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Viernes, 3 de octubre de 2008

X 4

El hábito hace al goce

Monjitas poseídas por el diablo del deseo, monjitas enardecidas por la clausura, son algunas escenas básicas de este subgénero conocido como “nunsploitation” que tuvo su furor en los setenta. ¿Sólo para hombres?

Sor Emanuelle
(1997)

Después del estreno de la mítica Emmanuelle en 1974 con Sylvia Kristel, las aventuras de la ninfómana de celuloide más famosa se multiplicaron como plaga. Las hubo con una “m” y con una “l”, negras, orientales, entre caníbales, en Tailandia, en prisión hasta que finalmente después de pasar por cientos de desenfrenadas peripecias, como si fuese la heroína de una telenovela caribeña, Emanuelle se hace monja.

Recibe el encargo de encaminar a una nueva y joven novicia. Ella se esfuerza, pero aunque haya tomado los hábitos hay uno que no puede reprimir y es el de sucumbir ante las caricias femeninas. Sor Emanuelle representa la forma más básica del nunsploitation, la que asegura al espectador que el deseo sexual es una fuerza incontenible, capaz de traspasar aun las gruesas paredes de un convento.

Historia de una monja de clausura
(1973)

Carmela, la recién llegada, no tendrá respiro. Será acosada por sus compañeras casi de inmediato. Sufre con miradas incómodas, algún comentario o una caricia inoportuna. Finalmente, se produce lo inevitable. La pregunta que se plantea sería: ¿cómo es la sexualidad de una monja? Respuesta: un convento es una fabrica de lesbianas que funciona 24 horas por día. Carmela cuenta con un elemento externo, su novio, que es capaz de escalar las paredes que los separan para poder acceder a ella. Su vida sexual transcurre entonces en ese vaivén, entre las orgías que organizan sus amigas y las apariciones de su furtivo amante. Esta película se centra en la idea del encierro como generador de un comportamiento sexual particular, ignorado por completo por aquellos que permanecen afuera.

Cartas de amor de una monja portuguesa
(1977)

La contribución al genero de Jesús Franco posee una desacostumbrada dosis de sexo y violencia. Como la mayoría de esta clase de films comienza con la llegada al convento de una joven ingenua y virginal. Se llama María y es enviada allí por sus padres como castigo. Lo que ella no sabe es que el lugar es un nido de satanistas. María será sometida sexualmente por una religiosa y luego pasará por una serie interminable de humillaciones que incluyen una violación a cargo del mismísimo diablo. Alimentada por la carga de sexualidad diabólica impulsada por El exorcista, esta película lleva hasta la máxima expresión la clásica relación sádico masoquista (heredera del cine carcelario) siempre presente entre la recién ingresada y las antiguas ocupantes.

Las monjas de san Arcángel
(1973)

Como si fuese un drama shakespeariano hay amores secretos, conspiraciones en formación y mucho poder en juego, el suficiente como para que una persona con mucha ambición y poca moral esté dispuesta a hacer cualquier cosa para salirse con la suya. Esta persona es la hermana Giulia, que quiere ser la nueva madre superiora. Una de las herramientas que maneja mejor para convencer y/o extorsionar es el sexo, que es el objeto de largas escenas. Este film posee un llamativo cuidado en cada aspecto técnico, cosa poco habitual de este subgénero. Queda en claro que una docena de monjas de clausura bajo presión pueden llegar incluso al crimen para que sus secretos sexuales permanezcan bien enterrados.

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