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Viernes, 11 de mayo de 2012

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Caloi

Chusmeo en Twitter y me entero de la muerte de Caloi. Automáticamente desconfío, Twitter tiene esa triste manía de dar por muertos a famosos y celebridades. Algunos afirmaban la muerte de Caloi. Otros decían que no había muerto. Y ambas cosas eran ciertas.

Me veo obligado a escribir, a vomitar sentimientos. Quizás funciona en mí como autodefensa. Necesito hacer catarsis. Calamaro dice "la procesión no siempre va por fuera". No hay forma de refutarlo. Y así me pongo a escribir, resultando un texto surrealista que no respeta tanto las formas sino los sentimientos.

Tengo 23 años y, al decir de Gustavo Ceratti, siento experimentar que el tiempo es arena en mis manos. Y me asusta. Supongo que todos habrán experimentado en su juventud que las personalidades a la sombra de las cuales crecieron parten poco a poco a la eternidad. Y que, a diferencia del fútbol, en las inferiores o en reserva no hay talentos semejantes que estén a la altura de esas obras. Poner nombres propios puede resultar sumamente injusto. Rápidamente se me suceden el Flaco Spinetta, Sandro, Ernesto Sábato, José Saramago, Mercedes Sosa, el Negro Fontanarrosa y podríamos agregar varios etcéteras más por razones de tiempo, lugar y justicia.

Y como si fuera poco, justo se va Caloi y se suma a esa lista de personas que ponen en canciones, dibujos y palabras aquellos sentimientos y sensaciones que no encontramos la forma de exteriorizar. Nos sacan esa enorme mochila de tener que ser nosotros los que decimos todo lo que pensamos todo el tiempo. Ellos hacen ese trabajo por nosotros. Y no lo saben, porque no ven esa sonrisa inocente y dulce, esa sonrisa de quien encuentra un compinche repentinamente, aquel que materializa lo que nosotros fuimos incapaces de expresar.

Clemente se queda sin su papá. Ese mismo Clemente que se alzó con un récord que, esperemos, sea difícil de alcanzar: en las elecciones nacionales del año 2003 sacó más votos que muchos de los candidatos de piel y hueso. En esos años de descreimiento popular en las instituciones, los votantes se refugiaban en ese personaje sin brazos porque afirmaban que "de esa forma no puede robar".

Clemente necesita alguien que le ayude a usar un pañuelo. Su papá ya no lo dibujará. Pícaro como siempre, se escurrió entre nosotros para escaparse a la inmortalidad. Porque las personas nos vamos, pero la obra es inmortal. Caloi se fue pero se transformó en tinta. Gracias. Hasta siempre.

Pablo Arino

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