OPINION › PANORAMA POLITICO

La última palabra

 Por Pablo Feldman

La decapitación de María del Carmen Alarcón de la presidencia de la Comisión de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Cámara de Diputados no es el resultado de la "interna santafesina" pero sí provocará consecuencias sobre ella.

La diputada Alarcón será también expulsada de su bloque y, salvo la anodina defensa que ensayo Angel Baltuzzi, desde el peronismo ﷓﷓en todas sus variantes﷓﷓ le han soltado la mano. Ni siquiera Jorge Giorgetti, su verdadero mentor, ha asomado la cabeza después de la mini﷓crisis que desató su salida.

Tal vez los medios capitalinos ﷓﷓por el típico desdén con que tratan las cuestiones fuera de la Capital Federal﷓﷓ puedan confundir los tantos o simplificar una historia que es harto conocida para los santafesinos.

Alarcón es y fue antes diputada por la exclusiva decisión de Carlos Reutemann. De eso "tiene la culpa" el Lole, pero hasta ahí nomás.

En sus manotazos de ahogada "la negra" --como ella misma gusta llamarse﷓- dijo que "Reutemann tiene miedo" y fue más allá al revelar que "tenía miedo antes, cuando no quiso ser candidato a Presidente de la Nación".

Esa historia -﷓resumida por Reutemann cuando dijo que "vio algo" que lo decidió a desertar﷓- nunca fue debidamente esclarecida y a esta altura parece poco probable que lo sea, salvo a través de la versión de una mujer políticamente despechada, lo cual no solo le resta credibilidad a la relatora sino que aleja la posibilidad de su esclarecimiento.

Lo que es seguro es que por entonces Néstor Kirchner no existía y solo aparecía cada tanto en Cronica TV, que le vendíia espacios para televisar algunos discursos hoy por hoy impronunciables por el jefe del Estado. De modo que "el miedo" que Alarcón dice que Reutemann siente no procede originalmente de las huestes kirchneristas, sino más bien del mismo cuño que alumbró a ambos a la vida política.

En la actualidad, y desde el mismo día en que asumió el patagónico, Reutemann se comporta como un soldado. Cada vez que hizo falta, voto los proyectos del oficialismo, y solo se permitió diferenciarse cuando no hacía falta su voto, o su presencia durante la campaña del año pasado a la que no le puso el cuerpo como le hubiera gustado a Agustín Rossi. Inclusive ha votado en contra de sus convicciones o intereses. Es conocida en la Casa Rosada la posición del Lole en torno a las retenciones agropecuarias, y en alguna oportunidad se lo hizo saber al Presidente. "Hay que aguantar, cuando se pueda las bajaremos", le dijo Kirchner en uno de esos encuentros que sin publicidad se han concretado y que el Lole prefiere no ventilar.

"Kirchner va con viento a favor", dice Reutemann cuando le piden opinión, y solo la manifiesta "off the record".

Si algo hay que reconocerle al ex piloto de Fórmula Uno es su fino cálculo de los tiempos. Nadie se olvida que el Lole "fichó" con Carlos Menem en la primera vuelta de 2003, pero -al igual que la inmensa mayoría de los peronistas- supo reciclarse y hasta conservar alguna autonomía.

Esto está siempre presente en la Casa Rosada y, según la ocasión o necesidad, será utilizado para tenerlo cerca o cruzarlo de vereda. En cualquier caso será Kirchner y nadie más quien determine la opción.

Es por eso que en las últimas horas Carlos Kunkel se ocupó en Santa Fe de terminar de defenestrar a Alarcón utilizando un término lapidario: "traidora" llamó a la ex secretaria privada de Reutemann (ver página 6), pero se preocupó de dejar bien en claro que la cosa terminaba allí.

La "resitencia" que pretendió ofrecer Alarcón no hizo más que favorecer la posición de Reutemann que, como se dijo más arriba, tiene algún grado de responsabildad inicial porl haber hecho diputada a una funcionaria que fue durante mucho tiempo la persona de mayor confianza de su entorno. "Reutemann miente porque tiene miedo, estuve con el tomando un café la semana pasada disparó "la negra" cuando se enteró que su antiguo jefe había declarado que "hace dos años que no la veo".

El esfuerzo del ex piloto --para despegarse de la diputada-- le hizo olvidar varios actos en los que públicamente aparecieron juntos, sin ir más lejos el primer aniversario de uno de los shoppings de Rosario en la primavera pasada. Más aún, el mes pasado Alarcón y un grupo de diputados santafesinos se acercó al despacho del senador para llevarle un regalo de cumpleaños en un encuentro que "apenas duró cinco minutos" dijeron en las oficinas del Lole en la Cámara alta.

En rigor, no hacía falta tamaña exageración de Reutemann para tomar distancia de la diputada caída en desgracia. Hace algunos meses el propio Presidente le había recriminado en un acto que le había votado en contra una ley. Y la presencia de Alarcón en algunos encuentros de productores agropecuarios la había colocado en "off side" sin necesidad de que nadie diera el paso adelante.

Pero todo esto se podría haber evitado si la diputada hubiera pedido licencia a la presidencia de la Comisión o directamente su salida. El argumento de Rossi para separarla del cargo es absolutamente razonable, y no se trata de cohartar el disenso sino de asumir responsabilidades y roles. En una disputa clave con uno de los sectores más poderosos de la sociedad argentina, el presidente de la comisión legislativa no puede ser un contrapeso. Si en vez de haber sido Alarcón hubiera sido un representante del Chaco o Formosa, nadie hubiera dicho nada, y menos los hubiera emparentado con la interna del PJ provincial.

Eso sí, de ahora en más es poco probable que el Lole quiera seguir participando en el "armado" de las listas de candidatos. En las del año pasado, su "aporte" fue incluir a Alarcón y Giorgetti, dos menemistas confesos y militantes, lo cual para más de un dirigente santafesino es suficiente razón como para que Reutemann sea mandado a cuarteles de invierno. Pero eso no dependerá ni de lo que haya hecho Alarcón ayer, ni de los deseos de Rossi mañana. Las variables a considerar son las necesidades de Kirchner y su estrategia para el 2007. En ese sentido, el abanico de posibilidades que se abre para el Lole va desde la candidatura a vicepresidente de la Nación hasta el ostracismo, sin dejar de mencionar una nueva campaña para gobernador de Santa Fe. Es cuestion de tiempo, aunque esta vez no parece que la suya vaya a ser la última palabra.

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