OPINIóN

De esa gente con swing

 Por Horacio Vargas

Mi cuñada Ana me avisa por teléfono que ha muerto un amigo. Yo estoy fuera de Rosario, sin Internet, con los diarios del domingo a punto de leer bajo el fresno. La noticia convierte este domingo agobiante en melancólico.

Lo conocí por el jazz. Compartímos un programa en la entonces Radio Clásica, en rigor me acoplé yo a su tren de los viernes a la noche, con repeticiones los domingos. Aún tengo en alguna caja, algunos casetes con música seleccionada por él, fundamentalmente de Charlie Parker, al que adoraba, que se iba a pasar en "Gente con Swing".

Hicimos ese programa creo que dos años, yo aprendí un montón con él, éramos la tradición y la contemporaneidad en el jazz, él ponía Ellington y yo llevaba a Joe Lovano. Los últimos programas eran un poco más desopilantes porque él acusaba cierta sordera. Cuando el operador de la radio mandaba el tema, yo le preguntaba si escuchaba lo que yo decía. "¿Qué?", me respondía, mitad en broma, mitad en serio.

Después nos reencontramos en Rosario/12, cuando lo convocamos con Pablo Feldman para que escribiera la contratapa semanal, cuando lo habían "jubilado" de La Capital, de donde se fue como Jefe de Redacción. Mandaba sus textos mecanografiados con correcciones al margen en un sobre marrón que dejaba en la administración del diario. Mucho tiempo después llegaron sus contratapas vía mail, el viejo ya escribía en computadora. Sé que fue feliz escribiendo en este diario, siempre me lo remarcaba cuando nos cruzábamos en la calle o llamaba por teléfono prometiendo que iba a pasar a buscarme para tomar un café en el bar de la esquina.

Tuvimos algunas diferencias políticas cuando discutíamos su participación como director de Cultura de Rosario durante el final de la dictadura militar por el Partido Demócrata Progresista pero también sé que fue un tipo generoso que dio trabajo a muchos jóvenes periodistas e impulsó una reforma importante en el diario La Capital, atravesado hasta allí por su histórica línea conservadora.

Fui uno de los primeros en llegar a su casa de Fisherton, el día que lo torturaron, sólo me movía el interes de acompañarlo ante un hecho de apremio ilegal perverso, del que muchos llegaron a dudar y que aún hoy no fue aclarado. Eso lo atormentaba. Después volvió a escribir en La Capital, pero no me correspondía a mí pedir explicaciones por semejante decisión.

Después lo tuve de amigo en Facebook y se lamentaba no poder asistir a algunos conciertos de jazz que se organizaban en la ciudad.

Murió Gary Vila Ortiz, que pasará a la historia (rosarina) como un periodista, escritor y poeta de una vasta cultura, de un vasto mundo. Fue también el periodista que estuvo en todos los medios de comunicación de Rosario. No es poca cosa.

Como se ha ganado un lugar en el cielo de los buenos tipos, ahora seguramente estará compartiendo con el negro Fontanarrosa las historietas de Hugo Pratt, los libros de Borges y la voz de Frank Sinatra, gente con swing.

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