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Hay algo que huele mal en Inglaterra

El film dirigido por el escocés Paul McGuigan y basado en una novela de Barry Unsworth, presenta a una troupe teatral que desenmascara a los poderosos a través de una representación, en pleno siglo XIV.

 Por Horacio Bernades

¿Tendrá algo que ver con la marcha del mundo el hecho de que el cine se haya puesto a revisar la Edad Media? Casi al mismo tiempo que la cruzada revisionista desatada por Ridley Scott sobre salas de todo el país, una película llamada El misterio de Wells ha llegado a las bateas de los videoclubes, distribuida por el sello AVH. Todo ello tiene lugar días más tarde del ascenso al poder del cardenal Ratzinger –que promete hacer retroceder a la Iglesia hasta el fondo de las edades más oscuras– y meses después de la consolidación de George W. Bush como líder, guía y policía del mundo contemporáneo. En El misterio de Wells, una troupe teatral desenmascara a los poderosos –el rico, el sheriff y el clérigo– mediante una representación, en pleno siglo XIV en Inglaterra. En la realidad, claro, las cosas suelen ser menos alentadoras.
“Tenemos que hacer obras sobre el mundo, el día de mañana todas las obras serán así”, clama el director de una compañía de actores tras-
humantes, para convencer a los suyos de que hay que dejar por un rato las representaciones bíblicas, para ocuparse del reino de este mundo. Corre el año 1384 y la compañía ha llegado hasta un pueblito del interior, como parte de su gira. Allí se han encontrado con que una mujer acaba de ser condenada a la horca, hallada culpable de la muerte de un niño (el hijo de los Wells, de allí el título de lanzamiento). Pero algo huele mal en Inglaterra. De allí que Martin, director de la troupe haya pensado en darle un giro definitivo a su repertorio, inaugurando con mucha antelación el teatro testimonial con una pequeña obrita sobre el episodio, antes de consumada la ejecución. Como actores del Método avant la lettre, para poder poner su esquicio Martin y los suyos deberán primero investigar lo sucedido, convirtiéndose en improvisados sabuesos (al fin y al cabo, todo ocurre en el país que cinco siglos más tarde prohijará a Sherlock Holmes). Y la investigación arrojará revelaciones dignas de una novela negra, género en el que el poder y el crimen suelen ir tan de la mano. Tan de la mano como en la realidad.
Titulada originalmente The Reckoning (algo así como El ajuste de cuentas), El misterio de Wells está basada en una novela de Barry Unsworth y fue dirigida por el escocés Paul McGuigan, el mismo de The Acid House. El elenco es de primera: lo encabeza Willem Dafoe, en el papel de Martin (mimetizado detrás de una impecable pronunciación inglesa) y a su par aparece el ascendente Paul Bettany, que había sido el naturalista de Capitán de mar y guerra y aquí encarna a un sacerdote cuya escasa predisposición por los votos de castidad ha obligado a huir, buscando refugio entre los actores de la legua. El magnífico Brian Cox (primer Hannibal Lecter del cine, en Cazador de hombres), el escocés Ewen Bremner (de Trainspotting y The Acid House), el francés Vincent Cassel (en el papel del Duque de Guisa, poderoso del lugar) y la española Elvira Mínguez (que hace de sordomuda, práctica solución para el problema del doblaje) completan el multinacional elenco.
La combinación de medievalismo con intriga policial recuerda inevitablemente a El nombre de la rosa, evocación que la presencia de más de un clérigo no hace más que acentuar. La Edad Media que muestra El misterio de Wells es una sumida en nieves que, más que las del tiempo, parecen representar las de la época. Tanto como la presencia de la miseria y la peste, que hacen estragos. La subyacente idea laica de infierno sobre la tierra queda expresada mediante un acertado símil visual, cuando, al aparecer todo vestido de rojo, el perverso Duque de Guisa queda igualado con la figura del demonio, protagonista de una de las representaciones teatrales de la compañía. Momentos más tarde, cuando los pobladores salgan en su persecución armados de antorchas, será imposible no asociar al noble con el mismísimo monstruo de Frankenstein. La única diferencia entre ambos parecería ser que mientras uno ha asesinado una niña sin querer, el otro es un abusador consumado, perfectamente consciente de sí.
Queda la incógnita sobre el rumbo del director, que comenzó a puro realismo sucio y psicodélico en The Acid House, siguió con una de gangsters a la inglesa (en Gangster Nº 1, que aquí se editó en video) y, después de El misterio de Wells, filmó –ya en Hollywood– un thriller del montón llamado El departamento, estrenado aquí hace pocas semanas. El hecho de que sus próximos proyectos estén en esta misma línea tiende a despejar la incógnita. No hay demasiado misterio: al revés que los artistas trashumantes de The Reckoning, que recorren el país por unos pocos chelines, el ecléctico Mr. McGuigan parece haber elegido la seguridad de los dólares, para sobrevivir en la nueva Edad Media.

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El misterio de Wells combina medievalismo con intriga policial.
 
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