OPINIóN › PANORAMA POLíTICO

Una cuestión de costo político

 Por Pablo Feldman

Las horas de Néstor Trigueros como coordinador de gabinete municipal están contadas. La Intendenta Municipal Monica Fein está esperando con paciencia el gesto que irreversiblemente deberá tener el dirigente de la Unión Cívica Radical. Esto más allá de la absoluta distancia de los hechos que tienen entre los protagonistas a su hijo David que desde hace años es el titular de una página web que facilitaba encuentros sexuales y que ahora la jueza Alejandra Rodenas ha logrado vincular con una red de prostitución que fue desbaratada por el accionar de las Tropas de Operaciones Especiales (TOE) de la policía de Santa Fe. Según el fiscal de la causa, Néstor Trigueros no tiene la más mínima particiapción en ninguna de las instancias investigadas, con lo cual la inconveniencia de su continuidad en el cargo obedece a cuestiones éticas y políticas, no siempre presentes a la hora de ver la conducta de sus correligionarios que saltaron como ranas para pedir su cabeza, en un alarde del deporte preferido de los radicales que la puja interna.

Pero Trigueros debe dejar el cargo, como debió hacerlo -por otros motivos- el Presidente del ente administrador del Puerto de Santa Fe, Marcelo Vorobiof, acusado de "administarción infiel" para alivianar el costo político al gobierno de Antonio Bonfatt en su afan por abrir el juego a sus socios radicales del FAP.

La inminente salida de Trigueros será también una buena oportunidad para que el gobierno municipal revitalice su presencia, probablemente con la promoción de cuadros políticos que necesariamente debe darse para oxigenar una gestión que en alguna medida ha cedido la iniciativa como cosecuencia fundamentalmente de sus limitaciones para defender sus proyectos y procesos en marcha. La permanente tensión por las cuestiones vinculadas a delitos en la ciudad ha opacado acciones que se desarrollan en el territorio que a mediano plazo deberían contribuir a desarmar la perversa trama social que condena a miles de jóvenes a la marginalidad. En ese sentido, el horizonte de la gestión municipal está recortado en las perspectivas de combatir la delincuencia a lo que disponga la provinicia. El manejo de la policía y la relación con el Poder judicial no está dentro de sus competencias, como si los operativos de tránsito, que en lo que va del año provocaron la remisión al corralón de más de 13 mil motocicletas con la conseguiente reducción en más del 50 por ciento de los delitos cometidos por sus conductores. Que ese "récord" de motos no tenga correlato en ni siquiera en el 1 por ciento de quienes las tripulaban en los operativos, en posteriores causas judiciales es un problema más delicado y no es competencia de la Municipalidad.

Las acciones desarrolladas en los barrios, con menores y adolescentes en riesgo, con el concurso de profesonales de diversas disciplinas, es un proceso que demanda tiempo y convicción, además del respaldo de la comunidad. Para que esto germine es necesario erradicar el miedo. Ardua tarea que requiere resultados visibles. No fue hace tanto tiempo como para que no se recuerden las semanas siguientes al 9 de abril, cuando desembarcaron las fuerzas fedrales y en los barrios de la ciudad reaparecieron las reposeras y los mates en las veredas al caer la tarde. Sin embargo ese avance no se sostuvo en el tiempo, ya sea por la falta de respuesta inmediata ante casos de delitos violentos, sino porque recrudece la sensación de complicidad policial y se agiganta en la medida en que los jueces no avanzan en las causas en las que están comprometidos los uniformados, ni en aquellas que fueron de gran impacto en la opinión pública, como el atentado a la Casa de Gobernador, el ataque al auto del Vice Ministro de Seguridad en la autopista a Santa Fe, para citar solo algunas.

Si bien la situación personal de Trigueros, en rigor la de su hijo, no supone una crisis política para el gobierno, sí puede constituirse en una oportunidad para recuperar el centro de la escena e incorporar nuevos protagonistas. Tanto a nivel provinicial como municipal, los socialistas padecen la falta de "espadas políticas", sin perjuicio de los legisladores que pueden desarrollar bien su tarea (cosa discutible también) o los Ministros y Secretarios de Estado, hay muy pocos, o tal vez un par, que asuma el rol de exponer y defender las políticas que llevan adelante los ejecutivos de su propio partido.

Si algo diferencia de manera sustancial al gobierno nacional del de Santa Fe y también del de Rosario -y no va a faltar quien malinterprete la comparación como excusa- es la convicción y determinación con la que defienden su gestión. Puede resultar hasta sobreactuado y brutal pero los socialistas no tienen un Aníbal Fernández, ni un Axel Kicillof, o un Carlos Kunkel, o los jóvenes que pueden a veces aparecer como arrebatados y hasta desbocados, pero que van al frente como los militantes de "La Cámpora".

Se vienen en los próximos meses las elecciones, lógicamente inician las primarias y luego las generales. Hay que definir candidaturas y más allá de los "nombres consagrados" generalmente como cabeza de los ejecutivos, también hay que armar listas de legisladores. Desde ya que hay que contemplar el equiibrio territorial, respetar las trayectorias, y sostener los acuerdos políticos. Pero nada de eso debería impedir la llegada a puestos expectantes de nuevos protagonistas que tengan un sentido político acorde con los tiempos que corren. Eso no quiere decir salir corriendo a buscar un cómico y transformar a Santa Ee en la "capital del chiste malo". Parece que alguien le ha hecho creer a Daniel Scioli que Pachu Peña podría ser un buen candidato. "Si funcionó conmigo, porque no con él" habrá pensado el motonauta. Pero el propio Pachu se ocupó de ubicarse un poco mejor y dijo que "a Gobernador no, pero otra cosa podría ser", y contó que "acompañó a Karina Rabollini a Rosario porque hay cosas que me parecen bien, y lo hago gratis", agregó sin que nadie se lo preguntara.

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