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Viernes, 10 de septiembre de 2010

A LA VISTA

Contra los agentes transfóbicos

Angelina Jolie, ese icono lésbico que cualquiera querría como madre.

 Por Diego Trerotola

Desde comienzos de este año, las fotos de la prensa quisieron convertir cada paseo público de Brad Pitt y Angelina Jolie con sus hijos e hijas en una pasarela del escándalo, como una versión de fashion emergency absolutamente reaccionaria. Especialmente, cada vez que Shiloh, de cuatro años, uno de los hijos naturales de la pareja que tenía asignado el género femenino desde su nacimiento, comenzó un período de cambios que aún continúan. Primero, apareció vestido con pantalones y corbata. Después, se recortó sus mechas rubias hasta lograr un corte de pelo taza, que muchos identificaron con una profundización de su masculinidad. Ahora, según declaró su madre recientemente, no sólo prefiere que lo llamen John, por su amor por el personaje de Peter Pan, sino que también “quiere ser un niño”. En una serie de entrevistas, además, Angelina Jolie dejó en claro su forma de educar a sus hijxs: “Creo que lxs niñxs deberían usar lo que quieran y expresarse por ellxs mismxs, así que les damos distintas opciones. Shiloh lloró y dijo: ‘Por favor, no quiero tener el pelo largo’. ¿Y se lo voy a dejar largo porque alguien piense que debo hacerlo? Quiero hacer lo que está en su cabeza y en su corazón, y creo que vestirse así es maravilloso”, declaró a la revista Vanity Fair. Además de a Shiloh, Jolie & Pitt, que comenzaron su relación en 2005, crían a Maddox de ocho años, Pax de seis, Zahara de tres y lxs gemelxs Vivienne y Knox de sólo dos. Habiendo decidido pensar en una educación en la diversidad para su familia multirracial, la pareja decidió no casarse como postura política a favor de la aprobación del matrimonio igualitario en todo Estados Unidos, declarando que sólo cuando “sea legal para todxs” ellos también se casarían. Frente a tanta libertad asumida públicamente, la prensa de derecha no esperó para mostrar sus garras moralistas especialmente después de saberse que además de la tendencia trans de John, al hijo mayor, Maddox, se le compró un set de manicura. Así que la prensa arremete con todo contra Angelina Jolie, con acusaciones absurdas como que educa en la “confusión de géneros”, y que “reprime” el género natural de sus hijxs. Obviamente, apuntan a culpar de esa supuesta mala educación de las criaturas solamente a Jolie, como si Brad Pitt no tuviese nada que ver. ¿Será porque los periodistas piensan que la vida abiertamente bisexual de la madre puede “desviar” a sus hijxs? Todo el combo de noticias, leídas al hilo, tiene tanta carga de conservadurismo que acumula niveles de complejidad discriminatoria, y se puede hablar tanto de transfobia como de bifobia. Pero Jolie no amilana, va a los talks shows como el de Oprah Winfrey, para defender la posibilidad de una infancia sin imposiciones. Claro que si bien algunas voces de supuestos profesionales de las revistas de espectáculos dicen que no es “sana” la educación donde no se “diferencia a los géneros”, otras personas sostienen que escuchar a un hijo de cuatro años y apoyarlo en sus decisiones es ejemplar. Lo cierto es que la Jolie, niña guerrera como es, sigue dando batalla a la mediocridad y avanzando también en su calidad dykon, es decir, de icono lésbico. Y, si no, miren Agente Salt, el último estreno de Angelina Jolie como heroína de acción, con un poder de seducción superlativamente trans. A modo de drag king, Jolie interpreta a una espía de inteligencia y destreza física insuperable que se hace pasar por hombre a la mitad de la película. Y así Jolie logra una transformación antológica, comparable a la sofisticación de Tilda Swinton en Orlando, de Cate Blanchett haciendo de Dylan en I’m not there, o incluso a la clásica estampa de Marlene Dietrich en tuxedo. A pesar de estar dentro de una superproducción de Hollywood, con toda la pirotecnia de rigor, la película logra que también su personaje de ficción pueda, por momentos, ser una continuación a su manera de concebir los géneros, para desmarcarse de los convencionalismos represivos, para que circule una seducción más libre. Con ese crossdressing que adquiere dimensiones políticas, y con una escena de una bombacha que tapa una cámara de vigilancia, Jolie desafía al ojo que controla y reprime los juegos de seducción para que su acción descentrada pero firme haga del sexo y el género una performance ideológica en pos de una diversidad dinámica.

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