CIUDAD › UNA MUJER QUE SUFRIó VARIOS PUNTAZOS PIDE QUE EL AGRESOR QUEDE DETENIDO

Encerrada y lejos de casa por temor

A. S. vivió seis meses con un hombre y cuando quiso terminar
la relación, fue hostigada y amenazada. El pasado 16, él la
esperó en su casa, y la hirió. Pide mayor respuesta judicial.

 Por Sonia Tessa

A.S. está asustada y enojada. "Nosotros estamos encerrados, y él está suelto", le dice por teléfono a la psicóloga del colegio de su hija. Desde la madrugada del domingo 17 de julio, nada es como era en su vida. Tuvo que mudarse a la casa de su madre con los tres hijos de 15, 12 y 10 años. El del medio tiene una discapacidad. El responsable de todo esto es Cristian Ariel Contreras, su ex pareja, que le asestó cinco puntazos, a las 6 de la mañana, en la puerta de la casa de ella. Todo empezó cuando A. le pidió que se fuera de la casa que compartieron por seis meses, porque él no trabajaba y ella no quería seguir manteniéndolo. Comenzaron las agresiones y un día, él le pegó y quiso ahorcarla. Ella llamó al 911, lo sacó la policía de la casa. En los cinco meses siguientes, la persiguió y la amenazó. "Si me dejás, te voy a hacer la vida imposible". El sábado 16 de julio, A. salió con sus amigas, y al volver, lo encontró en la puerta de su casa. El la hirió en el cuello, ella atinó a correr hacia la casa de sus amigas, él la siguió atacando de atrás. Ella no alcanzó a ver el arma cortante. Sufrió heridas leves, pero desde entonces, él la sigue amenazando: "Te voy a matar, esta vez no voy a fallar". Molestas porque el Ministerio Público de la Acusación no dispuso la captura de su ex pareja, A. y su prima C. pegaron carteles con la cara del agresor en todos los lugares que pudieron. En bares y vidrieras disponibles, con una cinta adhesiva, pusieron la cara de Contreras.

Para A., lo más indignante es que la justicia no considere que se cometió un intento de femicidio. Ahora, con patrocinio del Centro de Asistencia Judicial, pedirá la prisión preventiva hasta el juicio, dado que las amenazas dejan al descubierto la peligrosidad procesal. Sin poder volver a su casa ni mandar a las nenas a la escuela, A. está pendiente de un pedido de captura judicial. "Quiero trabajar y estar en mi casa porque lo necesitamos, los chicos y yo", subraya Alejandra como pedido a la justicia y también en rechazo a la posibilidad de ir a un refugio para mujeres en riesgo. "Me quieren encerrar en un refugio y yo necesito trabajar, salir", dice la joven. Desde que ocurrió el ataque, cuenta con un botón de pánico.

Las agresiones de Contrera crecieron con el tiempo. "Me empezó a tirar basura en la puerta de mi casa, yo no sabía realmente quién era, los vecinos me empezaron a decir que era él, hasta que un día me prendió fuego la basura en la puerta -relata A.-. La chica de al lado le tiró dos baldes de agua porque nosotros estábamos adentro con los chicos durmiendo, a las 1 y media de la mañana. Yo le hice la denuncia y la prohibición de acercamiento. Eso fue el 10 de julio. Todos los vecinos me decían cuidate con el pelado. Hasta que llegó el sábado 16 de julio". A. es empleada doméstica. Hasta que fue agredida, trabajaba cuatro veces por semana en una casa de Funes y otras dos veces en una casa del centro de Rosario, por horas. Vive en Rouillón y bulevar Seguí (aunque ahora está refugiada en otra zona). Está en negro, sus empleadores de Funes ya le dijeron que no vuelva. "Ahora no cobro ni trabajo, no hago nada porque me quedé sin trabajo. Tienen miedo de que me agarre en la puerta de ellos, como trabajo en negro", relata sobre lo desesperante de su situación, sin posibilidad de desarrollar su vida habitual.

A. fue el lunes con dos testigos a la Fiscalía. Como había terminado la feria, su caso lo tomó la fiscal Raquel Almada, de la oficina que se ocupa específicamente de violencia de género. Está asistida además por dos trabajadoras del Teléfono Verde, a quienes llama como "Alejandra y Rosita", y las considera "un amor", y también la acompaña Fernanda Serna, de Ademur. Su único interés es lograr que Contreras quede detenido, para volver a su casa con sus hijos, y recuperar la tranquilidad y la libertad que en estos meses se le escurrieron de las manos por el hostigamiento de su ex pareja.

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Los carteles que A. y su prima pegaron en lugares públicos.
 
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