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Viernes, 14 de junio de 2013

ESPECIAL DIA DE LA FAMILIA

El colibrí canta hasta morir

En estos días presenta su nuevo disco Buena vida, poca vergüenza y también debuta en cine con la película Andrea, donde interpreta a una mujer que un buen día se despierta con una voz rara, demasiado grave. Susy Shock, representante de lo que ella misma llama el género colibrí, imposible de atrapar, clasificar o clausurar, es esposa por partida doble, padre y marica en constante autoconstrucción, legendaria poeta y bagualera, voz infaltable en toda fiesta y toda lucha que pretenda llamarse diversa, rara, monstruosa.

“Yo, pobre mortal, equidistante de todo, yo DNI 20598061, yo primer hijo de la madre que después fui, amazona de mi deseo, perra en celo de mi sueño rojo, yo reivindico mi derecho a ser un monstruo, ni varón, ni mujer, ni XXY ni H2O.” Así comienza el no credo de Susy Shock, madre nuestro de cada día y amén bagualero. Su postura, militante y corporal, no elige entre una cosa u otra sino el vaivén, libar como el colibrí, el aleteo que nunca es entre dos puntas, hombre y mujer, sino una y otra vez a la flor, a ver qué sale. Sí, va a todos lados, animadora de casamientos igualitarios o cumpleaños de fans que va cosechando en giras y yires por el país propio y de hermanos. Recibe en bambalinas, reina y okupa del Teatro Burlesque, norteña de infancia, síntesis exasperada de Mercedes Sosa y Tejada Gómez, capaz de meter tradición y miedo cuando lanza la voz, ella empezó de chiquito con los abuelos, la familia tucumana a la que siempre vuelve, que eran muy de bailar y que le alimentaron las agallas Valladares de meterse días enteros en Amaicha y otros valles para ir a robarles el espíritu y los buenos modales a las copleras. “Como no sé nada de música, para decir mis coplas elegí la caja bagualera, que es más una compañera que un instrumento en serio: la caja no tiene notas, es una resonancia, la tocás y te vibra adentro, suena distinto según la vibración del espacio, según la humedad o la temperatura.”

Pero la verdad es que en el “Combo Susy Shock”–larga peluca caramelo con un aire a Cristina, vestidos de colores hasta la rodilla como pintados, sandalias altas en invierno o verano y pestañas de papel, si no de cartón–, la caja de resonancia se parece mucho más a la mochila de un adolescente ekeko: cintita arco iris, tatuaje ideológico, un cambalache de siglas, medallas, la foto de la Pepa Gaitán... “¿Viste? Sí, le voy poniendo lo que me dan y lo que quiero, afecto e ideas. Esta cajita empezó hace cuatro años y ya no le entra nada. Me estoy comprando ahora una caja nueva, adolescente. Los vestidos... es como vos decís. Se los puede poner cualquiera, son un talle único que no deja afuera a nadie, los hacen Sol Penelas y Ale Faisa, es un proyecto autogestivo que estamos acompañando también con Marlene, ropa inclusiva de verdad.”

Cuando empezó, medio a escondidas, a eso de los veinte años, a jugar a montarse con varios amigos, ya se llamaba Susy Shock, nombre que completa su perfil no tan de trava sino de outlook trava, hecho con retazos y objetos de descarte, prendas nostálgicas y sutiles, que incluye fragmentos de poemas, y las lecturas de una poética militante de Tuñón a Violeta Parra.

“Pensaba en la Susana pre milicos, pre Monzón y pre platinado, un nombre de patria (sí, patria mediática), como ponerse Maradona, de lo mejor y lo peor que nos representa.”

Parece un nombre de chiste, un seudónimo, algo para sacarse y ponerse.

–En algún momento, cuando Susy creció, me pregunté un poco eso. Pero cuando vienen los ochenta y leo que los milicos, cuando torturaban con la picana, decían “ponele la Susanita” (por lo de hacer shock) entendí más y me pareció que estaba bien elegido, cargar con la propia historia.

¿Y las pestañas?

–Bueno, viste que tengo un libro que se llama Poemario transpirado, y no es casual. Es verdad, yo transpiro mucho en el escenario. Así es que antes de que se terminara la fiesta siempre había perdido al menos una, y un par nuevo por noche es un presupuesto. Por eso empecé a fabricármelas en casa, cortando y pintando boletos. Ahora, en los recitales, las revoleo. Como el guitarrista regala la púa, yo regalo mis pestañas.

Agenda propia

Decidora guarra pero con acento maternal, la invitan siempre para “cerrar” eventos, justo a ella que propone, con cuerpo y textos, abrir y seguir abriendo la crisálida. Su lema, el más conocido, combina una cierta vagancia tan atribuida a la siesta provinciana, con cierta mala intención de quien le está tirando el peor fardo al gil que viene atrás: “Reivindico mi derecho a ser un monstruo. Y que otros sean lo normal”.

–Sí, me ves en muchas partes, pero te aseguro que no sabés en todas las que no me ves. Les digo a muchos: “Si necesitás un cierre, ponete un DJ”. Por ahí me dicen: “¿Viste que mataron una trava acá? ¿Por qué no te escribís una canción?”. No puedo ni quiero. No quiero ser una opinadora de Facebook. Quiero jugar. Jugar es inquietar, agarrar la masilla y dar nuevas formas. Creo que está faltando un diálogo más profundo con las organizaciones. Muchas veces la gente te ubica en el moño del regalo, como que el arte está a disposición y es un adorno. No se está entendiendo que somos parte, o que somos vehículo vital, en el discurso político, no reconocen el poder de convocatoria que le damos a la mesa de debate. Pienso que no estamos pensando tácticas nuevas como militancia, ¡teniendo un Papa como el que tenemos!, quedamos shockeados. Salieron leyes importantísimas, es el momento de que la militancia pegue un vuelo creativo.

¿Por ejemplo?

–Acercamos al resto de la sociedad. Por ejemplo, concentrarse en el derecho al aborto o en la separación real entre Iglesia y Estado, porque eso implica un cambio cultural. Me parece que se está pensando en chiquito, en un interés de poco vuelo, en cómo conseguir dinero para una ONG. Y otra cosa que me hace ruido es tanta corrección, miedo a romper, a mostrar lo inmostrable. Me parece que viene muy bien la presencia de una Marlene Wayar o, desde otro lado te digo, inclusive una Leonor Silvestri, que rompen mucho las pelotas, a veces muy incómodamente.

Que falta monstruosidad...

–Claro, habiendo tanto para discutir: el canon de belleza, el de feminidad y el de la masculinidad, que están absolutamente ligados y de los cuales nuestra comunidad es absolutamente esclava. Es muy loco que siendo modelos para minorías nosotrxs todavía no hayamos gestado la rebeldía. Porque somos todos más monstruos que Valerias Mazzas, todxs queremos ser Valerias Mazzas.

En la crisis de 2001 ya estaba Susy cantando en los piquetes. ¿Era la misma?

–Siento que en estos casi 30 años de oficio, me pasó muchas veces coincidir con la coyuntura política y social del país; estuve en el debate del matrimonio y en 2001 no hubo asamblea, piquete, fábrica recuperada, donde no estuviera yo y otrxs tantxs como yo. No sé si es que hay artistas que venimos insistiéndoles a ciertas ideas que en un momento puntual se junta con muchxs otrxs que se avivan o dejan de prestarles atención a otras cosas, no sé... Pero sé que andaba yo cantando también en los ’90. Mi compromiso es con esa agenda propia de un arte militante sin tanto apego al calendario.

¿Cuál es tu agenda?

–Pienso en lo que me trajo hasta acá: ser un ser sin género, sin necesidad de que un documento me confirme lo que soy, pero saber que a su vez un documento puede garantizar la felicidad de las personas que amo. Más allá de que soy poeta, actriz y cantante, elegí un modo creativo de vivir. Sentirme muy querida y a la vez saber que en la calle, cuando soy una más, no me protege Susy Shock, soy la trava changuanga que se liga lo que todas. Pero no lo siento como un insulto personal, me bajo y puedo ser la más machaza peleando, porque sé que detrás de mí otra hay otra que liga.

Dilecta amiga, amante esposa y padre

–Soy Daniel con peluca, soy Susy con el Daniel que he sido y que soy. Daniel Shock, Susy Lazarte. No sé... Por ahí un día hago como Prince y me convierto sólo en un símbolo y empiezo a llamarme nada. Daniel está todo el tiempo, no es una etapa superada ni a superar. Entiendo que lo que me pasa a mí no es la regla general de una persona trans.

¿Por qué pensás que se da esa convivencia tan armónica?

–Daniel ha sido un niño querido por su padre, por su madre, yo amo esa foto de infancia y amo a esa parte masculina que me trae a esta forma femenina. Entiendo que una trava queme la foto y el nombre, porque la violentaron. Incluso no sé qué hubiera pasado conmigo si las cosas se daban de otro modo, más abierto.

Muchas veces hablás de la crisálida y de un futuro donde hay más transformaciones.

–Es que cambié mucho, yo sola y gracias a la mirada de los otros. El encuentro con la Berkins fue un bautismo de fuego (“Pero vos sos trava, loca”, recuerdo que me dijo cuando yo todavía no lo veía en esos términos) y con Marlene, mi gran amiga, otro más. Qué pasaría si conseguimos una infancia y adolescencia donde se permita una evolución propia que no tenga que ver con estar ligada a sobrevivir y a la defensa frente a la violencia. Crecer en paz. ¿Qué sería cada uno si no tuvieran que estar huyendo del golpe, de la ignorancia, del ser expulsados, de qué comer hoy y modelos de feminidades y masculinidades? Yo qué sé que sería Susy si hubiese tenido mi generación la posibilidad de encontrar el modo de transitar nuestras sexualidades e identidades. Trato de ampliar las cosas para Anahí, mi hija, para los que van llegando. Pero sé que yo no dejo de estar repleta de modelos, porque también soy de lo que voy pudiendo ser.

¿Cómo te llevás con tu hija?

–Excelente, nos queremos mucho. En aquellas fiestas que te cuento, yo tenía 22 años y ya era padre de Anahí, ella era bebé. No era un secreto para mi familia, mi mujer de entonces sabía. Luego me separé y luego conocí a Eduardo, que hace veinte años es mi amor, mi compañero. Unos diez años después llegó Mauri, también mi amor, pero Anahí ya era más grande entonces.

¿Tuviste un plan comunicacional para ayudarla a entender?

–A Anahí nunca se le dijo nada, no se le dieron explicaciones, Edu era Edu, no el tío ni el padrino. También es verdad que somos de otra generación, así que no nos besábamos en la calle ni andábamos como maridos. Me acuerdo de que un día se sentó, no sé si a preguntarnos, pero era claro que algo quería saber. Ella tenía 11 años y estaba en sexto grado. Le explicamos, lloró un poco, pero no sintió una estafa. Al otro día todo siguió como estaba. Es que en realidad yo no mentí y ella siempre estuvo aunque no pusiéramos subtítulos. Me ayudaba a vestirme en esas pruebas de ropa para los ensayos que duraban más de lo que debían durar... La otra vez, una amiga de su infancia, que vivía al lado, se acordaba mucho del placard y de la ropa, que se divertían mucho viniendo a mariconear a casa.

¿Anahí vive con vos? ¿Dirías que corre con ventaja, en cuanto a caídas en el machismo o la homofobia?

–Empezó a vivir con nosotros en el secundario, luego quiso seguir Bellas Artes y la contuvimos para que estuviera cerca, a su vez la mamá hiperpresente. Hoy es una artista, que a veces toca directamente temas de diversidad, explora otras feminidades y otras veces nada que ver. Si le pedís que interprete el concepto de lo trans, creo que Anahí no te puede dar una clase. De lo que sí me doy cuenta es de que no elige cualquier tipo, tiene que tener una formación sensible. Y eso sí creo que es resultado de unos padres que no sólo no desprecian sino que valoran la feminidad. No le cabe un macho al lado. Pero, bueno, pongamos que no tengan miedo, que estos raros hasta hacen hijos heterosexuales.

¿Es verdad eso que dicen por ahí, de que tenés dos maridos?

–Sí. Bueno, yo porque soy la famosa, y entonces es Susy y sus dos maridos. Pero desde el punto de vista de ellos, para sus amigos, yo soy uno de los dos maridos de Edu o de Mauri. Pero sí, vivimos los tres juntos. Y más que un trío es un círculo.

¿Cómo empieza la historia de amor?

–Cuando conocí a Edu, hace 20 años, cada uno vivía con sus viejos, nos encontrábamos en un tronco que había en Avenida Gaona, allá por Ituzaingó. Un año así. Luego nos fuimos a vivir juntos, él era un flamante contador público, que armaba su bufete. Invertimos, compramos una casa y nos destruyeron los noventa, nos fundimos. Me acuerdo de que Eduardo volvió a ese tronco y arrancó un pedazo. “Volvemos al tronco”, me dijo. Era un desastre y él lo tomaba como una invitación romántica. Esa es una de las lecciones que me dio el amor de Edu, aprender a despojarse. Yo fui pensando en dedicarme al arte y él a dejar su profesión y empezar a estudiar para ser docente de Literatura. Hoy en nuestra casa guardamos ese pedacito de tronco.

¿Cómo aparece Mauri en la vida de los dos?

–Estábamos en crisis, pensando en separarnos. O mejor dicho, separados pero viviendo en la misma casa. Teníamos muchas cosas en común y nunca dejamos de llevarnos bien. Yo empiezo a salir con Mauri. Y por esas cosas de las neurosis o del amor, cuando mejor estoy con Mauri, que en ese entonces tenía 21 años, es decir diez menos que yo, empiezo a llevarme mejor con Edu. Volvimos a tener sexo. Volvimos. Mauro, que estaba buscando una pareja convencional, cuando supo esto no lo entendió y entonces decidimos separarnos. Pero enseguida empezamos a sentir que así tampoco estaba bien. No podíamos estar sin eso raro que nos estaba pasando ¡a los tres! Mauri era de 9 de Julio, venía todos los fines de semana, intentábamos vincularnos, y era como una mala comedia. Yo en el medio, de pronto me encontraba pensando, ahora le doy un piquito a éste, y entonces enseguida le tengo que dar un piquito al otro. Era un delirio. Eso nos llevó a una nueva crisis.

¿Y cómo salieron?

–Nos dimos cuenta de que la cosa tenía que ser circular. O que lo era. No es que hay una estrella y dos que la sirven y le disputan su amor, llegó un momento en que Edu y Mauri tuvieron que hacer entre ellos su propio lazo, hacer el amor ellos, que yo me la banque y que esté todo bien. Funcionó. No es swinger, no somos fiesteros, aunque podríamos serlo. Lo circular está en lo genital y en lo amoroso. Ya llevamos casi diez años. La armamos como nos salió, no tenemos referencias de ser tres. Hace poco conocimos unos amigos con quienes nos juntamos, pero cada casa es un mundo.

Son un equipo amoroso...

–Cada uno aporta. Mauri, que es más joven, nos trajo nuevos modos de relacionarnos. Con Edu no sólo jamás nos habíamos besado en público, sino que teníamos en casa un colchón que iba y venía, de día estaba guardado. Mauri es el que vino con la idea de comprar la cama gigante. ¡No se nos había ocurrido algo tan elemental! Para mí, ellos son mi cable a tierra, me bajan el copete. Al venir de otro palo, me muestran otras perspectivas. Uno es de Letras, el otro es bailarín folklórico, siento que funciono en un sistema.

¿Y no existe el famoso “tercero en discordia”? ¿No se arman bandos, celos cruzados, peleas por el baño?

–Te digo la verdad, lo mejor que te puede pasar es el tres. Es un equilibrio perfecto. Nos ha pasado tener situaciones de bajón, problemas de salud por ejemplo, y ahí nos decimos, qué bueno es ser dos para cargar con los problemas. Si no, uno solo tendría que haber contenido, salir a trabajar, etc., habría terminado quebrado.

Lo de “madre hay una sola” es otra forma de opresión...

–Sí, ése es otro ejemplo. Pienso que es una carga enorme tener un solo padre, una sola madre, es mucho lo que tiene que cargar el cuerpo en la crianza. Son señales de que hay algo en esta estructura normativa que oprime.

¿Andás en chancletas en tu casa?

–Con Naty Menstrual a veces nos decimos: “Che, ¿no estás harta de tanto trabajo, que los pelos, que las uñas, tanta producción?”. Sí, y descanso. Nada nos quita lo que somos, soy Susy sin nada. Y con todo.

Ficha técnica

El título del disco es algo que me dijo mi abuela Rosa, la tucumana, cuando le pregunté hace años cómo hacía para estar tan bien: “Buena vida y poca vergüenza”. Me lo empecé a repetir como un mantra anticlerical y amoroso, y sobre todo gozoso, que fortalece este camino de la maricona en autoconstrucción. Así que no dudamos mucho en que éste era el mejor título para este disco de folklore de próxima aparición, con canciones nuevas de distintxs cantautorxs, con una mirada marica y con la producción artística de Valeria Cini. Tiene la edición técnica de Ariel Feder e invitadxs de lujo, como Carolina Bonillo, Horacio Vázquez, Andrea Bazán, Mariano Barrionuevo, Karina Martinelli, José Santucho, Pepi Dillon, Soema Montenegro, Karen Bennett, Miss Bolivia, Diana Sacayán, Plu In, Sole Penelas, Ana Sol y Vanesa García y un coro de casi 30 amorosidades. Desde este disco –que incluye fotos de Marieta Vázquez, la fotógrafa de El Teje– donde esta maricona le canta a la tierra, “peleando el maíz, amando el maíz”, con una mirada diversa de sueño y rebeldía para la construcción de un mundo nuevo, sin el permiso ni la autorización de la gendarmería folklórica que convalide o no que así se canta una baguala o una chacarera. Porque, si la Pacha es tan trans y creadora como la sueño, ella a sus hijxs nos quiere así, bien creadorxs y bien trans.

Una voz en sus zapatos

El próximo miércoles a las 20, en Casa Brandon, se estrena Andrea, la película que dirige Edgard De Santo y que protagoniza Susy Shock. Andrea relata la sorpresa de una mujer biológica que cuando llega a la etapa del desarrollo descubre que su voz adquiere una tonalidad grave y cavernosa, y se encuentra con los mismos conflictos con los que tropieza muchas veces una travesti. A través de un juego de espejos, Andrea, cuya identidad de género coincide con el sexo asignado al nacer, se ve parada en los tacones de una trans: nadie le cree que no está fingiendo este cambio que ella no eligió, su familia la margina, sale a buscar afectos fuera de su casa, deja la escuela, no logra conseguir trabajo. “La película –cuenta Susy– cuestiona la idea de la voz que ‘hay que tener’, cómo hay que comportarse y verse para entrar en el canon de lo que se supone que es ser una mujer. Para este personaje tuve que hacer un laburo de interpretación poniéndome en la perspectiva de una mujer biológica, pero con embrollos similares a los que a mí me tocó vivir. Este cuerpo y esta voz que tengo le dieron al director los resortes justos para la caracterización que él buscaba. La película encara estas confusiones y estos momentos amargos desde un lugar que no es el del drama y muchas veces critica la imposibilidad que tenemos de reírnos más de estos temas y de hacer un poco de autoparodia para alivianar la vida.”

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Imagen: Sebastián Freire
 
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