CONTRATAPA

El tedio

 Por Luciano Trangoni

Si acaso llegara a ser cierto, si acaso llegara a ser cierto que en algún momento de nuestras vidas debemos hacernos una pregunta, la gran pregunta, la pregunta existencial, yo comenzaría a temblar y a corregir o adaptar mis palabras según el espejo en que me mire. Y digo, o diría: Babilonia, Babilonia, Babilonia: ¿Qué es lo que esperas de mí? ¿Una antorcha en lo alto? ¿Otra guerra civil en la espalda de mis hermanos, en las manos de mis hermanos, en la rodilla de mis hermanos? ¿Qué es lo que estás tramando? ¿La caída nuestros héroes invisibles? ¿El silencio de nuestra imbecilidad?

--Menos mal que no se me rompió a mí --dice ella.

--Qué decís --dice él.

--Menos mal que no se me rompió el cuello a mí --dice ella--. Si se me hubiera roto a mí, no sé...

Algunos se aburren. Yo no. Yo no me aburro nunca o casi nunca. A algunos les sobra el tiempo y se aburren. Sufren el aburrimiento. Sufren con los ojos amarillos frente a la pantalla del televisor, y sufren, sufren, sufren. Otros, en cambio, no son dueños ni siquiera de su tiempo porque el hambre los obliga a comer la propia fuerza. Así es la guerra. Esta es la lógica de la guerra en la ciudad donde todos nacen y todos mueren, aunque sólo sean algunos pocos los que puedan jactarse de haber vivido o haber hecho algo con su tiempo. Algo que no sea el puro aburrimiento, el tedio de los ojos amarillos llenos de televisión y de un vacío profundo. Yo, en cambio, tengo una higuera en el fondo de la casa.

--¿Y eso qué tiene que ver? --dice él.

--¿Cómo qué tiene que ver? --dice ella--. Que da la casualidad que siempre que te pasa algo estás borracho.

--Perdonáme --dice él--, pero no estaba borracho. Apenas si había tomado un fernet con coca.

En una sola de las ramas de la higuera he contado diez frutos y aquello profundizó mi cariño hacia la planta, aunque no tardé en descubrir que no era yo el único animal hambriento y expectante. Había también un pájaro en la higuera. Un pájaro de pechito verde o amarillo que picoteaba los frutos de mi higuera. Los frutos que yo esperaba ver madurar. Entonces apoyé una escalera sobre el tronco blando de la higuera y no me dio tiempo a observar. El pájaro de pechito verde o amarillo me encajó un picotazo en un ojo y caí de espaldas.

--¿Un fernet con coca? --dice ella.

--Bueno --dice él--, dos fernet con coca.

--¿Solamente dos? --dice ella.

--Tres --dice él--. Tres Fernet con coca.

Cuello ortopédico, silla de ruedas. Alguien siempre a mis espaldas, empujándome, resoplando, lamentándose. Pero cuando salga de ésta voy a irme a la montaña. Pienso convertirme en un monje y vivir el resto de mis días alimentándome de raíces y frutos, meditando noche y día, dejando atrás el horror de esta Babilonia.

--También hago cosas buenas cuando estoy borracho --dice él.

--Sí --dice ella--. Y así te va...

Un catéter para la orina, otro para el suero. Me iré pronto, cargando una bolsa de miserias que ya nadie verá y quedará entonces, si es que algo habrá de quedar, una huella en el barro, una pisada, un resbalón en la memoria.

--Esta vez voy a dejar de beber para siempre --dice él.

--Qué novedad --dice ella--. Siempre decís lo mismo.

--De ahora en más voy a ser bueno --dice él--. Ya vas a ver. Nunca es tarde para empezar a ser bueno.

--Yo no estaría tan seguro --dice ella--. A veces se hace tarde. A veces se hace demasiado tarde.

Me dijeron que debía esperar. Me dijeron que tome asiento. Me dijeron, me dijeron, me dijeron.

Análisis de orina. Análisis de sangre. Electrocardiograma. Examen psiquiátrico, audiometría, y otros. Todo sea para demostrar que este esclavo es útil porque está sano y listo para ser explotado. Está desesperado: es obediente.

--¿Sabés una cosa? --dice él--. Tenés razón. Tenés razón en todo. Y yo soy un imbécil. También en eso tenés razón.

--Yo no dije --dice ella.

Me levanto temprano, pongo la pava para el mate, despierto a mi mujer, le doy un mate, buen día, despierto a mis hijos, vamos vamos, mi mujer me alcanza un mate, a cepillarse los dientes, todos a cepillarse los dientes, vos también, preparo el desayuno, los apuro, los subo al auto, los llevo a la escuela, les doy un beso, pego media vuelta, regreso a casa, medito, preparo el bolso, salgo a la calle, camino, me detengo, pago el seguro del auto, me voy a trabajar.

--Un imbécil --dice él.

--Yo no dije eso --dice ella.

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