CULTURA / ESPECTáCULOS › "CORRESPONDENCIAS VISUALES", IMNENSA MUESTRA EN EL CEC HASTA EL 27

La Internacional Fotográfica

Las fotos de Marcelo Brodsky (Argentina), Fredi Casco (Paraguay), Luis Weinstein (Chile) y nueve fotógrafos más, todos de primer nivel internacional, son parte
de un proyecto que ya lleva todo un recorrido mundial de exposiciones.

 Por Beatriz Vignoli

Hasta el 27 de marzo, en el Espacio Conexiones del Centro de Expresiones Contemporáneas (Paseo de las Artes y el río), de martes a domingos de 17 a 21, puede visitarse "Correspondencias visuales". Una muestra de fotografía y dibujo, inmensa en todo sentido, con fotos de Marcelo Brodsky (Argentina), Fredi Casco (Paraguay), Luis Weinstein (Chile) y nueve fotógrafos más, todos de primer nivel internacional.

Manel Esclusa (España), Cassio Vasconcellos (Brasil), Martin Parr (Inglaterra), Pablo Ortiz Monasterio (México) y el único dibujante de la muestra, el alemán Horst Hoheisel, completan los montajes en sala, mientras que Andrew Esiebo, Facundo Zuviría, Beto Gutiérrez, Joachim Schmid y Daniel Duhau se hacen presentes a través de proyecciones. Los reúne Marcelo Brodsky, autor de los libros Buena memoria y Nexo, cuya obra es el hilo conductor de todo el proyecto, centrado en lo que podría ser un nuevo género epistolar: las "correspondencias visuales".

El proyecto ya lleva todo un recorrido mundial de exposiciones que continuará este año en lugares como Recife y Filadelfia; la muestra del CEC es la más extensa hasta la fecha. Junto con la inauguración de la muestra, el viernes 4 de marzo, se presentó en el bar de la Nave 1 del CEC la revista de fotografía Sueño de la razón. Propuesta desde Chile, diseñada en Argentina, publicada e impresa en Bolivia y subida a Internet en Ecuador, Sueño de la razón (http://suenodelarazon.org/) es una revista sobre la producción fotográfica de América del Sur. Son parte de su comité editorial dos expositores de la muestra: Luis Weinstein (Productor General del Festival de Fotografía de Valparaíso, Chile) y Fredi Casco (Co Director del Festival de Fotografía El Ojo Salvaje de Asunción, Paraguay), quienes vinieron a ver portfolios.

"El procedimiento del Correspondentismo consiste en una concomitancia de obras (o de artistas a través de sus producciones, previas o realizadas ad hoc) que al concordar en un mismo plano axial crean una nueva obra, la secuencia del diálogo mismo", escribe el editor Guido Indij en el prólogo al hermoso libro publicado por Asunto Impreso (Buenos Aires, 2009) que reúne seis de estas correspondencias visuales. "La idea del juego creativo surgió en Barcelona, en el año 2005, en una conversación entre Brodsky y Manel Esclusa. El fotógrafo catalán había sido su maestro en los años de exilio durante la dictadura militar", evoca Valeria González en el texto que acompaña la muestra. "Estas correspondencias son algo así como el cadáver exquisito de los surrealistas, pero con la posibilidad de ver todas las imágenes", explica Brodsky a la cronista de Rosario/12 y compara la fotografía con la poesía. Hace como que se saca una foto a sí mismo, pone cara de disgusto, reniega del culto al propio ego que cunde en Internet y desliza la charla y la mirada hacia la serie potencialmente infinita de fotos de todo el planeta que cubren la sala; entonces habla de abrirse a lo otro, salir al mundo.

"El fotógrafo es un creador solitario. Carga su instrumento y mira, elige de la realidad un pedazo, lo pone en el rectángulo, dispara. El pensamiento acompaña cada movimiento del dedo sobre el gatillo. El ojo interpreta la realidad", escribe Brodsky, y al recorrer la muestra con él se entiende bien esto del ojo que piensa. Su cámara encuadra y dispara sobre múltiples planos de elementos heterogéneos que configuran sintagmas donde se leen sentidos. Maestros del plano montaje, los sudamericanos Brodsky, Casco y Weinstein pescan analogías entre diferentes grados de realidad o representación, articulados formal y semánticamente gracias a la complejidad de sus miradas collage. En sus calembours visuales, los objetos se cargan de sentido en proximidad con otros objetos. En Brodsky, quien se destaca por su rigor compositivo, los últimos planos a menudo se disimulan tras veladuras que encarnan el misterio de lo a medias entrevisto. Sus fotos son escrituras donde la textura está al borde del texto: en sus instantáneas capta aves como ideogramas, cables como trazos, tramas que dan cuenta de una sospecha de lo humano en lo no humano; en sus fotos con modelos, hay manos que se posan en lo mineral, en las plantas. Su mirada humaniza lo visto. La composición es plástica y musical: delimita formas puras o ángulos rectos al modo de la abstracción geométrica, o juega con los ritmos y las repeticiones. Si en vez de fotografía fuese jazz, el instrumento de Brodsky sería el piano; si fuera un idioma, sería castellano con acento rioplatense.

En cuanto a la retórica del diálogo con los otros, las series funcionan por montaje dialéctico, por metonimia, por analogía, y en los momentos más interesantes se despliegan afectos inefables. En las proyecciones se percibe más la sucesión, el efecto "conversación". Con Manel Esclusa, su maestro, se configura un montaje en forma de rollos, que evocan la Torá de la cultura judía; con el mexicano Ortiz Monasterio las imágenes se enfrentan en un montaje en forma de libro, donde se alude a mitos fundantes. Con Cassio Vasconcellos se registra la cordial pero áspera tensión de una discusión donde pugnan por imponerse estilos, temas y direcciones: el simbolismo, las rectas, la vertical y la arquitectura del argentino versus el formalismo, las curvas, la horizontal y la naturaleza del brasileño. Con Weinstein, el diálogo aborda duros temas políticos, no sin humor verbal. "Se vende ilusiones" (sic), manda un cartel el chileno y el argentino responde en un fotomontaje: VER / S O S. Hay instantes de pura sensación, de pura luz; de epifanía. Con Fredi Casco prevalece una relación lúdica con el barroco. Brodsky envía una toalla en una rama y el paraguayo interpreta sus pliegues poniendo un Cristo en una heladera. Casco envía una ballena de juguete en una pileta y Brodsky le responde con un literal "pájaro en mano". El pathos del avecita muerta, piadosamente sostenida por el hombre, interpreta y hace resonar el de la indefensa ballena azul al pie de un mezquino chorrito de agua: quizás también una advertencia sobre el peligro que corre el planeta.

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Marcelo Brodsky se destaca por su rigor compositivo.
 
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