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Viernes, 4 de marzo de 2011

Desnuda de Carnaval

 Por Fernando Noy

Bahía de Todos los Santos, Salvador, Brasil, es uno de los pocos lugares donde existen Blocos y Tríos Eléctricos. El Bloco es una agrupación Momesca de amigos que se reúnen cada año como bandadas felices y celebrando ese orgasmo colectivo, ese éxtasis profano del genial Carnaval. Disfrutan adentro de un corralito hecho por sogas que los distingue sin separarlos del resto. Los Tríos son diversos vehículos desde caminones enormes a ómnibus decorados con inmensas orquestas de tambores a cada lado, ante los cuales la gente grita y se agita como poseída por un flash de alegría y placer desenfrenada, desaforada, incansablemente. Sobre los techos van sus atracciones, que son los divos y divas de cada gala. Tuve el honor de aparecer en el Dodó y Osmar cuando todavía estaba Armandinho y en el de Os Novos Bahianos junto a otras diosas del revolado.

También salí en el de Bolco Jacú, que tenía una especie de combi con rayas de cebra espectacular y en el que reinaban Luz da Serra y Divina Valeria, entre otras.

Sobre su techo yo iba no montada sino semidesnuda, bailaba como un implícito homenaje a la celebérrima Luz del Fuego, la megaestrella de Brasil que tenía una isla nudista en Río.

Dado el suceso de otros escandaletes innumerables fui apareciendo en diversos medios cuando los corresponsales apostados en Bahía difundían la presencia de alguien que “parece mentira pero es argentina” o “la gringa Negra” o “Barbarella chegou barbarizando”. Yo era delgadísima, culona y me había desteñido el largo pelo con el salitre, además de estar completamente dilatadas mis pupilas a causa de lo que fuera pero siempre algún vehículo maravilloso cerebrocorporal. No bailaba como los dioses, ellos bailaban dentro de mí. Salía a veces en Blocos, pero mi especialidad era arrasar en la Escalera del Pecado de Praza Castro Alves. Fue así que el legendario Joanzinho Trinta quiso contratarme como “destaque” en su Escola Tricampeona de Samba Beijaflor. No fue posible. El año anterior a su convite estalló la bomba del Plan Cóndor obligándonos a dejar Brasil a muchos extranjeros.

Igual antes de partir pude tener la enorme alegría, placer y honra de desfilar en el Bloco Filhas de Ganhi que era una réplica al Gran Clásico Filhos de Gandhi, integrado por negros sólo hombres, con excepciones como Rogerio Duarte o Caetano Veloso, nada menos.

GLICERIA, así todo con mayúscula, hija directa de Maga, la orixá Madre de Santo Meniniha de Gantois, decidió crear el Bloco sólo con mujeres, también la mayoría negras pero con invitadas de lujo como Nilda Spencer, Petunia Maciel, Sonia Barga y otras blancas celebridades.

Me invitó a “prestigiar” su formación y dudé en aceptar el convite. Otro gran éxito colectivo sin saber que para mí sería el último. Además de blanca era la primera trola que salía con ellas. Diseñamos un vestido inspirado en aquel soirée blanco usado por Mirelle Darc todavía esposa de Alain Delon, tan parecida a Amanda Lear, que le dejaba la mitad del culo al desnudo. Chic y brutal.

El mío era en satén dorado, sin muchos aderezos, que siempre se destruyen en el frenesí del baile y una joya caída puede ser el peor puñal para quienes bailan descalzos. Eso sí, jamás usé afeites tipo tetas falsas o la pechera hasta el cuello cubierta de luciérnagas de strass y buzios o caracoles bordados por Manú, otra ídola hippie con quien pasé un verano en Arembepe. Manú ya había hecho esos vestuarios alucinantes para el debut de Doces Barbaros, el primer show que dieran juntos por todo Brasil el sacro tándem de Gal Costa Maria Bethânia Caetano Veloso y Gilberto Gil. Axé!

El año próximo me regalaré para mis sesenta abriles el retorno a la increíble, fabulosa, única Bahía. Llegaré en Carnaval. Antes llamaré a Nonato Freire, uno de sus reyes, y claro que a Glicéria y a Mónica Millet y juntos les daré la gran sorpresa al grito de “Aún estoy viva”. Podéis creer. Así será. Así sea.

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Imagen: Noy: gentileza Gaston Ezcurra
 
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