SANTA FE › LA DECLARACION DE UN BAQUEANO QUE CUIDABA EL CAMPO SAN PEDRO FUE CRUCIAL

El guía para detectar la fosa común

La identidad del testigo se mantiene en reserva. Sus dichos fueron la llave para que la Casa de Derechos Humanos presentara la denuncia ante el juez Miño. El elemento clave fue la cal que se habría usado para ocultar los cuerpos.

 Por Juan Carlos Tizziani

Desde Santa Fe

Rosario/12 tuvo acceso a un testimonio clave que orientó la búsqueda del Equipo Argentino de Antropología Forense que la semana pasada halló una fosa común con restos humanos en el campo San Pedro, en una investigación judicial de enterramientos clandestinos de la dictadura. Es el relato de un baqueano, que cuidaba el predio militar hace más de 30 años. Y fue incorporado por la Casa de Derechos Humanos a la causa que se inició en marzo de 2007 ante el juez federal Nº 2, Francisco Miño. La identidad del testigo se mantiene en reserva, pero existe una versión grabada.

El elemento clave de la pesquisa fue la cal que habrían utilizado los ejecutores para hacer desaparecer los cuerpos. Precisamente, los restos encontrados la semana pasada por los antropólogos estaban bajo un manto blanco. "Es una fosa común, en cuyo interior se hallaron restos humanos de varias personas cubiertos con cal y evidencia balística asociada a los mismos", dijo el Equipo de Antropología Forense al anunciar el hallazgo.

El hecho que relató el encargado del campo ocurrió en 1977. "Un día, a media mañana llegó un grupo del Ejército. Por experiencia, logro distinguir entre ellos a algunos que pertenecían a Inteligencia. Yo sabía que cuando venían los de Inteligencia, me tenía que retirar. Días atrás habían descargado gran cantidad de bolsas de cal, cosa que me había llamado la atención. Las habían apilado en una de las habitaciones de lo que era el casco antiguo del campo", agregó.

"A mí me traen a Santa Fe, al Distrito Militar. Y en estas situaciones, yo sabía también que no iba a poder volver al campo, por lo menos en tres o cuatro días, así que aprovecho para volver a mis pagos y ver a mi familia", siguió.

"Cuando vuelvo al campo, veo que ya no estaban las bolsas de cal apiladas en la pieza. Uno como baqueano que siempre fue, conocía cada rincón, cada huella, cada hondonada del campo porque diariamente lo recorría a pie o a caballo para arreglar un alambrado, buscar un animal o hacer cualquiera de las tantas tareas que uno desarrolla normalmente para mantener un campo", afirmó.

"Era común encontrar pozos y excavaciones. Era un campo de maniobras del Ejército, así que era normal que cavaran trincheras o casamatas, pero nunca se tomaban el trabajo de taparlas, quedaban así nomás, al descubierto. Pero esta vez, lo que me llama la atención es que los habían vuelto a tapar con tierra. Si bien no había rastros de la cal en los alrededores de la fosa, yo había escuchado que era una práctica común en estos casos el uso de la cal. Y desde que yo llegué al campo, en el vecindario se hablaba de que ocurrían estas cosas en el campo de San Pedro", relató el testigo.

La Casa de Derechos Humanos recordó que ya "en 1985, era común escuchar relatos de los vecinos de Laguna Paiva sobre hechos relacionados al terrorismo de estado que involucraban al campo de San Pedro. Lugareños, pescadores o vecinos de la zona hablaban de haber visto zapatos apilados o excavaciones que suponían eran fosas. Y en ese mismo año se entregan diversos elementos de prueba a la Conadep". Pero después, las leyes de impunidad frustraron la posibilidad "de una investigación sobre lo que ya no tenemos dudas, que era un campo de exterminio del Ejército Argentino".

Sin embargo, la Casa de Derechos Humanos que integran Madres de Plaza de Mayo, Familiares de Desaparecidos y el Movimiento Ecuménico recopiló más indicios y testimonios anónimos. "Sobre fines del 2006, ya era posible sustentar con seriedad una denuncia", que fue presentada ante el juez Miño, el 19 de marzo de 2007.

Uno de los problemas era la extensión del campo de más de 100 hectáreas. "Las nuevas herramientas tecnológicas abonaban la búsqueda, pero el elemento que nos animaba a persistir en la investigación era la cal utilizada", agregó.

"El primer señalamiento de un posible lugar atrajo la presencia de una camioneta del Ejército con personal de civil, que se aproximó a esta primera demarcación. Este hecho que consta en los expedientes de la causa, nos hizo confirmar la sospecha que algo importante había y que molestaba", recordó la Casa de Derechos Humanos.

"Al principio, el Equipo Argentino de Antropología Forense hizo algunas muestras de terreno, pero sin ningún resultado concreto. Era necesario un presupuesto que la justicia federal finalmente aportó y desde febrero de 2010 el trabajo fue sistemático, sobre un terreno hostil".

"Luego de más de cuatro meses de trabajo y hacia el sur del primer señalamiento, con más de 2.000 muestreos de terreno, se encontraron restos humanos sueltos. Y finalmente apareció la cal, ese elemento ajeno al lugar que era la pista concreta que se tenía y se buscaba".

Los militantes de la Casa de Derechos Humanos están convencidos que los restos hallados son de víctimas del terrorismo de estado. "Están allí. No sabemos cuántos, pero vamos a rescatarlos del olvido, porque hemos reencontrado una pequeña porción de historia escondida, ocultada por criminales que tendrán rostro concreto, cargo y rango militar determinado, del primero al último, aunque algunos se hayan muerto sin recibir el castigo de esta justicia tan demorada".

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En el campo San Pedro, cercano a Laguna Paiva, el Ejército realizó enterramientos clandestinos.
 
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