OPINIóN › PANORAMA POLíTICO

Los colados

 Por Pablo Feldman

"Si mirás las fotos de los campeones, te das cuenta de que en todos los equipos hay colados", dijo César Menotti cuando le preguntaron sobre el nivel de un plantel que se alzó con un torneo. El "flaco" sabía distinguir como pocos a los que tenían que estar inevitablemente -para que hubiera título y foto- de aquellos que daba lo mismo e inclusive hubiera preferido reemplazarlos. El hallazgo del DT no fue encontrar esa situación dentro del fútbol sino describirla con tanta simpleza y categoría. Pasa en todos los órdenes de la vida, y naturalmente en los equipos de gobierno. Sobre todo si hay un concepto de "cuadros" a la hora de gestionar como lo viene haciendo el socialismo en Rosario desde hace casi 20 años. Sucede que desde hace un año, el partido de la rosa gobierna también la provincia que durante prácticamente el último cuarto de siglo el peronismo hizo y deshizo (más esto último) a gusto y placer. Pasada una cuarta parte del mandato, no parece muy convincente para la sociedad seguir hablando de la pesada herencia mientras se intentan resolver problemas acuciantes. Además, el armado del staff, no sólo "desvistió" a Rosario -algo previsible- sino que no fue parejo ni armónico. La "cantera de dirigentes" que naturalmente fue el área de Salud, se va quedando sin recambio, y dejando fuera de la discusión la capacidad médica de los directores de los diferentes efectores. Resulta difícil imaginar que de allí salgan "los Binner, Bonfatti, Fein" u otros dirigentes de recambio como pudo verse desde final de los '80 cuando Héctor Cavallero sorprendió al país tanto o más que Hermes Binner el año pasado cuando el Tigre derrotó a peronistas y radicales y se consagró Intendente de Rosario.

Desde entonces, las administraciones socialistas se fueron superando y en rigor al que más trabajo le va a costar mejorar la marca será a Miguel Lifschitz, no sólo por lo hecho durante los primeros 4 años -que el pueblo rosarino premió después haciéndolo ganar en todas las seccionales de la ciudad- sino porque el contexto socioeconómico no es el mismo, y se nota. Cuando Lifschitz fue nominado candidato -apoyado por Binner y resistido por el partido- el entonces Intendente saliente sostuvo que Miguel sería "el mejor Intendente de la ciudad". Durante el período 2003/2007 su pronóstico se fue consolidando, ahora que puede incidir desde la Casa Gris, su sucesor no lo pasa nada bien, aún cuando proyecta ser el próximo Gobernador de Santa Fe.

La confesión pública de Lifschitz no le cayó nada bien a Binner. A nadie puede sorprender lo que dijo sino que lo dijera, y fue por eso que Binner sostuvo que "tiene derecho como cualquier santafesino". El Gobernador sabe mejor que nadie que después de ser dos veces seguidas Intendente de la ciudad más importante de la provincia, la lógica indica que el camino a seguir es el de la gobernación. Tampoco es un secreto para nadie que a Binner no le parecería mal que Antonio Bonfatti fuera el candidato, no sólo porque le ha confiado la Jefatura del gabinete, sino porque es su amigo y hombre de mayor confianza dentro del equipo de gobierno.

Uno y otro, Lifshitz y Bonfatti han compartido la carrera de Binner y años de militancia en circunstancias adversas. Nadie podría decir que en "la foto del campeón" aparecerían como "colados". No sucede lo mismo con otros integrantes del elenco provincial que tienen ambiciones que por ahora mantienen ocultas y más temprano que tarde saldrán a la luz.

No sólo en la primera línea del gobierno, sino en segundas y terceras, donde los funcionarios "mudados de Rosario" no dan pie con bola, y lo único que han logrado es haberse "adaptado" al ritmo siestero de la capital provincial. Más aún, algunos de ellos tienen una visión microclimática que les hace creer que están haciendo maravillas. Lo ayudan algunas visiones complacientes, viejos amigos y la impenetrable burocracia que no permite conocer con precisión el resultado de la ecuación costo/beneficio. A esto se agrega una perspectiva completamente diferente a la local que exhiben los medios capitalinos que hacen eje en el perfil opositor de Binner sin interesarle demasiado la gestión en la provincia. Son los mismos que alientan un entente Elisa Carrió-Mauricio Macri, como si se tratara de sumar como se pueda. En el combo agregan al Torito De Angeli, a Cleto Cobos y otros "emergentes" del 2008 que está a punto de terminarse.

Lo que cabe preguntarse en estos tiempos -hora de balance y proyección- es si realmente Binner quiere eso, y si así fuera, la duda que sobreviene es si los que votaron por "el cambio" creen que se está construyendo en el sentido correcto.

Paradójicamente Binner tiene mejor imagen en Capital Federal que en Rosario. Más todavía, su gestión goza de un reconocimiento creciente a medida de que los encuestadores se van alejando de la ciudad que lo votó decididamente para que fuera Gobernador. En Reconquista, Rafaela, Venado Tuerto, Gálvez, la ciudad capital, y en todas las ciudades, la imagen positiva de Binner supera la que se mide en Rosario. Y no es porque haya una súbita repulsa, o una campaña de desprestigio", es sencillamente porque el standar de la ciudad es considerablemente más alto que el de cualquier ciudad de la provincia. Basta ver la Maternidad Martin, el nuevo Hospital de Emergencias, el Tríptico de la Infancia y otras realizaciones de Rosario. Eso es lo que se hizo hasta ahora, y con un plantel en el que costaba mucho encontrar a "los colados" si es que hubo alguno.

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