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Desmontar la impunidad

La película "Relatos salvajes", del director Damián Zsifrón, exhibe a través de la exposición de varias historias un desmontaje de la hipocresía y la impunidad reinante en la sociedad argentina contemporánea. Como bien sabemos, y lo plantea la psicoanalista Ana María Fernández, las dosis de sufrimiento y la vulnerabilidad de gran parte de la población se han multiplicado de manera exponencial en las últimas décadas. La oleada neoliberal instaurada desde comienzos de los años '80, con su culto del "éxito a cualquier precio", sin evaluar los daños ocasionados en el prójimo se instalaron como moneda corriente corroyendo las subjetividades.

En este escenario social, aparece estigmatizados como violentos e irracionales quienes deben padecer la violencia, la incomprensión y el escarnio de psicópatas entronizados en espacios de poder, funcionarios públicos y privados y hasta en las relaciones familiares e interpersonales.

Zsifrón ha logrado pintar un cuadro de época que nos recuerda a algunos de los Caprichos del célebre aragonés Francisco de Goya y Lucientes: "El sueño de la razón engendra monstruos" y la escena contemporánea pretende imponernos que convivamos con ellos.

Pero los personajes de "Relatos salvajes" no se resignan a soportar esa impunidad y actúan, reaccionan frente a la violencia que padecen: la obscena exhibición de poder de un usurero aspirante a trepar en la pirámide como político, la soberbia de un privilegiado insultando gratuitamente a un trabajador de la construcción, la reacción de un hombre que gracias a la corrupta empresa de control de tránsito arruina sus relaciones familiares, la hipocresía patriarcal de un joven que engaña a su pareja.

"Relatos salvajes" deja varios elementos para la reflexión acerca del malestar en la cultura en términos de Sigmund Freud y a la vez muestra como el "todo vale" rige las relaciones sociales, en las que el dinero puede comprarlo todo hasta la vida misma de una madre embarazada y su criatura aniquiladas por un muchacho "descontrolado" por el alcohol.

Luego de ver Relatos salvajes salimos a las calles y observamos la delgada línea que separa a la patética realidad social cotidiana y las historias contenidas en esta excelente película de no ficción.

Carlos A. Solero

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