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El mosaico local de la pugna socialista

Todavía falta para el cierre de listas de cara a las próximas elecciones, y cualquier cosa puede pasar en la dura puja interna que mantiene el socialismo. Pero los aspirantes locales del sector no ocultan su ansiedad por ver cómo se define la lucha a nivel provincial y también la suerte de cada uno de ellos en Rosario.

 Por Leo Ricciardino

"Seguramente será Miguel el que elija", dijo una alta fuente del socialismo consultada por este cronista. Miguel es Lifschitz, y lo que debe elegir -siempre y cuando se mantenga el actual e inestable esquema interno del socialismo es nada más y nada menos que el candidato a intendente de Rosario de ese sector del PS. Por el momento hay cuatro opciones: Clara García, Horacio Ghirardi, Raúl Lamberto y Fernando Asegurado.

En la línea que definió el gobernador Hermes Binner, Antonio Bonfatti es su garantía de continuidad de la actual administración provincial, Lifschitz debería volver a ser candidato a intendente para aportar al esquema provincial aún con el sistema de boleta única; y si no Lifschitz pasaría a encabezar la lista de diputados nacionales pero con la prerrogativa de designar a su postulante preferido para que lo suceda en el Palacio de los Leones. La otra posibilidad -que alberga el propio interesado y un importante conjunto de "miguelistas" es que haya un cambio de rumbo y termine el actual intendente al frente de la candidatura provincial del sector. Algo que por ahora no ocurre porque los afiches dicen: "Bonfatti + Binner". Clarísimo.

No había dudas, cuando Lifschitz era el candidato "natural" a gobernador, que su preferencia pasaba por su joven y prometedor secretario de gobierno Ghirardi. Pero el funcionario fue puesto en la encrucijada de tener que reforzar el esquema provincial de cuadros socialistas y encima en un puesto delicado como el de secretario de Seguridad. Ghirardi sabía que daba un paso delicado de cara a su futuro, pero también era conciente que decirle que no a Binner perjudicaría más temprano que tarde sus chances. Es obvio que la distancia erosionó la relación con su antiguo jefe y a la hora de las decisiones ese será quizás un factor importante.

Muchos dirían que puesto a decidir Lifschitz optaría por Clara García. Pero la actual concejal y ex integrante del directorio del Banco Municipal de Rosario tuvo una trabajosa campaña encabezando la lista oficial de ediles y los resultados no fueron en aquella oportunidad los esperados por los popes del partido. El intendente estuvo a su lado toda la campaña pero no logró hacerla subir más en la consideración del electorado.

Raúl Lamberto es un veterano de mil batallas que cree, con derecho por supuesto, que es su turno de una candidatura a un cargo ejecutivo. Con ese sólo argumento consiguió el apoyo del gobernador y el aliento del ministro Bonfatti para anotarse en la competencia. Pero su nivel de desconocimiento en el electorado le pesa demasiado. Es el mismo elemento negativo para el secretario de Gobierno municipal Fernando Asegurado, que llegó al gabinete de Lifschitz en el marco de una obligada renovación de cuadros por todos los que migraban a Santa Fe a ocupar cargos provinciales cerca de Binner.

Pero Asegurado fue una sorpresa política a la hora de articular con los concejales después de que el oficialismo había perdido la "mayoría automática" tras los comicios de 2009. Supo construir con los opositores y ganarse un lugar legítimo y de confianza cerca del intendente.

Como se ve y como siempre sucede, cada uno de los aspirantes tiene sus pro y sus contra y dependerán en gran medida de cómo se acomode finalmente el tablero provincial del PS.

Por el otro sector, se sabe y ya está lanzado el presidente del Concejo Municipal Miguel Zamarini. En este caso el senador Rubén Giustiniani que sigue firme en la disputa con Binner y Bonfatti por su postulación provincial; no tenía muchas más opciones. La de Zamarini si era una postulación más que cantada por el sector al que todos llaman "El partido". Y ahora se ve que esa denominación no es menor cuando para muchos están en juego "el futuro del socialismo". Convencidos de que si no hay acuerdo y la sangre llega al río, finalmente se pondrá en debate "qué partido queremos. Si vamos a ir por una fuerza en crecimiento, dispuesta a disputar poder para transformar o si nos vamos a quedar con un partido pequeño que sirva a los intereses de unos pocos", dijo la misma fuente socialista a este cronista.

Con todo, es tan estridente la interna del PS que los protagonistas en pugna creen que hasta en la Rosada han tomado nota de la situación. Esto explicaría, según esta teoría, la buena relación con el gobierno nacional en los últimos tiempos, en la que se destaca la reunión de Binner en Buenos Aires con Julio De Vido, en la que el ministro de Planificación Federal dijo a todo que sí. Quizás es sólo una sensación producto del fragor de la lucha interna.

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