LECTURAS

La mesa de los galanes

 Por Roberto Fontanarrosa *

Al Francés lo volvieron a ver en la vereda de enfrente de "El Cairo", la tarde en que Ricardo le estaba contando al Zorro sobre el día aquel

en que Moreyra corrió a los putos del baño con el trapo rejilla.

-Hace mucho que no aparecía ese naipe -interrumpió su relato Ricardo,

estudiando la figura del Francés que estaba conversando animadamente con

otro tipo, justo en la esquina del Banco Italiano﷓. Andaba desaparecido.

-Dejalo -se desinteresó el Zorro mientras se mordisqueaba una uña-.

¿Y che? -apuró después, pegándole una palmadita a Ricardo en el brazo-.

¿Cómo fue lo del Negro con los trolos?

-No -insistió Ricardo-. Porque antes caía tupido por acá.

-Dejalo, boludo. No le hagás fiestas que por ahí se viene. Contame lo de los trolos.

-Venía siempre.

-Ya sé, gil. Si yo también venía. ¿O no venía yo?

-Claro, antes de que te fueras a Buenos Aires.

-¿Para qué lo querés? -murmuró despectivo el Zorro, y volvió a palmearlo a Ricardo en el brazo-. Contáme la del Negro que ésa es mundial.

Estaban los dos sentados en la Mesa de los Galanes pero un poco antes

de la hora habitual de la tertulia (las siete, las siete y media de la

tarde), los dos dando la espalda a los baños, del mismo lado de la mesa, mirando hacia calle Sarmiento. Una muy buena ubicación para tener controlada la entrada de la ochava, aunque el Zorro quedaba medio tapado por la columna que estaba a su derecha. La columna donde se había colgado la foto enmarcada de la visita del Nano Serrat, foto tras la cual (hasta hacía algún tiempo) había estado oculto el Pequeño Larousse Ilustrado que trajera Malena después de la severa discusión armada una noche en derredor del significado de la palabra "frontispicio".

-¿Vos no estabas, boludo? -retomó Ricardo-. ¿O ya te habías ido para

esa época?

-Ya me había ido -siguió mordisqueándose una cutícula el Zorro.

-Huy, yo creí que ya lo sabías. Te acordás que el baño era una convención de putos...

El Zorro se encogió de hombros, enarcando las cejas, en una muda afirmación de su conocimiento del tema.

-Había horas en que no se podía ir. Horas pico -recordó Ricardo-. En

cualquier momento te manoteaban el ganso...

-O había tipos con los lienzos bajados hasta los tobillos. Con el culo al aire... ¡Para mear! ¡Oíme!

-Por eso mismo, por eso mismo... Y un día el Negro Moreyra se calentó, se ve que vino alguno a protestarle y el Negro se calentó y entró en el baño a los gritos: "¡Fuera, degenerados, que vienen criaturas acá"! Y entró a darle chicotazos con el trapo rejilla...

-¡No me jodás! -se rió el Zorro.

-Meta chicotazos en el culo. Húmedo del trapo rejilla, ¿viste?

-El Negro es un sueño. El Negro es maravilloso, es para llevárselo a la

casa.

-¡La desbandada de trolos! -Ricardo se sacudía de la risa-. ¡Piraron

todos para la calle!

* Fragmento de "La Mesa de los Galanes y otros cuentos" (Ediciones de la Flor, 1995), reproducido también en el libro "Historias de El Cairo".

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    Por Roberto Fontanarrosa *
 
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