soy

Viernes, 4 de junio de 2010

Alto voltaje

 Por Paula Jiménez

Dos desenfadadas adolescentes corren por las veredas de una ciudad y se chocan con la gente. Las veo y quiero ser una de ellas, ¡quién pudiera! Ser joven y correr, pero con ímpetu y con ganas, no con la desesperación de Corre Lola, corre. La música de la escena dice algo así como que alrededor todo camina “lento, lento, lento”, pero el sonido está tan al palo que no se entiende mucho la letra. No importa. Importa el agite, la velocidad con que le ganan al tiempo. Durante las escenas siguientes del spot publicitario del Segundo Circuito Disidencia Sexual “Por un feminismo sin mujeres”, ambas adolescentes se pintan bigotes, se ponen calzoncillos, camisa y bailan sobre la cama. Algo de la letra se entiende ahora: “las veces que me has dicho gorda/ imbécil, idiota, que estudie para ser buena persona”. Pero cantan y se burlan de los hostigadores: la parodia desbarata estos estereotipos y cuestiona la “naturaleza” de semejante autoridad. El torbellino de imágenes parece trasladarnos a un momento futuro y tal vez lo sea, pero hay algo que nos queda claro al leer el programa del Circuito: el futuro ya es, hace rato. Para la CUDS (Coordinadora Universitaria Disidencia Sexual, que más que correr, vuela), la idea de la diversidad fue descartada por aludir a la tolerancia y se acuñó, en cambio, el término “disidencia”, que plantea una posición enfrentada y cuestionadora. Sí: son más punk. “Las armas de lucha de la disidencia sexual son tecnologías de subversión espacial y caseras hechas a mano (...) Elaborar una prótesis, subvertir las formas de utilizar el cuerpo femenino, y la creación de stencils para situar en la misma ciudad la crítica de la disidencia sexual”, reza la explicación sobre el taller de “Artesanía posfeminista”, que tendrá lugar en este encuentro. ¿Pero por qué un feminismo sin mujeres? El programa del Circuito nos informa que “un feminismo sin mujeres es la construcción de un discurso contrario a las estructuras hegemónicas, reconociendo que incluso aquello sindicado como natural es la cita de una arquitectura de poder”. Es que lo que este encuentro se propone no es poca cosa: poner en cuestión el signo “mujer” inscripto con arbitrariedad en los cuerpos por una cultura binaria y arcaica, y discutir los viejos principios del feminismo, como también los patrones tradicionales con que las sexualidades no heterosexuales se han venido manejando. Para esto se pondrán en marcha una serie de talleres y paneles de exposición y debate a cargo de destacadas voces, como las de la escritora Diamela Eltit, Nelly Richard o Alejandra Castillo. Este evento, que tendrá lugar entre el 1º y el 11 de junio y se realizará en la Universidad de Chile y la Universidad Arcís, de Santiago de Chile, parece estar cercano, más por sentido que por homofonía, a un verdadero “cortocircuito” —tal como lo nombra el slogan del spot—, dispuesto, como pocos, a sacar chispas.

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