CULTURA / ESPECTáCULOS › COMO RETRATA "YO, PRESIDENTE" A NUESTROS ULTIMOS MANDATARIOS

Torpeza, despiste y megalomanía

El documental elige narrar desde el humor, que no siempre está planteado de manera sutil; y aunque el espectador podrá apuntar algunas omisiones,
el trabajo se va armando con imágenes de archivo y algunos buenos testimonios con mirada a cámara.

 Por Emilio A. Bellon

"Yo, presidente".

Argentina, 2006.

Guión y dirección: Mariano Cohn y Gastón Duprat.

Fotografía: Mariano Carranza.

Música: Sergio Pángaro.

Duración: 73 minutos.

Puntos: 7 (siete).

Al tener como antecedentes "Las patas de la mentira" de Miguel Rodríguez Arias, este documental que sólo congregó a seis espectadores en la función del sábado a las 20 en el complejo Monumental, "Yo, presidente" obra de los creadores de "Televisión abierta", propone una antología de diferentes momentos de la gestión de los últimos ocho jefes de estado desde 1983 hasta el primer día de asunción de Néstor Kirchner.

Desde una perspectiva que parte de la entrevista, hoy, a estas ocho figuras, "Yo, Presidente" abre con una pared captada en celeste y blanco, en la cual de comienza a escribir, en registro graffiti y cartel de presentación, el título del film. Al relacionar esta imagen﷓escena inicial con el afiche del film, en el que se distingue una analogía con la figura de los presidentes tallados en el Monte Pushmore en Estados Unidos, el espectador puede ya comenzar a plantearse una cierta valoración crítica. Los colores emblemáticos, los perfiles de algunos de los que nos gobernaron en ese período, otros apuntes.

"Yo, presidente" elige narrar desde el humor, que no siempre está planteado de manera sutil. Y para ello, trata de captar en su presente las respuestas espontáneas (y a veces no tantas) que se registran en la vida cotidiana de algunos de ellos. Pero en tanto documental, en tanto puntos de vista que lo construyen, en tanto montaje que responde a ciertas propuestas, también el espectador puede experimentar ciertas omisiones.

Señalábamos que aquí los encuentros son ajenos a la formalidad del recinto de cada mandatario, aparecen de entrecasa, por lo que a veces, el ridículo campea con lanza en mano. Y en cada caso, el paso de los años, marca en algunos de ellos un estar como perdido, respecto de la conexión entre las respuestas o bien un haberse quedado en sus míticos tiempos de gloria. Entre la torpeza, el despiste y la megalomanía, el documental se va armando con imágenes de archivo y testimonios con mirada a cámara.

Voces de juramento a la hora de la asunción, voces en off sobre promesas electoralistas, recuerdos mistificados y un veloz tránsito por ciertos hechos puntuales, desfilan ante nosotros, desde una mirada (o dos) que manejan oportunamente la ironía, llegándose a momentos patéticos y de un grotesco que sí nos llevan a "asustarnos": en la visita a Anillaco, el ex-presidente rodeado de un aura feudal, protegido aquí y allá por bodyguards, recuerda lo qué el quiere recordar, desde una consideración triunfal, exitista, que lo lleva a levantar el dedo acusador sobre los que piensan distinto que él. Tal vez, la nota fuertemente burlona y siniestra que asoma en estos instantes, está dada por la insistencia en la que se muestra su desorbitado y degradado rostro en base a cirugías, afeites, tinturas... su mirada vacía y moscas rodeándolo, lo que lo lleva a empuñar el recipiente en aerosol tipo Raid "para matar moscas y mosquitos". Esto ocurre aquí, mientras que allá, otro guardaespaldas persigue a las moscas con un dispositivo que las empuja (con su formato paleta ping-pong) a electrificarlas.

En Anillaco, rodeado por guacamayos mientras repite frases hechas y finge dolor, jactándose de sus proezas deportivas y su figura mesiánica, de haber sido, él, el elegido. Sin registrar, claro está, la derrota. Paralelamente, los cortos publicitarios sobre los "beneficios" de las privatizaciones traen a escena otros rostros de la política económica y social.

Hechos militares -levantamientos, indultos- en el plan de esta agenda siniestra nos llevan a que recordemos que aquella convertibilidad tuvo un precio: un país devastado, no sólo en lo económico sino en sus planteos morales. Y ahí esta la Ferrari y las Tragedias de la Embajada de Israel y de la Mutual A.M.I.A. Igualmente su elogio a Bus padre y los hechos de Río Tercero.

Los Pactos de Olivos.

La figura de los animales, sus presencias, marcan como lugares que abren cada uno de los capítulos (diferentes perros en diferentes estados) y simultáneamente el Dr. Duhalde nos ofrece su visión, para él sumamente placentera, sobre como cazar ballenas y mientras la presencia de los guanacos sustituye a la respuesta de Rodríguez Saa, ante el pedido de los directores para ser otro de los entrevistados.

Fernando de la Rúa destaca sus libros sobre las mesitas de luz y da consejos sobre el hábito de fumar; mientras Inés Pertiné pasa de costado, para cerrar luego la puerta. La flexibilización laboral no despierta más que comentarios de buenas intenciones y los hechos de diciembre del 2001, sobre el decretar estado de sitio y el helicóptero sobrevolando la Casa Rosada, no provocan en él, planteo crítico alguno. Lo que sí tal vez sea para escuchar y escuchar es que "el justicialismo no se aguanta estar fuera del gobierno".

Y así se suceden nombres y rostros. "Yo, presidente" enfatiza en esa primera persona, desde la certeza de que ellos todo lo hicieron bien y desde esa fruición y apasionamiento por el poder. Entre los términos "tomar el toro por las astas" y "normalizar el país", los intentos de Camaño por explicar su plan mediante objetos dispuestos sobre el escritorio y un amplio "Que se vayan todos", nuestra historia, en este documental, va tomando giros que son un verdadero llamado de atención sobre qué país queremos construir.

Mientras Inés Pertiné cierra la puerta, Chiche Duhalde funciona como apuntadora de su marido... sin olvidar este, que es lindo pegarle un tiro a los tiburones. Entre atentados, actitudes cómplices y el asesinato de Kosteki y Santillán, "Yo, presidente" nos propone que no dejemos de participar, interrogándonos. Y esto en un país jaqueado por dictaduras y gobiernos demagógicos parece no ser fácil tarea.

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"El justicialismo no se aguanta estar fuera del gobierno", se lo escucha decir a De la Rúa. "Yo, presidente" enfatiza en la primera persona, donde encuentra los guiños hacia el espectador.
 
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