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Viernes, 17 de enero de 2014

ENTREVISTA

Mucho más que dos

El 2 de septiembre no fue un día más en la vida de Pablo López Silva y Juan Castro, la pareja de Río Grande, Tierra del Fuego. Ese día se les otorgó la guarda simple de dos niños cuya madre falleció y estaban en un instituto. Se trata del primer caso en el país con estas características.

 Por Clarisa Ercolano

¿Cómo decidieron iniciar los trámites de la adopción?

Pablo: –Luego de casarnos (el 8 de diciembre de 2011) fuimos madurando la idea de que la familia que estábamos construyendo no sólo fuera de dos, sino pensar en incorporar a los hijos. Si bien esto deseábamos, sabíamos que para concretar este deseo debíamos llevar adelante trámites que desconocíamos.

¿Cómo llegaron a Misiones? ¿Fue algo casual?

P.: –El año 2012 fue muy difícil, pues en el mes de febrero le descubrieron un cáncer pulmonar a mi madre; luego, en los primeros días de abril, un cáncer de páncreas al papá de Juan, quien en el mes de agosto falleció. Mi madre murió el 8 de febrero de 2013. Luego de su muerte decidimos viajar a Misiones, pues Juan no conocía las cataratas del Iguazú. Estando de vacaciones fuimos a visitar un hogar en la localidad de Puerto Libertad, el hogar Piecitos Colorados, donde conocimos a dos hermanitos que, según nos informaron, estaban judicializados. El responsable era el defensor Cristian Mendoza, a quien fuimos a ver a Iguazú dos días después. Nos atendió muy cordialmente.

Juan: –El defensor nos manifestó las dificultades que había con estos hermanitos y nos habló de que en Posadas, en el hogar Pequeños Milagros, había otros dos nenes, hermanos también, que sí estaban en condiciones de ser adoptados. Nos propuso que fuéramos a conocerlos, y por sobre todas las cosas nos dijo que debíamos inscribirnos en el RUA (Registro Unico de Adopción) de nuestra provincia. Fuimos hasta el hogar Pequeños Milagros y ahí conocimos a David, nuestro hijo mayor, de 11 años; a Daniel, su hermano, no lo pudimos conocer.

Sé que tuvieron un problema porque los hermanos estaban separados, me gustaría que me cuentes sobre eso.

P.: –Nos enteramos en ese momento de que Daniel había sido sustraído por una abogada muy reconocida en la ciudad, cuya hermana era una jueza puesta por el gobierno de turno, y que ambas estaban ligadas al poder político. Bien, habiendo conocido a David, a las dos horas más o menos comenzó a decirle papá a Juan. Luego nos fuimos a Resistencia prometiendo a David que haríamos todos los papeles para poder concretar la adopción, y también le prometimos que él se iba a volver a encontrar con su hermano.

¿Cuáles fueron los pasos que siguieron hasta lograr que los chicos vivieran con ustedes?

P: –Luego de unos días retornamos al sur. Ingresamos a la página oficial del RUA, en donde nos enteramos de los trámites que debíamos cumplimentar. En dos días recopilamos la documentación y nos fuimos hasta la ciudad de Ushuaia, en donde funciona el registro de inscripción. Allí presentamos la documentación y nos informaron que debíamos realizar el examen psicológico y el socioambiental. Al psicológico nos lo hicieron rápidamente, pero el socioambiental tardó más de un mes. En todo ese tiempo mantuvimos contacto telefónico diario con David. En junio viajamos para la ciudad de Iguazú, en donde contratamos a un abogado para que hiciera las presentaciones de la guarda con fines de adopción. El juzgado fijó una audiencia para el día 10 de julio; tres días antes se suspendió debido a que el juez Gerometa tomaba licencia por enfermedad, así que debímos esperar a que terminara la feria.

J.: –El 7 de agosto tuvimos nuestra primera audiencia con el juez Fernández Rizzi. Luego se suscitaron otras. La fundamental y la que marcó todo el proceso fue la que tuvimos con David, en donde dijo que él quería estar con su hermano y con nosotros. Luego de expedirse el ministerio pupilar y el fiscal, el juez citó a la doctora Gamberalle, que tenía al hermano de David. El 28 de agosto, luego de varias audiencias, el juez determinó que los hermanos estarían juntos, bajo nuestro cuidado, y que debíamos realizar la vinculación en Iguazú por un tiempo determinado bajo la supervisión de la psicóloga del hospital de la ciudad. A partir de ese momento los dos niños quedaron con nosotros hasta el día que nos otorgaron la guarda con fines de adopción, el 2 de septiembre.

¿Buscaron niños más grandes porque era más fácil adoptar?

J.: –No, cuando llegamos al hogar no sabíamos bien las edades. Creemos que ser papá no necesariamente implica tener a un recién nacido. Es algo que pasa por otro lado. Creo que tuvimos cierta facilidad en adoptar porque ahora las leyes nos amparan mucho más y porque en este caso la Justicia funcionó muy bien y sin prejuicios.

¿Cómo están viviendo estos nuevos días ya con sus hijos en casa?

J: –Volvimos al Sur; nuestros hijos ya estaban matriculados en una institución escolar pública y el día 10 comenzaron a asistir al colegio. Se adaptaron perfectamente. El clima no les afectó en absoluto, están esperando siempre que lleguen los fines de semana para ir a la nieve.

¿Qué anécdotas nos pueden contar de la relación con los chicos?

P.: –Están aún descubriendo qué es este modo de vivir en otra provincia, ir a una escuela, estar juntos ellos nuevamente, tener una familia básicamente. Se desesperan por la nieve, les encanta y siempre nos lo dicen, teníamos miedo de que no se acostumbraran al frío por venir de un lugar muy cálido. La verdad es que somos una familia como cualquier otra, no tenemos nada raro.

Pensando en el prejuicio enunciado por Mirtha Legrand, ¿no sintieron alguna suspicacia de algún lado?

J.: –No. No pensamos en ese tipo de cuestiones porque si no cada paso que damos entraría en tela de juicio. Francamente ni se nos cruzó por la cabeza.

¿Cómo se ven uno al otro como padre?

J.: –Estamos aprendiendo entre los dos. No estamos criando a alguien, ellos también nos crían a nosotros, entonces es difícil decir: “él tolera mas” o “el otro es más permisivo”. Este es un aprendizaje de a cuatro que recién está empezando.

¿Saben algo de la madre de los chicos?

P.: –Sabemos que falleció. Antes de venir pidieron ir a visitarla en el cementerio y así lo hicimos.

Si proyectan, ¿cómo se ven en diez años, qué sueñan?

P.: –Nuestro gran objetivo es ofrecerles a nuestros hijos las herramientas necesarias para que ellos sean felices y sean grandes personas de bien y estamos convencidos de que así será. Todos estamos transitando un camino terapéutico muy interesante, lo cual nos facilita la integración, la organización de la familia. En ningún momento hemos sentido ningún tipo de discriminación, al contrario nos sentimos acompañados, guiados, comprendidos tanto por el doctor Rizzi como por el defensor Mendoza. Todos nos ayudaron a parir a estos hermosos hijos que tenemos hoy.

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