CULTURA / ESPECTáCULOS › MY LIFE ON PLANET B, DE IVáN LóPEZ NúñEZ

Vidas de bajo presupuesto

 Por Leandro Arteaga

My life on Planet B: 7 puntos

(Idem. Suecia/Holanda, 2012)

Dirección: Iván López Núñez.

Guión: Rogier de Blok, Iván López Núñez.

Fotografía: Gregg Telussa.

Música: Fons Merkies.

Montaje: Menno Boerema.

Reparto: Serge Price, Rik Wezenberg, Alix Adams, Ceylan Can, Lindsay Zwaan, Raymond Thiry.

Duración: 80 minutos.

Hay títulos nuevos para la cartelera online de este mes de www.elcairocinepublico.gob.ar, y entre ellos uno que merece algunos párrafos. My life on Planet B es, hasta el momento, el único largometraje del español Iván López Núñez, pero ¡rodado en Holanda! Algo de desarraigo, o al menos de extrañamiento personal, debió haber experimentado el director de esta rareza.

El Planeta B, claro está, es referencia al cine de bajo presupuesto, pero también al lado marginal de una sociedad cuyas funciones parecen normales. Es decir, todo en su sitio y la policía como solución rápida. Al menos, es ésta la amenaza que el encargado del supermercado ofrece al diálogo acalorado entre el vagabundo y la señora.

Pero éste es apenas un episodio, contenido en el drama mayor que sobrelleva Neky, el hijo adolescente de esa misma señora que vive apoltronada en su sofá, inmersa en penumbras televisivas. Neky, por su parte, comparte la mayor parte del tiempo con Eppo, el amigo del colegio con quien graba un video blog dedicado al cine bizarro.

Pilas de películas que la pareja rescata de vhs desusados, hacinados en tiendas comerciales, van a parar a sus comentarios de dupla especialista. Hasta roban y rescatan dos butacas con el fin de hacer más auténtica la experiencia. La memoria del cine, parece entreverse, está en bancarrota. Sólo ellos son capaces de guardar y compartir el secreto de incunables como Escape del Planeta de los Gusanos.

Ahora bien, lo que en esa película (dentro de la película) se cifra es algo mayor. Que tendrá que ver con el despliegue de la vida de Neky. Mientras sus padres naufragan como pareja y su hermana vende chupadas de dedos en el baño del colegio, miradas femeninas lo increpan. A la vez que otros, algo punks y góticos, consumen cerveza, rompen cosas, y bailan hasta horas profundas. ¿Hacia dónde ir? ¿Sigue siendo el Planeta B un lugar donde morar? Si él puede salirse, quien no lo logra es Eppo: atrapado en sus propias ficciones robóticas, a Eppo le tocará pelear la situación más dura, con alusiones que el film juega hacia tragedias como la de la Escuela Secundaria de Columbine.

Lo notable de My life on Planet B es su sobriedad, compuesta como está de planos fijos, colores saturados, personajes de gestos adustos. Una línea fina la separa del grotesco, con momentos de cine mudo, casi slapstick. Rasgos que comunican una puesta en escena precisa, a veces desconcertante. Tanto como lo puede ser el raro momento de vida que debe atravesar su personaje principal.

Neky podría ser un freak, pero no por mirar cine B, sino por caer en esa misma red donde conviven todos los demás personajes del relato, víctimas de modas, controles, gestos calculados, horarios, mandatos. El lado B no es, justamente, el que le ofrecen. Podría haber algo más, distinto. Por eso, el ómnibus del desenlace no tendrá forma de nave espacial, pero es la oportunidad de una decisión más personal, hacia un rumbo de puntos suspensivos.

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Neky y su amigo Eppo
 
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