EL PAíS › UNA IMPROVISADA PROTESTA, PELEAS ENTRE
LOS FAMILIARES, INCIDENTES Y REPRESION POLICIAL

La furia y el dolor de los familiares en Tribunales

Padres, hermanos y amigos de las víctimas de Cromañón se concentraron frente al Palacio de Justicia apenas se supo que Chabán sería liberado. Un padre y un policía resultaron heridos y un manifestante quedó detenido.

 Por Pedro Lipcovich

Exasperado, desesperado por momentos y, sobre todo, profundamente triste era el clima que se respiraba ayer entre los padres y allegados a las víctimas de Cromañón, que se reunieron ante las puertas de Tribunales al difundirse el fallo que disponía la libertad de Omar Chabán. Hubo varios, cambiantes tiempos en la larga tarde de ayer: un primer tiempo de ira, con vidrios rotos en las puertas de los Tribunales; un segundo tiempo de conflicto y atribución de culpas entre sectores de padres. Después, siempre frente a Tribunales, crecieron las protestas, no coordinadas, y hubo represión policial. Luego la policía se retiró y los padres acordaron hacer una marcha hacia Plaza de Mayo. Pero la movilización no llegó a entrar en la Plaza y la mayoría de los familiares se retiraron de ella para reunirse en un local cercano, donde elaboraron un comunicado que prevé actividades desde hoy hasta el lunes (ver aparte).
A las 16.30, en Lavalle, entre Uruguay y Talcahuano, ya todos sabían que Omar Chabán no saldría por la puerta de la alcaidía de Tribunales y que se había retirado hacia Marcos Paz. Una hora antes, algunos familiares y allegados de las víctimas habían roto vidrios de las puertas de acceso en Talcahuano 550. Cuando se supo que el empresario ya no estaba, el primer movimiento, por parte de varios de los padres, fue contra José Antonio Iglesias, abogado y a su vez padre de una de las víctimas de Cromañón: “¡Está transando con los de adentro! Negoció para que Chabán salga”, sostenía Pablo Starosta, hermano de una víctima. “Quiere hacerse rico a costa de las cenizas de nuestros hijos, y su propio hijo no le importa, como Menem o Blumberg”, decía María Cristina Quevedo, madre de Jacqueline Santillán, fallecida en Cromañón. Iglesias respondió: “¿Alguien puede creer que estoy vendiendo a un hijo muerto? No voy a contestar ninguna acusación estúpida. Si nadie lo entiende me importa tres carajos”. Otros familiares intentaban frenar la pelea: “El enemigo está allá”, decían, señalando el edificio de Tribunales.
Muy exaltados estaban los ánimos de los familiares: “Hoy empieza una guerra”, decía uno de ellos. “Acá va a haber derramamiento de sangre”, gritaba otro. La calle Lavalle estaba cortada. Un cordón policial separaba a los manifestantes del edificio de Tribunales, y hacia Uruguay se estacionaban dos camionetas policiales y una de bomberos. Las expresiones eran individuales: gritos, puteadas contra los jueces y alguna crisis de nervios.
“Chabán es culpable, lo mismo que Callejeros –sostenía Jorge Nieva, padre de Nicolás Nieva, que murió en Cromañón a los 17 años–. Y también Ibarra, que tendría que renunciar a sus fueros en vez de pedir un plebiscito. Les conviene que Chabán esté libre para que no buchonee y no diga quiénes fueron los inspectores y los policías que le pedían coima.”
Además, según Juan Pablo Reale, amigo de un fallecido, “no tendrían que dejarlo libre porque se escondió hasta que lo encontraron”.
Luciano Mendive, cuya hija Estefanía murió en el incendio, dijo: “Yo, de temas jurídicos, no entiendo. Si va a estar libre hasta el juicio oral, que entonces le den 20 años de cárcel... Pero vivimos en la Argentina, y aquí hay impunidad.
–Si usted tuviera seguridad de que Chabán va a ser juzgado y castigado, ¿podría aceptar que mientras tanto siga en libertad? –le preguntó Página/12.
–Como padre, yo quiero que esté en la cárcel hasta que se muera. Yo no puedo dar explicaciones, las tiene que dar la Justicia –contestó Mendive.
Se acercaban las cinco de la tarde. Entre los familiares crecía la idea de marchar hacia Plaza de Mayo. “El Presidente tiene que tomar cartas en el asunto”, decían. Una de las madres, flanqueada por otros familiares, habló en voz alta: “Exigimos justicia. Están empezando a matarnos, como a nuestros hijos”. “Yo ya estoy muerto –gritó otro–. Desde el 30 de diciembre estoy muerto”, y ya no había más palabras. Otro de los padres se volvió contra los policías: con los puños desnudos golpeaba los escudos antimotines.
Volaron algunas piedras mientras los policías atacaban a los manifestantes con sus cachiporras. Un par de jóvenes sacaron unos baldosones de un estacionamiento frente a Tribunales y un par de mujeres, familiares de víctimas evitaron que se convirtieran en cascotes y volvieron a ponerlos en su lugar. Poco después un hombre de campera fue atacado por manifestantes, que lo acusaban de ser un policía de civil.
Una ambulancia del SAME retiró a un manifestante herido en el mentón, y otros sufrieron lesiones menores causadas por las cachiporras policiales. Después, el parte policial daría cuenta de que un suboficial sufrió politraumatismos y un manifestante fue detenido. El comisario Carlos Basualdo, jefe de la Circunscripción, que recibió una trompada en la frente, aclaró: “No lo sentí porque tengo insensibilizada la zona desde que me fracturaron el frontal, en la primera manifestación por Cromañón”.
A las 17.20, un cascotazo destrozó la luneta de un furgón policial. La policía no respondió y, poco después, recibió la orden de retirarse.
“Vamos a juntarnos los papás, que esto está lleno de infiltrados”, dijo uno de ellos. Poco después, decidieron que, a las 18, marcharían hacia Plaza de Mayo.
Entretanto, “ponga que aunque Ibarra y Chabán vivan dos generaciones no van a tener un hijo como el que me mataron a mí –pidió al cronista el padre de Osvaldo ‘Valdi’ Zapata, y le entregó una calcomanía con la foto de su hijo y un escudito de su equipo, que era Racing, y la leyenda ‘Cromañón. Que no se repita’–. Era un dios. Cuando murió, hubo cinco cuadras de cola en un cementerio de pobres. Tengo los ojos así, húmedos, y ya sé que siempre voy a tenerlos así”.
Se hicieron las seis, y las seis y diez. A esa hora, caminando rápidamente bajo la llovizna, salió la columna, de unas doscientas personas, por Lavalle y, después, por Diagonal Norte hacia Plaza de Mayo. “Ni una bengala, ni el rocanrol: a nuestros pibes los mató la corrupción”, coreaban. Un gran cartel decía: “Andate Ibarra. Que vaya preso con todos los culpables”.
Sin embargo, la columna no llegó a ingresar a la Plaza de Mayo. La mayoría de los padres y familiares se desplazaron hasta el cuarto piso del edificio de Avenida de Mayo 560, en un local que, según el cartel indicador, pertenece a la agrupación Gesta –que responde al canciller Rafael Bielsa– donde se reunieron para elaborar un comunicado (ver nota aparte). Uno de los padres, Pablo Blanco, comentó que en la marcha “había servicios infiltrados: no nos vamos a prestar a ese juego”. Y se escuchó a una madre decirle a otra: “Hay chicos de Quebracho que están haciendo quilombo. No vayas”.
En Avenida de Mayo y Bolívar, unos 150 manifestantes gritaban: “Si no hay justicia qué quilombo se va a armar”, o “Ya se sabía, a los asesinos los cuida la policía” y también “Justicia popular”. Había pancartas de FUBA, de Democracia Obrera, del Partido Obrero, banderas argentinas sostenidas con cañas y muy pocos padres o familiares de Cromañón.

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Después de algunos momentos de tensión, hubo refriegas, forcejeos y represión policial.
 
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