CONTRATAPA

Volver a los diecisiete

 Por Luis Novaresio

Uno: Cada respiración tuya es un escape más de la muerte. Respirá. Tomá todo el aire que puedas. Sostenelo. Sentí que el pecho es más grande que todo lo que existe. Sostenelo. Ahora ese mismo pecho que era el dueño del mundo no resiste. Tenés que soltar el aire. Resistí. No te dejes vencer. Resití. Hasta que por fin, cuando tus ojos lloran de dolor de ser soltás el aire. Liberás el oxígeno que fue la paz de la inspiración y la guerra de retenerlo. Creés que vas a morir. Y no. Porque cada respiración no es más que un escape de la muerte. No te olvides. Cada vez que respires, te burlás de la muerte.

Dos: A los diecisiete todo es sencillo. No me digas. ¿Qué cosa no podés?. No me jodas. Todo se puede. Los que ahora se definen como científicos de las conductas, como si el hacer humano tuviera más ciencia que lo que se puede a cada paso, dicen que es la percepción heroica de los adolescentes. Todo lo pueden. No hay condicionante físico o intelectual a nada. Puedo las alturas, los declives, los fríos, los calientes, puedo nadar después de comer, tomar vino después de la sandía, estar sin dormir y rendir bien, manejar el auto veinticuatro horas seguidas, puedo soportar el calor y la humedad de Corrientes en enero y el frío de El Bolsón nadando en el lago helado. Yo, perdoname, pero de todo eso no me acuerdo nada. A los diecisiete todo era sencillo. Fuimos de viaje de estudio, Barilooooooo... Barilooooooo... y no pasaba nada. Hagamos culopatín, te dije cuando estábamos en el Cerro Otto hartos de la confitería giratoria, no le encuentro la gracia, eso es para los viejos que no se quieren mover y les mueven el paisaje (Veinte años después pagábamos cien dólares cada uno para comer mientras nos movían el paisaje en cualquier parte del mundo). Dale, hagamos culopatín. Y ahí fuimos, a tirarnos desde la confitería calesita y te rompiste la clavícula, siempre fuiste de exagericones a la hora del drama. Y con el yeso, con la cara de terror de esa pobre profesora de Educación para el Arte que creyó que se ganaba el PRODE por haber sido designada como acompañante em el viaje de los chicos de quinto B, y con el dolor y con todo, vamos a Cerebro o mejor a Grisú que tiene pasillos oscuros por si se nos da esta noche. Qué me importa que mi vieja diga que me fije si me dan la bebida abierta o no porque en el vaso le ponen la droga para que te hagas dependiente, Grisú está mejor que Cerebro, viste que dicen que la otra es de Palito Ortega y a mí mucho la Felicidad no me gusta, mi viejo lo odia, dice changuito cañero presumido, me gustaría saber cómo salió del bolonqui con Sinatra cuando el dólar se fue a la merda. El que apuesta al dólar, pierde. Já. A los diecisiete todo es sencillo.

Tres: Lo que me mata me fortalece. Leé bien. Lo que me mata, me fortalece. No al revés. Está loco. El honor de todos ustedes no lo va a constituir el origen de cada uno. Lo va a constituir el fin de cada uno de ustedes. No lo entiendo. Yo, menos. Los monos son demasiado buenos para que el hombre pueda descender de ellos. Es lo mismo que dice mi vieja: cada vez que conozco más a los hombres, más quiero a mi perro. ¿No?. Y yo qué se lo que dice este tipo. ¿Vamos a L`heritage a bailar este sábado?. Dale. Ahora este dice que va a tomar prueba del filósofo. ¿De dónde sacamos para hacer el machete?. Porque en el libro no está. Te digo que el profe está más loco que el filósofo.

Cuatro: Ir a la rural. Todos los años. Un programón, che, qué querés que te diga. No lo entiendo. Es que no se entiende. Ni ahora, ni antes. Pero es otra cosa. ¿Y ahora, qué hacen los pibes?. Temaikén, me imagino. No tengo idea. Pasaba que era el modo de perderte un día de clases lengua y literatura las dos primeras, Moza tan fermosa non vi em la frontera, Dios tenga en la gloria y el diablo no lo suelte al que creó ese programa tan ameno de letras españolas, luego matemática con los polinomios compuestos y descompuestos nosotros, algo de astronomía, mirá que interesante, pero quedate tranquilo que de lo bueno, poco y nada, eso en tercera y cuarta, para pasar a la quinta y sexta de inglés, the pupil is in the classroom, tuvimos que empezar otra vez el programa porque el ministerio cambió todo y en quinto se ven nociones básicas de la lengua extranjera, me importa un bledo que ya lo hayan visto en primero o con clases particulares. Un atractivo total, imaginate esa pobre teacher harta de cuarenta adolescentes que no se interesan ni del pupil ni de la classroom. Lo peor, siempre lo peor, había séptima hora. Séptima?, le gritabas a la preceptora que odiaba que le dijéramos celadora (las celadoras están en las cárceles. Y a que no sabés cómo le gritábamos en los pasillo?). Sí, séptima, martes y viernes con una hora de Filosofía y Lógica.

Yo no sé si viene de Sarmiento, el de las maestras y el de las palomas (¿eran palomas lo que trajo?. ¿O gorriones?) pero la manía de la enseñanza enciclopedista, vos y yo, la padecimos a diestra y siniestra. Más a diestra, es cierto también. Claro que pensando en el sancocho que han inventado ahora, con el polimodal y la EGB que complica, ignora y esencialmente entorpece, lo nuestro era de academia ateniense. Justamente. A estos tipos se les había ocurrido poner Filosofía en el quinto año del ciclo secundario para que los maestros griegos nos enseñaran el sentido de la vida. No exagero. Ellos esperaban que nos conmoviéramos con la pregunta y respuesta mayéutica de Sócrates, partero del conocimiento como su madre ayudaba a dar a luz a las mujeres, que nos hiciéramos poetas con el mundo de las ideas no contaminado pensado por el platónico amor de su discípulo o que aprendiéramos de una vez por todas que ni poco ni demasiado, no Alberto Cortez todo es cuestión de medida, sino Aristóteles con su justo término medio. Eso querrían ellos. Dos problemas: 1) Séptima hora y encima una en viernes. De doce quince del mediodía a doce cincuenta y cinco. Te ubicás?. 2) Filosofía para los diecisiete, Barilooooooo..., baile, tatuajes, qué rindo para el examen de ingreso (a vos ya mí nos tocó el ingreso), todo lo que quiero es más sencillo.

La democracia tenía las urnas bien guardadas. Por eso, marche preso y a pasar la séptima de martes y viernes com Filosofía. Sea. Primera clase. El tipo entra y dice. Nos vamos a la Rural. Ni lista tomó para conocernos. Nos vamos ala Rural. ¿Qué rural?, dijiste vos que siempre fuiste de más coraje. A la de los animales. Obvio, dijo el profe de Filosofía, doce y quince del primer martes de nuestras vidas.

Cinco: Qué ocurriría si, un día o una noche un demonio se deslizara furtivamente en la más solitaria de tus soledades y te dijese: Esta vida, como tú ahora la vives y la has vivido, deberás vivirla aún otra vez e innumerables veces, y no habrá en ella nunca nada nuevo, sino que cada dolor y cada placer, y cada pensamiento y cada suspiro, y cada cosa indeciblemente pequeña y grande de tu vida deberá retornar a ti, y todas en la misma secuencia y sucesión ﷓y así también esta araña y esta luz de luna entre las ramas y así también este instante y yo mismo. ¡La eterna clepsidra de la existencia se invierte siempre de nuevo y tú con ella, granito del polvo!? ¿No te arrojarías al suelo, rechinando los dientes y maldiciendo al demonio que te ha hablado de esta forma? ¿O quizás has vivido una vez un instante infinito, en que tu respuesta habría sido la siguiente: ¿Tu eres un dios y jamás oí nada más divino? Si ese pensamiento se apoderase de ti, te haría experimentar, tal como eres ahora, una transformación y tal vez te trituraría; ¡la pregunta sobre cualquier cosa: ¿Quieres esto otra vez e innumerables veces más? pesaría sobre tu obrar como el peso más grande! O también, ¿cuánto deberías amarte a ti mismo y a la vida para no desear ya otra cosa que esta última, eterna sanción, este sello?

¿Y?. Quiere que hagamos un trabajo con este texto. ¿Está loco?. Fuimos a la Rural a ver vacas, chanchos y codornices, recogimos cuanto folleto daban las promotoras de jugueras manuales y tractores con arado de alzada y ahora ¿quiere que escribamos sobre este texto?. Quiere. Está loco, no embromemos. Entonces el hombre decidió darse por enterado. Porque hoy vos y yo sabemos que los profesores saben si sabemos, saben si copiamos en el examen, saben. A veces juegan a que no se enteran. Y por qué cree que estoy loco, me preguntó. No era alto pero tenía estatura. No era autoritario pero sabía ganarse su poder de mando. ¿Por qué cree que estoy loco?. Apenas titubeando le dije que las vacas de la rural no conocerían a este filósofo, que yo, me parecía a esas vacas porque no lo conocía y no le veía relación con los chanchos. Me detuve. No me dio tregua. Me dio su silencio Y entonces, le dije ya envalentonado, que el demonio proponía algo idiota porque nadie querría ser lo mismo que fue.

El profesor ya estaba sentado en su mesa, acomodaba sus papeles en el portafolios de cuero marrón claro, de los horribles, y me dijo. Buen comienzo para su trabajo, alumno. Me importa poco lo que sepa de vacas, lo que haya visto de chanchos o si las codornices dan huevos más caros. Quiero saber por qué su demonio recibiría un no para repetir su misma vida. Haga el trabajo con ese comienzo. Y de paso, haga de su vida algo que merezca ser repetido. Porque a usted le haya gustado. El trabajo de la Exposición Rural se entrega el viernes, a la séptima. Y casi al irse dijo: Es Friederich Nietzsche, por las dudas.

Seis: Ayer me acordé del profe de filosofía. Murió el año pasado. Y volviste a descubrir que lo extrañabas. Y que guardaste la carpeta de apuntes. Nunca se lo vas a poder decir.

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