CIUDAD › COMO TRABAJAN LOS MINIEQUIPOS CON LOS CHICOS EN RIESGO EN CADA BARRIO.

Hay que estar en la esquina cerca de los pibes

El barrio La Tablada se extiende desde 27 de Febrero hasta Lamadrid y desde San Martín al río. En ese amplio territorio trabaja uno de los miniequipos que dependen de las secretarías de Salud Pública y Promoción Social de la Municipalidad. La estrategia pasa por tomar contacto con jóvenes en situación de riesgo por el consumo de sustancias adictivas y alejarlos de los circuitos y economías delictivas.

 Por Alicia Simeoni

"Todos tenemos en claro que no vamos a comerciar con droga y además les tenemos bronca a los que venden porque se la dan a pibitos de diez, ocho años". La idea, dicha a manera de confesión, pertenecen a F. un chico de 17 años que forma parte del grupo de entre 7 y 15 adolescentes y jóvenes que se reúne, en la esquina de Dr. Riva y Berutti en uno de los corazones de barrio La Tablada. Justamente este es uno de los territorios donde trabajan los llamados miniequipos que dependen de las secretarías de Salud Pública y Promoción Social de la Municipalidad y que toman contacto con jóvenes en situación de riesgo por el consumo de sustancias adictivas y porque son un bocado más que apetecido por las economías y circuitos delictivos. Rosario/12 estuvo allí, con los cuatro profesionales que recorren esa ciudad dentro de la ciudad y que se extiende desde 27 de Febrero hasta Lamadrid y desde San Martín al río. Desde el recorrido territorial quienes integran los equipos 14 personas para 7 experiencias que se llevan adelante en distintas zonas de Rosario , tratan de crear lazos, relaciones que a través de la escucha y la confianza permita proponerles a los chicos el recorrido por algunas experiencias que les posibilite otras miradas, distintas que las que le ofrece la nada por hacer, más que su propia destrucción. Los miniequipos trabajaron durante 2010 con 424 preadolescentes, adolescentes y jóvenes y en la opinión del secretario de Salud de la Municipalidad "se trata de una experiencia valiosa que no se puede perder y que es necesario fortalecer".

Son las tres de la tarde y el calor de marzo fatiga. Lautaro Danna, trabajador social, Luciana Carunchio, antropóloga, Marina Rubio y Guillermo Martínez, psicólogos, forman el "miniequipo" que trabaja en La Tablada y a ellos se suma Emiliano Gerés, quien hace su residencia para la carrera de Psicología. No hay encuentro pactado con el grupo de jóvenes pero ellos están ahí, en una de las pocas actividades compromiso que cumplen, el encuentro en la esquina de Dr. Riva y Berutti, donde Julia, la dueña de la casa que da a la intersección tiene una mirada de las que no abundan, humanista y comprensiva hacia ellos. El equipo de profesionales es bien recibido porque cada uno de los que lo integran, y como parte del colectivo, logró construir una relación, trabajar un enlace para que asome esa mirada distinta hacia la vida.

Carina Cappelletti, trabajadora social y una de las coordinadoras, junto a Verónica Rodríguez, docente, del "Sistema Integral de Prevención y Asistencia para la ciudad de Rosario, destinado a la población de niños y jóvenes atravesados por los efectos del consumo de sustancias adictivas", explicó a Rosario/12 que la función de "enlace, para nuestro proyecto, es prácticamente la razón de nuestra existencia. Porque enlazar, construir un lazo con estos jóvenes con los que trabajamos, adquiere una connotación distinta a la de hacer sólo un contacto, o bien escuchar una demanda que alguno pueda plantear. Para nosotros se trata de armar una fuerte referencia, que habilite un marco de confianza que es imprescindible para poder acompañar trayectos de la vida de estos chicos, que les permita moverse de los circuitos que los deja más expuesto y en riesgo de vida".

El proyecto dependió desde que se le dio forma de las Secretarías de Salud y Promoción Social y se fue delineando a partir del diagnóstico que se construyó con los aportes de las instituciones de la zona en las discusiones del presupuesto participativo en el Distrito Sur "Rosa Ziperovich" en el año 2006, pero recién comenzó a transitarse en mayo de 2007. En ese año y el siguiente se hizo la experiencia sólo en el sur de la ciudad y ahora los que se conocen como miniequipos funcionan en La Tablada, San Martín Sur y Las Flores, Ludueña, Itatí, Flamarión Fuerte Apache, Empalme Granero y el barrio de la comunidad toba ubicado en Juan José Paso y Travesía. Se trata de 14 personas distribuidas en equipos que a veces tienen 2 o 3 integrantes, con excepción del de La Tablada, y a veces 1 como ocurre en Las Flores San Martín Sur.

Entre 8 y 10 chicos están en la esquina de Dr. Riva y Berutti, algunos van y vienen y otros aceptan conversar acerca de cómo son sus días. "Nosotros somos pibes tranquilos, no molestamos a nadie, es más cuidamos el barrio porque cuando estamos aquí nadie roba. Sí, consumimos, pero nos prejuzgan pensando que hacemos cualquier cosa. Ayer porque jugábamos al fútbol salió el vecino de enfrente y nos apuntó con un arma". Todos son de "por aquí" "así lo dicen , aunque no precisan dónde queda ese lugar. Pasará un rato para que se decidan a hablar. Algunos viven con parejas, otros con familias, desarticuladas muchas de ellas y sin trabajo o con alguna changa para mucho menos que la subsistencia; en algunos casos van a la escuela, con mucha irregularidad o la dejaron. Cuesta mucho sostener un contacto institucional pero varios de ellos asisten a una especie de taller de arreglos de bicicletas en el centro El Progreso, sobre Grandoli y también intercambian algunas palabras con los integrantes del equipo sobre la concurrencia al gimnasio municipal de la zona centro. A. ya tiene 21 años, vive en uno de los pasillos de la zona de villa que da sobre Grandoli. El tiene mucha resistencia para hablar aunque esta cronista le explica que no es una agente del Poder Judicial, ni abogada y mucho menos policía. Por momentos parece que quiere decir "qué hacés aquí, somos como los demás". Claro que lo son, con tránsitos permanentes por el continente de la vulnerabilidad que suponen las adicciones y las economías con circuitos delictivos que en cierta forma los tienen de rehenes y que se repite en distintas zonas de la ciudad. De todos modos las dos condiciones, adicciones y conflicto con la ley, no siempre están asociadas ni son, en forma tajante, interdependientes. A. dice que va al centro comunitario El Progreso y a una capacitación en albañilería que depende de la Unión Obrera de la Construcción. La nada por hacer y la falta de expectativas son el común denominador con el que deben trabajar los equipos que recorren los barrios.

A pocas cuadras de allí, en Ayacucho al 4000, en la puerta de pasillos zigzagueantes y miserables para la condición humana hay otro grupo de chicos. Ese lugar está muy cerca de calle San Martín y de su importante centro comercial. Quien más habla es C., de 17 años. El está haciendo el curso en el hipódromo: "Creo que el primer mes es para ser cuidador y en el segundo y tercero ya te enseñan a ser vareador de caballos". C. está entusiasmado y le recuerda a Lautaro DAnna, del miniequipo, que haga algunas averiguaciones en una escuela técnica de la zona. Otros se acercan a preguntar por los trámites para acceder al DNI que no poseen. Unos minutos más tarde llega otro C. que cuenta que esa mañana fue hasta el lugar donde a través del Centro de la Juventud de la Municipalidad de Rosario se concretó un convenio para que se pueda aprender carpintería. Allí, en el encuentro en Ayacucho está A. con sus 14 años y una escolarización que se quedó en el tercer grado. "Vivía con mi mamá, después con mi abuela y volví con mi mamá, así que dejé la escuela". No tiene ninguna expectativa del volver al circuito escolar aunque reconoce que se aburre. Cuando se habla de la escuela casi siempre es hacia la "Isabel la Católica", cerca de Ayolas y Grandoli.

El riesgo en cifras

Desde los miniequipos y con las características arriba mencionadas se trabajó con 424 jóvenes durante el 2010. De ese número 316 son varones y 108 mujeres. Del 100 por ciento contactado, el 27 por ciento, que corresponde a 114 personas tiene un consumo problemático "abusivo compulsivo , de sustancias psicoactivas que adquieren relevancia en la situación vital de los chicos. De los 424 jóvenes, 258 personas, el 61 por ciento tiene entre 14 y 20 años, el 19 por ciento, 80 personas tiene más de 20 y 86 chicos, con menos de 14 años, representan el 20 por ciento del total. En cuanto a las situaciones de conflictividad, una expresión que alude a situaciones concretas de jóvenes que durante el 2010 tuvieron conflicto con la ley, con detenciones y procesos en juzgados, el trabajo de los miniequipos señala que es de 89 personas que representa el 21 por ciento del total. Los niveles de escolaridad registran estos guarismos: el 60 por ciento, 253 concurrió al nivel primario, en alguno de sus grados, el 19 por ciento, 83 personas, concurrió al secundario en alguno de sus años y del 21 por ciento restante, 88 chicos, no se tienen datos.

El orden de mayor consumo de sustancias comienza con la marihuana, sigue con la cocaína y luego se ubican el alcohol, las pastillas, los pegamentos y la nafta con frencuencia habitual de consumo. Y ese consumo se da mayoritariamente en los varones, sólo el 12 por ciento corresponde a las mujeres.

Desde los profesionales que trabajan con este sector de la población que se considera en riesgo, se caracteriza a aquellos chicos con quienes se tomó contacto como quienes "se encuentran expulsados de los escenarios públicos y de intercambio, en el borde de las instituciones, fundamentalmente la familia y la escuela, o por fuera de ellas". En cuanto a las estrategias de supervivencia, del totalidad de la población con la que se trabajó, el 34 por ciento está vinculado a algún tipo de trabajo: el 30 por ciento se dedica a changas y cirujeo y el 57 por ciento de los chicos que trabajan están comprendidos en la franja de entre los 6 y los 17 años. El 27 por ciento de la población considerada está atravesada por la violencia familiar.

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"Sí, consumimos, pero no hacemos cualquier cosa", dice la barra de pibes que se junta en Dr. Riva y Berutti.
Imagen: Alberto Gentilcore
 
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