CIUDAD › TERMINARON CON FIESTA LAS JORNADAS DE TRABAJO DEL MOVIMIENTO EVITA EN NUEVO ALBERDI

La militancia ocupó un espacio vacío

La crispación que vive el barrio se diluyó ayer por la tarde pero el diputado Eduardo Toniolli, del Movimiento Evita, advirtió que "la gente sigue con miedo, es una situación delicada". Para los organizadores, se cumplió el objetivo.

 Por Luis Bastús

Al menos en las últimas 48 horas se diluyó la crispación que campea en Nuevo Alberdi desde el 10 de enero, cuando un grupo de narcos baleó a tres militantes sociales y desató una serie de incidentes violentos coronada esta semana con el asesinato de otro joven en circunstancias aún no esclarecidas. El trabajo solidario que 300 militantes del Movimiento Evita desplegaron viernes y sábado en el barrio, alcanzó para transformar el clima de hostilidad y recelo, y se coronó con una fiesta popular en una plaza recuperada. Fiesta que los vecinos empezaron mirándola de lejos, desde el patio de sus casas, y a la que luego se sumaron de buena gana. La incógnita es cuánto durará la autoconfianza que ayer parecía restablecida. La duda habita en miradas que hablan tanto como lo que las bocas callan. Para los organizadores, el objetivo político se alcanzó y fue "ocupar con militancia espacios donde el Estado no se encuentra y ayudar a que la gente se apropie de su barrio y entienda que no está sola, que tiene capacidad de organización propia", definió el diputado nacional Leonardo Grosso, uno de los referentes de la agrupación que construyó esta acción política desde el jueves, con la marcha "Ni un pibe menos", que unió Tribunales con la delegación local de Gobernación.

El baldío sucio que capitalizaba el centro del barrio, entre Bouchard, JJ Pérez, Somoza y Alvarez, ayer ya estaba en condiciones de llamarse plaza y de nominarla "Evita". El enjambre de jóvenes con remeras azules y rojas del Movimiento homónimo pintó a nuevo los arcos de fútbol e instaló hamacas y trepadores. Limpiaron y ensancharon las zanjas, blanquearon postes, cercos y alambrados, cortaron pasto, dieron vuelta el centro comunitario y le llamaron "Buenos vecinos". Estamparon murales aquí y allá con consignas como "Mi barrio es mi patria", "Ni un pibe menos", "La Patria existe, la liberación es posible". Y terminaron con un show que arrancó con un taller de murga, siguió con Los Chamameceros de Nuevo Alberdi, Los Cumbieros, y cerró con el grupo Los Charros. Toda música, nada de discursos. "No quisimos bajar línea. La gente sigue con miedo, es una situación delicada. El subcomisario (Marcelo Fabián) Mendoza dice que el delito bajó desde que él está; pero la gente nos dice que han ido a denunciar hechos y no los atendieron. O sea que no bajó el delito, sino que no toman las denuncias. Bastó la asamblea que hicimos para que la gente pudiera sacar afuera lo que vivió en estos días", señaló el diputado provincial Eduardo Toniolli.

"Hoy los vecinos entendieron que no están solos, que tienen a los compañeros del Movimiento. Acá la presencia más cercana del Estado es la subcomisaría, y justamente es a lo que temen", marcó el diputado Grosso. "El objetivo político fue ocupar desde la militancia lo que el Estado no hace, y lo logramos. Los vecinos reafirmaron su identidad al recuperar el espacio público. Hoy unas señoras nos decían que sus hijos pudieron salir a jugar a la calle", agregó.

Venido desde Florencio Varela, José Basualdo, de una de las cooperativas del plan Argentina Trabaja que se sumó a la jornada solidaria, comparó: "El barrio no es tan humilde como los que conocemos, pero se nota mucho la inseguridad, el miedo que la gente siente por la droga, la delincuencia. Eso me llamó la atención". Mientras sus compañeros descansaban agotados tras dos días de trabajo duro, Nacho Rico, referente local de la JP Evita, definió la postal del momento como "una respuesta social y política, militante, al caos que dominó al barrio, y luego de haber perdido un referente como Ramón", en alusión a Ramón Ferreyra, padre de dos de los jóvenes baleados hace quince días. El hombre que debió acogerse al Programa Nacional de Protección de Testigos por haber sido amenazado luego de denunciar connivencia entre los distribuidores de drogas de la zona y la subcomisaría 2ª.

Somoza al 3400 es la cuadra donde ocurrió aquella balacera, y donde funcionaba el kiosco de drogas que los vecinos demolieron. No fue casualidad que ayer los jóvenes eligieran la columna de enfrente para instalar la primera farola de las que irán colocando en los días siguientes.

Junto al trailer que sirvió como escenario musical, funcionó un consultorio de pediatría, clínica, ginecología y odontología. Las madres y niños que hicieron fila bajo el camión sanitario hicieron concluir a los voluntarios que "falta control de embarazos, se ven heridas sin tratarse, carnets incompletos de vacunas y los chicos que se vienen a controlar los dientes solos", observaron.

Enfrente del centro comunitario, un matrimonio miraba manso y complacido el despliegue de los zanjeros, los pintores y los murgueros peronistas. En diez años de residencia no habían visto algo así. Otra pareja de vecinos celebró la movida. "Este momento es fabuloso, la idea es evitar que vuelvan a poner el bunker. Pero la verdad se verá el lunes o martes, cuando estos chicos no estén. Ahí va a depender de nosotros: reactivar el centro comunitario, mantener la plaza. Acá estamos medio abandonados: nos inundamos, para mandar los pibes a la escuela tenemos que llevarlos al otro lado de la ruta 34, y para ir al centro de salud tenemos que pasar enfrente de los narcos", describió. Su compañera, que vende el pan casero que él elabora, se preocupa por la suerte de su hijo de 12 años. "No quiero que ande por la calle así. Acá veo chicos de 9 años drogándose", dijo.

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La fisonomía del barrio cambió por la intervención militante, que convirtió un baldío en la plaza Evita.
Imagen: Sebastián Granata
 
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