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Martes, 15 de marzo de 2011

CORREO

La sociedad del "ya"

En los tiempos que corren impera la inmediatez, la velocidad en cualquier función social, el apresuramiento para ganar espacio y llegar así primero que los demás. Esto es evidenciable al caminar, al conducir un vehículo, en una empresa; donde los empleados se asemejan a un conjunto de máquinas y olvidan que son seres humanos. O al cruzar las calles, donde son corrientes las discusiones entre peatones y automovilistas.

Hoy prevalece la sociedad del "ya". Todos quieren tener lo que desean en el menor tiempo posible, por ello se ven constantemente personas que no quieren esperar siquiera 5 minutos para lograr lo que necesitan. Hay un sistema instalado desde hace años que exige celeridad. Habrá que remitirse al aspecto laboral para darse cuenta de este fenómeno que no es exclusivo de la Argentina, sino que existe a nivel mundial.

¿Está bien que la sociedad se haya acostumbrado a vivir raudamente y a cumplir con sus obligaciones lo antes posible? ¿El apresuramiento asegura la eficiencia en cada uno de los actos humanos? ¿O será que esta manera de ser veloces ante cualquier circunstancia impide a la gente reflexionar o analizar detenidamente ciertas situaciones diarias? ¿No habrá sido creado a propósito este sistema para que la gente piense poco y exista un significativo predominio de las clases sociales altas por sobre las de menores recursos económicos?

"Llame ya", lo quiero "ya", hágalo "ya", vaya "ya" ¿cuántas de estas expresiones emparentadas con la inmediatez se escuchan a diario? Es cierto que en una empresa, sea comercial o de producción, es indispensable contar con empleados expeditivos, porque hay que cumplir con objetivos y asimismo mostrar diferencias con otros competidores; pero esas exigencias a veces derivan en estrés laboral. Es conveniente disminuir el ritmo, reducir la carga horaria e incorporar más personal.

Sería importante analizar estas cuestiones y sacar conclusiones propias. Por algo Mafalda, en una de sus excelentes historietas, decía: "Paren al mundo, me quiero bajar".

Marcelo Malvestitti

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