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Viernes, 10 de septiembre de 2010

WEDDING PLANES

Yo no quiero ver al enfermero

 Por Silvina Maddaleno

Si algún extraño manifiesta alguna duda acerca de cómo es que nuestro núcleo familiar está compuesto por dos madres y sus hijxs, soy la primera dispuesta a sacar de la ignorancia al solicitante. Pero a veces es conveniente evitar las explicaciones. Cuando viene a casa alguna persona convocada para solucionar algún desperfecto técnico, llámese plomería, electricidad, etc., la práctica indica que “a mayor información, menor concentración”, por lo que si una quiere que el botón del baño deje de perder no conviene hablar más que de flotantes y boyas obturadoras. Pero existen otros visitantes que requieren –no sé si por protocolo o por razones científicas– de información que debe ser suministrada. Me refiero a los médicos eventuales que concurren al hogar cuatro o cinco horas después de haber sido solicitados.

La semana pasada, ella no se sentía nada bien. Después de mucho insistirle, llamamos al médico. Cuando llegan, médica y enfermero se presentan. En el ascensor los pongo al tanto de las dolencias.

–¿Sos pariente de la paciente? –pregunta la doc.

–Sí –respondo sin hacer caso de las instrucciones de mi mujer frente a las inquietudes galenas: 1. “Contestá sólo lo que te pregunten.” 2. “No cuentes la novela de nuestra vida en nueve pisos de ascensor, es mucha información y poca altura.” 3. “Nada de historias de amor y trillizos antes de la atención médica, acordate, lo que siempre nos pasa: se olvidan a qué vinieron.”

Entramos al departamento. Nuestros hijos, de tres años, correteaban por el living reclamando atención, como siempre, llamándonos mamá a las dos, como siempre. Siguiente pregunta del dúo sanitario.

–¿Sos la hermana, vos?

No quería mentir y quería adherir a las recomendaciones. Me pareció que estaba tardando mucho, y sin más les dije todo de corrido:

–No, ella es mi esposa y estos son nuestros hijos.

Ella estaba desahuciada en la cama, retorciéndose de dolor y sin fuerzas casi para alzar la vista. A duras penas contestó sobre su edad y dolencias.

Mientras le tomaba la presión, el enfermero, poniéndose serio, le preguntó:

–Disculpá, pero, ¿cómo hicieron para tener a los nenes?

Mi mujer me miró de soslayo como queriendo matarlo, pero un instante después sonrió débil y le dijo dulcemente:

–Como todo el mundo, teniendo sentido de la oportunidad. Ahora si alguno de ustedes dos podría sacarme este dolor, se los agradecería muchísimo.

–Sí, claro –contestó el hombre del estetoscopio.

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