CONTRATAPA

EL TESORO Y EL ABISMO

 Por Miriam Cairo

CUANDO LA NOCHE ES LA MEMORIA

Oscureciéndose, el hombre le arrebata su fuego al verbo. La mujer le da su temblor a la luna y la luna se desprende del cielo para ser otra mujer amada en la noche del corazón ninguno.

Del astrolabio y de los indivisibles se ocupan otros. Todo es suave y natural aquí: el ciruelo florece, el jilguero canta, la luna no habla. Pero nos hace una pavorosa señal con la lengua.

ESPUMA CONTRA NIEBLA

A esta altura de la vida y del mundo, él cree que ya no hay distancia entre el pensamiento y la mano. Cuando la prioridad de los otros es el descanso, la resignación o las migrañas, él se rebela manteniendo viva su interioridad refulgente con el ritual llanero de lobo solitario.

Valiéndose de medios sutiles y sencillos como la espuma del jabón sobre la membrana sensitiva, la ceremonia ratifica la naturaleza ligeramente humana de quien se prodiga un instante sin rencores, sin esfuerzos, como quien no quiere la cosa, con la misma naturalidad con la que otros respiran, roncan o mueren.

LAGRIMA DE CICLOPE

Tan carnal como etérea la traductora de poemas de una sola palabra comparte con su lector la idea de que el silencio es la única huella para descubrir el tesoro y el abismo. Harta del verso oficial, de la varilla reglamentaria, de la batuta somnolienta, del par de ojos, en su tarea de cíclope literaria delicadamente evita mirar cuál es el camino consagratorio que indica la flecha.

AUTORRETRATO

El lector empedernido lee siguiendo lo que le dicta el oído. El oído del lector es una cosa misteriosa, pero o cree en él u otra cosa lee.

COSMOS

El hombre con rabo de ángel da cuenta del recorrido que va del caos al orden. Tiene predisposición para abrir los pliegues de la aurora y beber el néctar infinito.

Pero también sabe hacer el movimiento inverso: va del orden al caos cuando la aurora lo ciñe, lo agita y lo consume.

COLMARSE, CUMPLIRSE Y CORONARSE

El no quiere ir donde no estoy pero ¿dónde no estoy cuándo él no está?

FRUTOS DEL ASOMBRO

Acostumbrada a los procedimientos secretos, proclive a ser feliz en los confines, diestra en todas las maniobras de silencio, la amante fiel a sí misma ama mucho, mucho, mucho, pero a su vez, se reserva ciertos frutos del asombro, como si fueran el único alimento que la mantuviera viva.

EL ENVITE DEL VUELO

Sólo queda el estupor para significar los cantos finales ante el prodigio del caballo que vuela con una mujer en el lomo.

Entre la aurora ebria y el dulzor poniente la mujer sobre el caballo que vuela va dando gracias a la agonía que tanto se demora en hacerla morir.

NINGUN RUMOR PERTURBE

Sólo por prudencia, me distraigo como la amapola que sostiene el suspiro. Si acaso prestara atención y me quedara mucho tiempo mirando el sol, éste podría derrumbarse como algo gigantesco y oscuro. Lo mismo ocurre con la gente que veo pasar por la vereda, con el invierno posado sobre una rama seca, con el amante que vive dentro de un florero, con las ideas que todo el mundo piensa. Hay días en que el mundo debe ser mirado muy compasivamente para que no pierda ese leve dulzor que alcanza como motivo.

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