OPINION

El fin de una larga espera

 Por Rubén Chababo*

Como si emergiera de las más profundas sombras que la retuvieron en un letargo injustificable, la Causa Feced, una de las más voluminosas pruebas documentales relacionadas con el Terrorismo de Estado en la Argentina, finalmente ha sido elevada a juicio. Detrás de esta decisión de la justicia se acumulan años de paciente y angustiante espera por parte de sobrevivientes, familiares y amigos directos de tantas víctimas de la última dictadura que nunca abandonaron la esperanza de ver con sus propios ojos el momento en que los responsables de la desaparición y asesinato de sus seres queridos comparezcan ante los Tribunales de la democracia.

La causa Feced es mucho más que una causa judicial, es ella en sí misma un preciso y horroroso mapa de la barbarie estatal, una minuciosa descripción de la maquinaria de exterminio diseñada por la última dictadura militar sobre la población civil del sur santafesino.

En cada una de esas miles de fojas, que han dormido el sueño de los justos entre las paredes de los Tribunales, está contenida la angustia de tantas personas que en este cuarto de siglo de democracia han sabido hacer de la espera una forma de la templanza.

Hace 5 años, una comisión de especialistas del Archivo Nacional de la Memoria que fuera creado a instancias del gobierno de Néstor Kichner, llegó a nuestra ciudad con el firme propósito de digitalizarla. No son pocos los que recuerdan el inmenso esfuerzo que implicó procesar una por una las páginas de ese documento del horror. Tampoco son pocos los que saben que de ese modo pudo evitarse que esas miles de fojas fueran destruidas por los muchos interesados en preservar sus nombres y sus crímenes de la mirada pública. Al duplicarla en soporte tecnológico se logró resguardarla del temido saqueo o las cenizas.

Una particular coincidencia ha hecho que el mismo día en que se conmemoran 25 años de restauración republicana, ese mismo día, un 30 de octubre, la Causa haya sido elevada a juicio. Una coincidencia francamente celebratoria, un buen modo de iniciar el segundo cuarto de siglo democrático.

La Causa Feced es mucho más que un nombre propio, es mucho más que la responsabilidad de un solo hombre sobre el destino de miles. Detrás de ese apellido están las decenas de hombres -y también mujeres- que colaboraron con tanto entusiasmo para que el plan de exterminio fuera posible. Detrás de ese apellido, o junto a él, es posible reconocer la siniestra sintaxis de miedo y muerte que hizo de sitios como la esquina de Dorrego y San Lorenzo o la Calamita, lugares verdaderamente infernales.

Lofiego, Vergara, Marcote son algunos de los nombres que en pocos meses más comenzarán a ser convocados por la Justicia. Que madres, padres y hermanos de las víctimas, así como los sobrevivientes de los centros clandestinos, puedan finalmente verlos sentados en el banquillo de los acusados, es acaso la más preciada recompensa que la paciente espera de tantos años pueda darles para tranquilidad y sosiego de sus almas.

*Director del Museo de la Memoria Rosario.

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