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Domingo, 15 de mayo de 2011

Trillo

 Por Guillermo Saccomanno

Podría escribir una serie de anécdotas íntimas que unen nuestros nombres. Porque nuestros nombres fueron durante unos cuantos años una especie de marca en el mundo de la historieta. Las aventuras editoriales que encaramos en tiempos adversos fueron tan osadas como inconscientes: nos reíamos de la dictadura. De miedo nos reíamos. Después de cada susto volvíamos a probar. A ver hasta dónde se tensaba la cuerda. Que el apellido de Carlos precediera el mío no era casual. Era mi hermano mayor. Y su incidencia en mi formación intelectual ha sido, es, seguirá siendo una manera de comprender la vida y su relato que proviene de Oesterheld. Juntos le hicimos a Oesterheld el último reportaje antes de que lo desapareciera la dictadura militar. Imposible que no recuerde el miedo. En nuestros artículos seguíamos mencionando a Oesterheld. Estoy convencido de que nadie, como Carlos, retomó su camino. Y aplicó sus enseñanzas. Cultivó la solidaridad con los lectores a través de ficciones tan numerosas como diversas. Ningún tema le era ajeno. Pero su talento no consistía sólo en la escritura sino también en una forma de comprender la producción intelectual. En este sentido me parece importante destacar la forma en que luchó para que fueran los autores los dueños de sus derechos y no los editores o los intermediarios que siempre, como agentes, se quedan con una tajada. La muerte de Carlos, más allá de lo personal, representa la pérdida de una de las figuras creadoras de mayor peso en lo popular y, en consecuencia, de menor visibilidad en los ámbitos de la “intelligentzia”. Al menos tres generaciones de dibujantes han ilustrado sus guiones. Al menos tres generaciones de lectores se han formado leyéndolo. No es moco de pavo en un país arrasado. Trillo, al metaforizar la realidad, al plantear alegorías, era un escritor riguroso. Es decir, exigente. Puede comprobarse en la seriedad con que se tomaba diariamente su oficio y la capacidad transformadora que le concedió a la narración de aventuras.

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Gustavo Sala homenajea el extraordinario final de El Reino Azul, una de las mejores historietas breves de Trillo, originalmente dibujada por Enrique Breccia.
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