporaciones que usan el ecosistema como un insumo más.

La serie, que fue rodada en la Base Marambio y en los glaciares patagónicos y en los esteros del Iberá (y, tal como se acredita, fue escrita con el asesoramiento de un grupo de investigadores del Conicet), sedujo a la prensa internacional presente en Toronto: una entusiasta nota publicada por The Hollywood Reporter describe a Cromo como un thriller que a primera vista no parece otra cosa que “un misterio sórdido que involucra cazadores furtivos y a una joven idealista que intenta arreglar las cosas en su pequeño lugar en el mundo”, pero en el que pronto se hace evidente que “hay muchas más manos involucradas en el encubrimiento del crimen, con conexiones que llegan hasta la vida doméstica de la protagonista”. Pero lo que la vende –es, en definitiva, una revista de la industria– es el chistoso pero apropiado título de la nota: “Cromo le devuelve el atractivo sexual a los estudios ambientalistas”. La atmosférica secuencia de créditos del programa le da la razón, con imágenes subacuáticas de los protagonistas, cuadros alucinados, de una textura onírica y hasta fantasmagórica, en los que todos parecen un poco vivos y un poco muertos, y los ojos bien abiertos y tan claros de Emilia Attias nos vuelven a interpelar, como los de la Laura Palmer de Lynch, desde el más allá.

Cromo se estrena este martes 6 de octubre a las 22.30, por la TV Pública

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