CONTRATAPA

Manual para la resistencia

 Por Beatriz Vignoli

Y fuimos a buscarlo. Corría el orwelliano año de 1984. Se oreaba en el aire del verano la sangre irrecuperable de los muertos pero él estaba vivo y fuimos a buscarlo, para que nos dijera cómo hacer.

Queríamos una nueva Escuela de Bellas Artes, una nueva Universidad y fuimos a buscarlo. Nos recibió con mates en su casa y taller, que era un mundo en sí mismo, donde nos mostró las tapas que diseñaba para la editorial de poesía Libros de Tierra Firme. Como ella y como su fundador, Mangieri, hay tantas personas y cosas que ya no existen más que en la memoria. Desde hacía diez años, el educador, intelectual comprometido y artista plástico Rubén Naranjo era una de ellas; pero ha vuelto. A hablarnos, como entonces. Como cuando nos decía "chicos" con aquella voz ronca. A nosotros que queríamos reinventarnos, reinventar nuestra propia educación superior y sabíamos que él tenía la fórmula. A nosotros que le cantamos una vez, en broma, nomás por ver iluminarse con la sonrisa de un chico su cara curtida: "El naranjo en el cerro no da naranjas/ pero da los azahares, caramba, de la esperanza". Hoy, más precisamente en esta misma tarde, en el momento justo, cuando más lo necesitamos, y por la magia simple de la palabra impresa, Rubén Naranjo ha vuelto. No sólo sigue. Ha vuelto.

La cita es esta tarde a las 19:30 en el Centro Cultural Roberto Fontanarrosa (San Martín y San Juan). Allí, Osvaldo Aguirre (autor del prólogo) y Mirta Sellarés (coautora de la biografía junto con Juan Bereciartúa) presentarán el libro Territorio de resistencia, que reúne textos periodísticos en diversos medios gráficos, ponencias y otras intervenciones de Rubén Naranjo. Entre ellos se cuentan sus notas para este diario: algunas evocan con ternura a sus maestros y ejemplos de ética, mientras otras resuenan en el presente con vital actualidad.

"Desconcertante institución esta Universidad Nacional de Rosario que puede organizar ciclos referidos a derechos humanos convocando a especialistas de Argentina y América para que traten el tema de los desaparecidos y no ha publicado (aún) el nombre de sus propios desaparecidos. Tan desconcertante como demostrar su respeto por los derechos humanos a través de la implementación de ciclos y conferencias y simultáneamente arrojar a la policía federal contra los vecinos que han levantado sus precarias viviendas en terrenos de su propiedad". ¿Quién fue el tirabombas destituyente que posteó esto?

Esto firmaba en 1988 Rubén Naranjo, el mismísimo director de la Escuela de Bellas Artes de dicha institución, en el número 1 de El iconoclasta, revista publicada por la Facultad de Humanidades y Artes de esa misma universidad. ¿Qué escribiría hoy aquel artista de Tucumán Arde, discípulo de Gustavo Cochet, si hubiera visto a los docentes de "su" facultad horrorizarse ante el reclamo de cuidado por la vida que sus propios alumnos expresan en forma creativa como arte y metáfora?

"Los jóvenes deben ser irreverentes", dice el resucitado con su voz de tinta. Eso escribía Naranjo en abril de 1984 en un "Análisis y propuesta de la dirección de la Escuela de Bellas Artes de la Facultad de Humanidades y Artes para implementar en el período lectivo 1984". Firmaba también el documento la regente, la "Lic. María E. Albaizeta".

La recopilación de textos es un tesoro de anécdotas, denuncias, tomas de posición, relatos de sus propios proyectos pedagógicos y sociales en congresos y jornadas de todas partes del mundo (Cuba, Estados Unidos, Uruguay), homenajes sentidos a gente valiosa y exhortaciones a funcionarios públicos que sepultan la memoria: la del horror genocida del terrorismo de Estado, pero también la de aquellas experiencias liberadoras a las que tanto los gobiernos dictatoriales como los democráticos se empecinaron en oprimirles el botón de Stop.

Experiencias educativas como la Vigil, cuya editorial Naranjo dirigió; o la Escuela Serena, la de Olga y Leticia Cossettini, que Mario Piazza plasmó en un film documental del cual el menemismo usó clips sin autorización como muestra de un pasado a superar: todo eso y también a los chicos de la calle, y a activistas, artistas y militantes defendió Rubén Naranjo en sus escritos que todavía acusan, todavía reivindican, sin miedo a dividir aguas, sin concesión alguna a una supuesta paz llena de aire que no es sino la de los cementerios.

Habla el resucitado con su voz de tinta: "lo que define básicamente a un intelectual es su adhesión al género humano. Si se considera que el hombre no es un ser abstracto, que su vida transcurre en un medio social determinado que crea todo tipo de relación, que en tanto proyecto existencial, se justifica en la medida de su accionar con los demás hombres y entre los demás hombres, de forma tal que por los demás hombres, alcanza su identidad, ser intelectual supone la capacidad de intentar estar en los demás para llegar a ser uno mismo. Acumular conocimientos no define a un intelectual, a lo sumo dice de un cierto grado de preparación en una especialidad determinada: se puede ser médico, ingeniero, actor, abogado, pintor o escritor o tener otra profesión cualquiera. No es suficiente el conocimiento en una disciplina para ser intelectual. Resulta imprescindible el respeto por el hombre, entendiendo como tal la actitud de accionar sobre la realidad para asegurar su vida, su salud, su trabajo, su educación. El intelectual debe desmitificar la realidad, analizar su problemática. Operar en su estructura, denunciar sus falencias, señalar sus contradicciones, cuestionar sus excesos. Es su obligación asumir una actitud crítica ante el orden social imperante". Esto escribía Rubén Naranjo en "La condición intelectual", una nota denunciando la complicidad de algunos médicos en las torturas de la dictadura, nota publicada en el diario Rosario el domingo 4 de noviembre de 1984.

Estas palabras, intervenciones que constituyeron de por sí una "práctica militante" (como señala Osvaldo Aguirre), fueron respaldadas además con hechos. Resume Aguirre las acciones que concretó su autor en el período en que publicó estos artículos y ponencias, desde 1984 a 2002: la publicación de la revista de educación El tintero verde; la dirección de una colección de fascículos de historia popular local, Historias de aquí a la vuelta; "el foro Memoria y Sociedad, que integró con Matilde Bruera y Mirta Sellarés" y que denunciaba crímenes de "gatillo fácil" cometidos por la policía provincial santafesina con la complicidad de jueces y políticos, y la Asociación CHICOS, una ONG para proteger los derechos de niñas y niños en situación de calle.

Al adentrarnos los nuevos o viejos lectores en las más de 300 páginas de este Territorio de resistencia, no sólo nos encontramos con temas candentes o con luchas que hoy son parte de la historia de la ciudad (como aquella por recobrar la esquina de Córdoba y Moreno, actual Museo de la Memoria) sino con guiños a sus lecturas de poetas.

La voz impresa del pintor y escritor Rubén Naranjo fue modulándose entre el manifiesto y la ironía satírica política a lo Brecht ("El olvido conserva celosamente los nombres de los albañiles que hicieron las paredes y los techos", apunta mientras reclama como lugar de memoria de la represión el edificio de la Jefatura de Policía), pero también con la poesía lírica de Vallejo o de Lorca.

"Juan Grela ha muerto, y los árboles que también le ofrecieron las imágenes que ocultaba en sus maderas, vestidos de negro y blanco, no saben explicarle a Salamito y a La Pelusa que el pintor, el dibujante, el grabador, el escultor, el maestro, que tantas veces los desprendió de sus manos y los retuvo en telas, papeles y cartones, decidió partir un día de esta primavera, cuando los ceibos encienden los atardeceres...". Publicada en Rosario/12 el sábado 14 de noviembre de 1992 e ilustrada con un grabado de Grela, su nota desde el título es un "Adiós al maestro". Pero, docente él también, Naranjo enseña de paso la técnica del grabado en madera con estampa múltiple a partir de una matriz, humilde técnica con la que Grela retrató a los humildes de las villas miseria de Rosario, titulando las obras con sus apodos.

El nuevo libro se publicó por la editorial rosarina Río Ancho Ediciones en su colección Palabras Recobradas, dedicada a construir memoria cultural de la provincia y declarada de interés por la Cámara provincial de Senadores. Se editó con el apoyo de Espacio Santafesino, el Gobierno de Santa Fe, ambas cámaras legislativas de dicha provincia, la Municipalidad de Rosario, AMSAFE, CTERA, la CTA, el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos y la empresa Defante. Se imprimió este mes en Pueblo Esther en la Industria Gráfica Filippini, de Osvaldo Filippini, dato que al autor sin duda le habría importado.

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