UNIVERSIDAD › OPINIóN

El arquitecto de la UNQ

 Por Juan Carlos Del Bello *

Falleció a los 85 años el ingeniero Julio Villar, quien desde 2008 y hasta su normalización fue miembro de la Comisión Organizadora de la Universidad Nacional de Río Negro. Desde ese lugar participó activamente en el diseño institucional, transmitiendo su vasta experiencia en la Universidad Tecnológica Nacional en los años ’70 y en la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ) entre los años 1990 y 2000. Transmitía preocupaciones para no caer en el modelo docente tradicional de la organización de “cátedra” y ponía énfasis en la necesidad de que la UNRN respondiera a las problemáticas de la región patagónica.

Se lo recordará como el arquitecto de la UNQ. Desafiando el modelo de universidad masivo orientado a carreras profesionales de corte liberal, Julio Villar fue designado rector de una UNQ que dio vuelta la historia. Impulsó una universidad diferente, basada en una alta pertinencia económica y social, organización departamental, y promovió las actividades de investigación e innovación. A principios del nuevo milenio impulsó el primer megaprograma de educación universitaria mediada por las tecnologías de la información y la comunicación: la Universidad Virtual de Quilmes, que llegó a contar con más de 2000 alumnos.

Militante político peronista, asistió al ex presidente Héctor Cámpora, en el exilio de México, donde él también debió exiliarse al ser perseguido por la Triple A en su paso por el decanato de la regional Buenos Aires de la UTN.

No puedo dejar de mencionar el vínculo personal que tuve con Julio en los ’90. Cuando fue designado rector organizador, enfrentó con valentía y con mi acompañamiento a quienes habían literalmente tomado esa universidad con fines político-partidarios de corte municipal. Cuando fue electo rector por los claustros universitarios, un sector de rectores de universidades nacionales pretendió no admitirlo en el CIN a instancias de la agrupación estudiantil Franja Morada, y fracasaron. Lo vi defendiendo los valores de la democracia en una universidad pública. Más adelante, llegó a ser presidente del Consejo Interuniversitario Nacional, en reconocimiento de los logros alcanzados por la UNQ en su gestión como rector. Muchas son las cosas que podrían mencionarse sobre esos logros, por ejemplo la creación de la editorial de la UNQ y la publicación de fascículos en este diario, el otorgamiento del doctorado honoris causa al dcotor Raúl Alfonsín y al juez español Baltasar Garzón, los premios internacionales obtenidos por los veleros diseñados en la carrera de arquitectura naval, las patentes de invención en el campo de la biotecnología y el sector de la salud. Participé de esa época histórica cuando Julio me invitó a organizar la UNQ en el año 2000, de la cual soy docente regular designado por concurso público y abierto. Fue, además miembro del Servicio Universitario Mundial (SUM), fundación internacional sin fines de lucro que promueve la cooperación entre personas y organismos para ejecutar programas comunitarios y cuyas primeras tareas en Argentina fue ayudar a la gente que regresaba del exilio.

Su retiro de la UNQ no fue como debió ser: exonerado por el Consejo Superior de esa universidad, recurrió a la Justicia al igual que otros funcionarios de su gestión. Por su enfermedad no pudo ver el resultado del largo trámite judicial que concluyó cuando la Suprema Corte de Justicia ordenó a las autoridades de la UNQ revisar lo actuado. Previamente, las autoridades actuales de la UNQ habían dejado de ser querellantes en la causa, que terminó con su falta de mérito. Estoy seguro, y me consuela saber, que Julio Villar tendrá el reconocimiento que mereció.

* Rector de la Universidad Nacional de Río Negro.

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