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Viernes, 17 de enero de 2014

TEVé

Maraca tropical

Avenida Brasil, la telenovela brasileña más exitosa de los últimos tiempos, desembarcó en la pantalla local para calentar aún más las tardes de verano. Es la primera en retratar una historia de amor gay en el mundo machista del fútbol y de los suburbios de Río de Janeiro.

 Por Adrián Melo

Sería interesante explorar la relación entre las telenovelas latinoamericanas –con sus amores prohibidos y sus pasiones desmesuradas escritas por muchos autores homosexuales– y la construcción de subjetividades gays. Eso haría posible, quizá, comprender por qué los llamados culebrones acompañaron tantas veces las vidas de las maricas solitarias en tiempos oscuros y por qué nos siguen fascinando.

Avenida Brasil tiene todos los componentes de los que clásicamente se apropió la identidad gay: una protagonista –Rita o Nina interpretada por Débora Falabella– que cambia de identidad para exorcizar los fantasmas de su pasado y que se debate entre el amor y la venganza; una madrastra de cuento de hadas –o una loca mala al estilo Cruella de Vil cuyo referente estético fue Divine– que roba a su marido, abandona a hijo e hijastra en un basural y se casa por dinero con un futbolista millonario (es magistral la actuación de Adriana Estevez); el mundo del fútbol retratado a partir de la exhibición de la belleza masculina en canchas y vestuarios; un hombre con tres familias que ama a todas sus mujeres e hijos, conformando realmente una familia diversa; escenas con torsos desnudos y cuerpos esculturales que hacen especial hincapié en el erotismo de los muchachos –particularmente el efebo protagonista, Jorgito, interpretado por la bomba Caua Reymond– y que son ya una marca de las telenovelas brasileñas, y divinas imágenes de Río de Janeiro, uno de los paraísos gays por excelencia.

Y sobre todo esos gestos típicos y condensados propios del folletín –uno de los primeros espacios ficcionales de la modernidad en donde se retrataron amores homosexuales–: sentimientos puros enhebrados con las figuras canónicas de la injuria, la pobreza, la caída, la venganza y la redención. En Avenida Brasil, los personajes aman como todas las personas, pero un poco más: con la intensidad épica que suele reflejar la naturaleza condenada y prohibida del deseo.

La telenovela construye lentamente una historia de amor gay nada más y nada menos que en el mundo del fútbol (sólo Botineras había sido pionera en el tópico). En la trama, el jugador del Club Divino, Roniquito (Daniel Rocha), conoce y traba amistad con otro jugador, Leandro (Thiago Martins) y sin darse cuenta termina enamorado de él. Esa amistad devenida en apasionamiento va a desencadenar que Roniquito se descubra y enfrente el dilema de salir o no salir del armario en un contexto difícil: el de los suburbios de Río, donde la comunidad es más cerrada y con un padre machista y con poco mundo. Porque si por algo se caracteriza Avenida Brasil es por dar verdaderas lecciones de sociología en la manera en que retrata –en los lenguajes, en los parajes, en los estilos y en las costumbres– el mundo de los ricos, el mundo de los nuevos ricos, el de la clase media y el de los pobres, con todos los matices y sin idealización (salvo quizás algunas escenas que parecen querer estetizar los sórdidos paisajes del basural o de la casa de la generosa Lucinda, otra clase de actuación a cargo de Vera Holtz).

El adorable Roniquito deberá asumir que no tiene vocación para seguir el mandato familiar (su padre es el presidente del Club Divino), de ser jugador toda la vida y que el lazo que más lo une actualmente al fútbol es su proximidad con Leandro. Mientras esperamos un gran beso al estilo del video de la canción “Nunca quise” de Intoxicados, o al menos que le diga a Leandro que “nunca quise tanto a nadie como a vos”, es un deleite ver la manera en que la novela –su genial autor Joao Manuel Carneiro– decidió contarnos esa historia: el deseo encubierto, la constante proximidad física entre los muchachos (se ve en todo momento la dirección de Ricardo Waddington), los celos de Roni por Suelen, una mujer que se aproxima a su enamorado, las bromas del barrio y las palabras irónicas de quienes van descubriendo la naturaleza de esa pasión.

Avenida Brasil, de lunes a viernes 16.30 a 18.30 por Telefe

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