CULTURA / ESPECTáCULOS › SAN BORONDóN, MUESTRA DE PAULINE FONDEVILA

Naufragar en una isla ficticia

"El 11 de abril de 2014, José Juan Fondevila, mi padre, el primer español que conocí, desaparece repentinamente en su sueño, en Francia, donde estaba viviendo desde hace años, dejando arriba de la mesa de su taller un dibujo sin terminar, representando lo que me parecieron ser los cimientos de una casa en construcción: tres o cuatro piedras en acuarela marrón", escribe Pauline Fondevila. Radicada en Rosario desde 2006, Fondevila toma esta imagen y esta técnica para crear "material arqueológico" de su isla imaginaria personal en San Borondón, su exposición de dibujos en acuarela y esculturas en barro cocido y madera, que se exhibe hasta el 17 de octubre en la galería de arte rosarina Diego Obligado (Oroño 29).

"Muestra hecha de tierra, madera y agua", como la resume su autora, la exposición retoma motivos de su libro Una casa y un tambor (Iván Rosado, 2014) y de su muestra del año pasado en el Centro Cultural Haroldo Conti, incluyendo la misma versión (por el escultor Emiliano González) de un alter ego en madera llamado la muñeca P., quien "en el Haroldo Conti dibujaba en la pared y en esta versión toca el bombo".

Una imagen recurrente en dibujos y cerámicas de la muestra es la isla en forma de pez. Se basa en un grabado de época sobre la isla San Borondón, isla fantasma que en 1479 un tratado entre España y Portugal incluyó en el archipiélago de las Canarias. "La bahía de Samborombón (provincia de Buenos Aires) fue nombrada de tal modo por Magallanes en marzo de 1520, en la creencia de que había sido formada por el desprendimiento de la isla de San Borondón. Yo la conocí en 2011 por un tema de Señor Chinarro, una banda española, que dice: 'Vivo en un lugar muy solitario, a veces veo loros y canarios, me borré del mapa del tesoro, los piratas traen mal fario. (...) San Borondón qué maravilla, no pienso ahogarme ahora en la orilla, San Borondón inexistente, no quiero saber nada de la gente'", cuenta Pauline, quien incluye fragmentos de la canción en sus dibujos y en sus esculturas en cerámica que simulan "hallazgos arqueológicos" isleños.

Tópicos del naufragio (el mensaje en una botella, la bandera pirata) se reiteran en este permanente mashup de la propia producción que Fondevila articula en torno a una ficción: la del náufrago (o náufraga) perdido (o perdida) en una isla llena de fantasmas como la de la serie Lost.

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