CONTRATAPA

Al abrigo de la intemperie

 Por Ariel Zappa.

Esa mañana desde la ventanilla del colectivo pude leer la frase que estaba estampada sobre placas de yeso que viajaban en una camioneta. Decía sencillamente: "Mantener al abrigo de la intemperie". Mientras caminaba hacia el trabajo la frase no dejó de perseguirme y junto con esa recordé otras. Por ejemplo, las frases impresas en las cajas de algunos televisores ordenan no apilarlos en más de 4 o 5. O como sucede con las cajas de alimentos que piden claramente "no exponer a temperaturas mayores de 28 grados centígrados".

Son recomendaciones, consejos o simples sugerencias que el fabricante de determinado producto realiza para que llegue en condiciones y el artículo no se rompa, se resienta en su uso o se eche a perder. Este tipo de protocolos son muy útiles para garantizar el standard de calidad. Lo conozco bien porque trabajé con diversos tipos de productos que debían ser descargados y cargados en camiones continuamente durante días para llegar a su destino final, y en ese recorrido, todos debían preservar esas recomendaciones.

También pensé que nadie en el mundo nace con ganas de andar a la intemperie, que lo apilen en habitaciones mugrientas con otras personas ni tampoco le gusta exponerse a temperaturas extremas. La intemperie supone estar expuesto a cualquier tipo de riesgo o condiciones desfavorables. Que te apilen sobre otros degrada tu propia dignidad y la del otro como ser humano hasta el límite de casi desconocerte como tal, y exponerte a temperaturas extremas da cuenta de a nadie le importa lo que sientas o dejes de sentir como persona.

No pude dejar de pensar en los pibes que vagan por la ciudad o piden moneditas en los semáforos, a veces matizando el pedido con habilidades circenses, como si no fueran pocos los malabares que realizan todos los días para seguir vivos, los que viven ahogados en bolsitas de nylon o simplemente han delinquido desde pequeños.

Cuando yo cargaba mercadería, sean artículos del hogar, placas de yeso o cajas de alimentos, era suficiente con leer ese mensaje que venía impreso en el embalaje y cumplirlo a rajatabla, so pena de que se rompiera. No había mucha discusión, a veces un descuido y sólo eso.

Además, en esos lugares siempre había una persona encargada de supervisar que esas reglas se cumplieran. Por lógica, a nadie se le ocurriría apilar una caja con un televisor arriba de otra caja con lamparitas porque, se supone, que el peso del televisor es mayor que la otra, y su embalaje, por más precauciones que se tomase, no resistiría. Aún así, nunca faltaba alguien que se olvidaba, se equivocaba o simplemente no prestaba atención porque, para él, era lo mismo someter a una caja que contenía lamparitas con otra de un televisor.

Digo: ¿será tan difícil para los adultos, distintos estamentos del Estado, jueces, legisladores y público en general hacer cumplir las mismas normas que vienen impresas en los embalajes que guarecen a distintos productos para aplicarlas a todas las infancias de nuestro país? ¿Nos habremos dado cuenta de la diferencia de contenido? ¿Que un televisor se arregla, una placa de yeso se cambia y un alimento puede ser reemplazado por otro si se encuentra en mal estado pero que un pibe que no se alimenta, ni se guarece en un ambiente digno a determinada edad, el después indefectiblemente siempre llega tarde?

¿Se entiende que, además de la conquista que significó la Asignación universal por hijo y los múltiples programas de inclusión y reinserción escolar que se realizan no es suficiente? ¿Qué sentimos cuando nos cambiamos de vereda porque de frente viene un grupo de pibes de diez años o menos que por el hecho de vestir desalineado (ya hay negocios que no te dejan entrar con gorrita) se convierten en sospechosos y no porque alguien nos lo haya dicho, sino porque ya fuimos víctimas de algún arrebato?

En este momento, en nuestro país han arreciado las voces a favor y en contra de la baja en la edad de imputabilidad. Aunque parezca ingenuo, yo propongo para las infancias de nuestro país que empecemos por respetar estas tres condiciones: mantenerlas al abrigo de la intemperie, no apilarlas en instituciones que dan miedo con sólo pasar por la vereda ni tampoco someterlas a temperaturas extremas sea verano o invierno. Si además pueden comer, por lo menos cuatro veces al día, sería perfecto. Ni más ni menos que lo que he desarrollado en esta página. Si no somos capaces de hacer cumplir los derechos de nuestras infancias, por lo menos tratémoslos como placas de yeso, televisores o cajas de alimentos.

Sé que puede parecer irónico e impropio de una persona sensata lo que digo. Lo que sucede es que estoy podrido. Cansado de ver pibes en la calle cagados de hambre, con mocos colgándole desde quién sabe cuándo con sus hermanitos de la mano o en brazos de ellos mismos, mientras otros de saco y corbata y sin transpirar porque se nota que aún encandilados por los potentes tachos de luces de los estudios de televisión ni siquiera transpiran cuando hablan de la nueva ley por la baja en la edad de imputabilidad. Que son capaces de sacarte los ojos por el precio del trigo que produce pan para el pueblo como lo hicieron antes con la soja, mientras que las siluetas huesudas de los que caminan por calle Pellegrini pidiéndote lo que estás comiendo o bebiendo siguen siendo una cantidad, muchas veces corderos del mismo lobo que dice cuidarnos y patrullar nuestras calles.

¿Entendemos que no es sólo seguridad? Sí, señor/a, antes que me lo grite en la cara le cuento que ya me robaron y que sentí una terrible angustia las dos veces que le pasó al mayor de mis hijos. La primera vez lo hizo un pibe de su misma edad cuando él tenía once años. ¿Y sabe qué? Los padres del ladrón recién aparecieron a las 24 horas a reclamarlo por la comisaría. ¿Hay que matar o meter en cana también a los padres? ¿A cuántos? ¿A todos?

¿Veremos llegar ese día infausto en que, en todas las maternidades públicas y privadas, al momento de nacer un bebé se hará presente un agente policial que le leerá sus derechos y obligaciones y las penas de reclusión a las que deberá someterse, si en un futuro comete algún tipo de delito antes de haberse prendido por primera vez a la teta?

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