OPINIóN

Nombres y apellidos

 Por Alicia Gutiérrez *

Leemos en los diarios que hay abortos a la vuelta de la esquina. Nos confrontamos entonces con el dolor, con el vacío jurídico y con la falta de decisión en el campo de la política a debatir y generar leyes que protejan las decisiones de las mujeres que no desean ser madres.

Sólo las muertes de nuestras hermanas parecen ser el campo propicio que se nos otorga para hablar de nuestros cuerpos, de nuestras decisiones. Debates en los que prima el recato, la hipocresía, los silencios de los profesionales, la falta de números y estadísticas, y allí por supuesto, los nombres y apellidos de nuestras víctimas.

¿Desde dónde hablar, si no es desde el enojo, la rabia y de la lucha?

¿Desde dónde acompañar la soledad de aquella mujer que ya no puede seguir más?

¿Desde dónde pedir comprensión a quienes pudieron tomar decisiones con las herramientas que dan el conocimiento y la contención?

¿Desde dónde ponerle un nombre a "éstos casos frecuentes de mujeres desesperadas que recurren a cualquier lado y que mayoritariamente son humildes?" (palabras del Director médico del Hospital Provincial de Rosario).

En realidad, quienes condenan a las mujeres que realizan abortos en condiciones sanitarias inseguras son en primer lugar los Estados, que no toman las medidas necesarias para que exista el aborto legal, seguro y gratuito. En este sentido, la mayor responsabilidad es nacional. Por otro lado, condenan a la muerte a muchas jóvenes pobres quienes intentan poner por delante sus creencias morales o religiosas, por encima de la salud del conjunto de las mujeres.

Esos intereses tan fuertes en lo moral y en lo religioso influyen sobre los gobiernos. Muchos gobernantes piensan que esto aleja los votos de la ciudadanía. Por el contrario, hay un porcentaje importante de la población que está de acuerdo con despenalizar el aborto.

Las argentinas que mueren víctimas de abortos inseguros y de la violencia de género destapan la hipocresía de creer que en el país hay crisis más importantes que tratar y más urgentes que resolver tanto en el Congreso nacional como en otros ámbitos. Nuestros cuerpos de mujeres son atravesados, señalados y martirizados por leyes que doblemente victimizan nuestros actos. ¿Y cuándo es nuestro tiempo? ¿Cuándo el momento político? ¿Después de las elecciones, después de la 125, después de las heladeras y las cocinas?

Que no sea después de más muertes, desde mi lugar elijo siempre el hoy.

* Diputada provincial de SI.

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