CULTURA / ESPECTACULOS › "CON TODA INTENCION", UN LIBRO QUE RECOPILA SUS ARTICULOS

El apasionado impasible C.E. Feiling

No sólo por el valor de su contenido, sino por la calidad de la edición, su libro póstumo de ensayos es uno de los acontecimientos literarios
del año. "Charlie" -como le decían sus amigos- fue un excelente crítico que no permitió que su independencia de juicio se doblegara ante nadie.

 Por Beatriz Vignoli

"La historia oficial... se reduce a Sarmiento en el siglo XIX y a la dialéctica Borges-Arlt en el XX... la historia de esta historia no es difícil de resumir, y lleva el nombre de Ricardo Piglia. Sobre la base de ciertas ideas del grupo de la revista Contorno, luego desarrolladas por David Viñas en Literatura Argentina y realidad política (1964), Piglia la inventó desde las sombras durante el gobierno militar, y la fue difundiendo en artículos y en su influyente novela Respiración artificial (1980). Para ello contó con la ayuda de Beatriz Sarlo, directora de Punto de Vista...".

Por uno de esos desfasajes a la vez tristes y felices de la historia, acaban de salir por la colección Señales de Sudamericana pasajes como éste, tan necesarios pero que nadie vivo se atrevería a suscribir, y los firma un muerto: C. E. Feiling (Rosario, 1961- Buenos Aires, 1997).

Su última compañera, Gabriela Esquivada, junto con Alfredo Grieco y Bavio, compilaron bajo un título provocativo, Con toda intención, algunos de los artículos que él publicó en Página/12, Clarín, El Cronista, Babel, y otros medios.

Licenciado en Letras por la Universidad de Buenos Aires (UBA), donde fue profesor de Latín y Lingüística antes de abandonar la docencia en 1990, C. E. Feiling publicó en vida las novelas El agua electrizada (1992), Un poeta nacional (1993) y El mal menor; esta última fue finalista del Premio Planeta Biblioteca del Sur 1995. No sólo por el valor (en todos los sentidos de la palabra "valor") de su contenido, sino por la calidad de la edición, su libro póstumo de ensayos es uno de los acontecimientos literarios del año. Eludiendo los títulos de las notas (detalle bello pero que a veces confunde un poco, porque tardamos en enterarnos de cuál es el libro reseñado), Esquivada las ordenó según una ágil serie de ejes temáticos, que permiten que lector y autor se deslicen plácidamente de un tema a otro, como si de una conversación se tratara. El emotivo y divertido prólogo de Rodrigo Fresán salió recientemente como parte de un anticipo del libro, el domingo 6 de noviembre de 2005, en el suplemento Radar.

Sin, por supuesto, saber que moriría de leucemia apenas 36 años después, nacía dos meses antes del comienzo de la construcción del Muro de Berlín (el dato lo provee él) el escritor profesional y traductor aficionado Charles Edward Anthony Keith Feiling, C. E. Feiling para los lectores, Charlie para los íntimos, Carlos Eduardo para la policía. Como había enseñado Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Nottingham y abría el atado de Particulares cortos por abajo, como cultivaba un flemático desprecio por el sentimentalismo, como desde 1990 se dedicó exclusivamente a escribir (imitando a su admirado Graham Greene) y les leía poesía británica en lengua original a sus amigos, nadie notó que era falsa el aura inglesa de su apellido, mucho más probablemente alemán o celta. El número 24 de la revista psicoanalítica Conjetural atesora entre sus páginas 31 y 34 su versión, realizada en colaboración con Luis Chitarroni en varias noches turbias de alcohol allá por 1992 y aplicando el método de la asociación libre à deux, de un pasaje del Finnegans Wake de James Joyce. Ello les garantizó a ambos un prestigio como traductores que nadie, en la monolingüe y bohemia Buenos Aires de entonces, se atrevió a cuestionar.

Sin embargo, en un texto breve incluido en su nuevo libro, Feiling traduce la frase común y corriente "to buy a story" (creerse un cuento) como "comprar una historia"; ese error involuntario lo lleva a una bizarra disqusición sobre el dinero. Sin poder ser fiel, zafa con una buena mentira. Como traductor, y también como ensayista, "Charlie" era y sigue siendo un gran conversador, uno que ha elevado la digresión a la categoría de obra de arte. Su vasta obra "menor", de la que sólo una parte se recopila en este libro, se deja leer como quien oyera una cautivante charla. Hoy, sería un blogger de primera línea. C. E. Feiling pertenece todavía a una prehistoria anterior al uso cotidiano del buscador Google, cuando Internet todavía no había democratizado la información y era posible hacerse respetar tirando cuatro datos al aire, como para empezar. Sus reseñas abundan en esa táctica pedante: se abren a menudo con un fuego de artillería de hasta veinte nombres propios ignotos en cada primer párrafo. Después, como buen marino (había estudiado su secundario en el Liceo Naval) avanza despacio a pie con una prosa firme por entre el silencio de las ruinas humeantes; al fin se hace perdonar con alguna frase ingeniosa, como quien le convida un cigarrillo al enemigo... abriendo el paquete, claro, por abajo.

Como escribía, así se presentaba. "En diez minutos me hizo pasar de un admirativo rechazo al afecto incondicional", cuenta Guillermo Saavedra en una de las notas conmemorativas publicadas en noviembre de 1997 en el segundo número de la revista Gandhi (y localizables hoy en literatura.org). Saavedra, editor de la hoy mítica revista Babel, donde colaboraba Feiling, le publicó su controvertidísima reseña de Una sombra ya pronto serás (1990), novela de Osvaldo Soriano; la reseña se incluye, con toda intención, en Con toda intención. Allí, como también en el "Especial C.E. Feiling" de La idea fija (laideafija.com.ar), se halla su vitriólica demolición de Retrato de un albañil adolescente & Telones zurcidos para títeres con himen (1988), de los poetas Arturo Carrera y Emeterio Cerro. No figura en el libro (sí en el sitio) la réplica de un por entonces oscuro novelista, César Aira. La réplica a la réplica también está en La Idea Fija (y no en el libro): luego de disculparse cortésmente ante el lector por naufragar en la primera persona (la del singular, cuál si no), Feiling expresa su fastidio por que Aira lo acuse de ser uno de los escritores bienpensantes que se ajustan al gusto y las expectativas de los lectores... Cabe preguntarse, si disculparse ante el lector por usar la primera persona no es ajustarse a sus expectativas, entonces, ¿qué es un bienpensante? Recién luego de darle ventaja al contrincante con su clásica finta "autodestructiva", brit﷓punk, pasa Feiling al contraataque, donde usa un argumento racional impecable. Explorar la contradicción polo a polo como método para llegar al justo medio aristotélico, tal parece ser la dinámica que guía su incansable inteligencia. A medida que se avanza en el libro, los textos más petardistas van dejando lugar a serenas reflexiones donde "Charlie" (amable defensor de la igualdad entre los géneros, al menos cuando de literatura se trata) demuestra que no transa ni con el machismo, ni con el racismo, ni con los excesos académicos de lo "políticamente correcto", ni con ninguna otra forma de la imbecilidad.

Como buen crítico, Feiling dice menos de sus temas que de sí mismo. Vale decir: a pesar de que consideraba obsceno decir "yo", cuando más parece que está hablando de otra cosa, más muestra de sí mismo en este libro. Con su dandismo tan seductor como recalcitrante, Feiling fue parte de la última generación literaria argentina que ambicionó ascender desde su cuna de nueva clase media hasta una burguesía triunfante, una imaginaria über﷓aristocracia. Pero el camino, marcado en los 60 por la familia Di Tella (por la que Feiling expresa su admiración en uno de los ensayos más actuales de su libro), pasaba a través del compromiso con la cultura en tanto acumulación de capital simbólico.

Atormentados por su argentinidad, luchando solos por devenir intelectuales cosmopolitas y a la vez capaces de comprender las desgarradoras contradicciones del país, antes que codearse con los ricos o mezclarse con los pobres la clase '61 se empecinó más bien en transmutarse, extirpando de sí todo rasgo cursi, ingenuo, melodramático, popular: alguna mañana, cual Buda súbitamente iluminado, despertarían élite. Y ese dandismo nada frívolo, que encalló contra el fracaso del proyecto de una burguesía nacional, se tradujo en una búsqueda borgeana de la palabra justa, la frase precisa, el dato correcto. Y poco más.

A esa generación pertenece por ejemplo Sergio Chejfec (Bs. As., 1956), a quien Feiling -en uno de sus típicos gestos provocadores, a la vez apasionados e impasibles- le reseña una novela subrayando, en vez de ocultar, la amistad entre el crítico y el autor. La amistad, en el mundo social de Feiling, es una trama cerrada y casi exclusivamente masculina de admiraciones incondicionales a contrapelo del juicio de los demás contemporáneos... no en el caso de Chejfec, que sigue siendo un más que interesante novelista; pero es de temer que el caso Feiling quede para siempre clasificado bajo una "X".

Alcanzó a escribir, antes de los 34 años, tres novelas (dejando inconclusa una cuarta): ¿hubiera completado su proyecto de una obra donde rescribiría uno por uno los "géneros": policial, aventura, fantasy...? Tiene un celebrado libro de poesía, Amor a Roma (1995); ¿se lo hubieran elogiado, siquiera leído, si con su devastadora reseña contra Emeterio Cerro y su tolerancia cero para con el surrealismo de la revista y editorial Èl Ultimo Reino él no se hubiera convertido en la punta de lanza más sanguinariamente gurka de las políticas anti-neobarroco y anti-romanticismo de la primera época del Diario de Poesía?

Pero no toda su tinta se derramó en vano. Aunque no sepamos si la posteridad amará su obra "mayor" poética y de ficción, las opiniones que se animó a verter en sus ensayos son tan críticas, tan lúcidas, que resplandecen en el mezquino y mediocre panorama intelectual de hoy como estrellas en el firmamento de los poemas de Rubén Darío que Lugones emulaba y que Borges odió. (Como consta en un notable artículo del libro, pocos fueron capaces como Feiling de reconstruir el eje Darío -Lugones- Borges; su único error fue hacerlo, al parecer, desde el supuesto lugar de la cuarta figura de la serie... aunque el modelo literario de Feiling es Bioy Casares, todo fantasía y "clase".)

"En él todo era tesis", escribe su amigo Guillermo Piro en la entrada del domingo 13 de noviembre de 2005 de su blog Wimbledon. Piro se pregunta dónde estará aquella reseña en que Feiling se refería "a los críticos de arte y la capacidad que sólo tienen los verdaderamente buenos de 'hacer ver' el cuadro que de algún modo consiguen volver a pintar con palabras". La nota (si es que a ésa se refiere Piro) está en el libro: se llama "Olvido y recuerdo de las imágenes" y reseña favorablemente el poemario El ala de la gaviota, de Enrique Molina. Es de las más hermosas del libro, no por ser favorable sino por su riqueza de ideas, y leerla es un doble rescate: de un gran poeta como Enrique Molina, y de un excelente crítico que no permitió que su independencia de juicio se doblegara ante nadie. Y que, como el cadáver del Cid Campeador, sigue peleando.

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