VIDEOS › “LA NOCHE DE LOS MUERTOS VIVOS”

Y el cine de terror ya no fue el mismo

El clásico de George A. Romero, que dio origen a su saga de zombies, nunca se estrenó en la Argentina y ahora llega en DVD.

 Por Horacio Bernades

“Antes se levantaron de sus tumbas... Atacaron a la gente... Se alimentan de carne humana... El único modo de acabar con ellos es dispararles a la cabeza, o separarla del resto del cuerpo...” Con un repaso telegráfico de la mitología zombie, acompañado de imágenes también telegráficas, se inicia la recién estrenada, y ciertamente magnífica, Tierra de los muertos. En ella, el rey del género, George A. Romero, retoma su saga de los muertos vivos, iniciada hace casi cuarenta años e interrumpida hace veinte. Quien quiera saber cómo empezó todo –y no se conforme con la sucinta información que se aprieta al comienzo de su nuevo opus– ya tiene a mano la edición en DVD de la piedra fundacional de la saga. Se trata de la mítica La noche de los muertos vivos, que jamás tuvo estreno comercial en la Argentina y el sello SBP acaba de lanzar, con envidiable sentido de la oportunidad, en formato digital. A revivir se ha dicho.
La historia es más o menos conocida. A fines de los años ’60 Mr. Romero –nacido en Pittsburgh y por entonces con menos de treinta– filmó con dos pesos, los fines de semana, entre amigos y en blanco y negro, una peliculita llamada The Night of the Flesh Eaters. Los ejecutivos de las distribuidoras lo sacaron carpiendo: nadie había oído hablar nunca del tal Romero, no había en la película un mísero actor mínimamente conocido, todo tenía un aire sospechosamente amateur y emitía, encima, un inconfundible olor a carne podrida. Alguien accedió a distribuirla de modo ultralimitado, previo cambio de nombre por uno algo menos crudo (el original era traducible por La noche de los comedores de carne humana). La fama de The Night of the Living Dead, que así se llamaba ahora, empezó a crecer de a poquito, pero firmemente. En escaso tiempo se había convertido ya en imparable bola de nieve. Multiplicando hasta el cansancio el indigente presupuesto inicial (poco más de 100 mil dólares, una miseria), la opera prima de don Romero se convirtió en uno de los más redituables films independientes jamás filmados.
La consecuencia de todo esto era lógica, y sin embargo tardó en concretarse. Hubo que esperar diez años para que George A. retomara la serie, tras haber filmado otras películas en el medio. La secuela se llamó Dawn of the Dead, fue tan buena como la primera (o más) y, lo que más importa en términos hollywoodenses, recaudó todavía en mayor proporción que The Night... Nueva pausa romeriana y entrega de la tercera parte de la saga –Day of the Dead– a mediados de los ’80. La siguiente es ya Tierra de los muertos. Entre unas y otras, claro, un rosario de malas imitaciones, réplicas, remakes autorizadas o no y secuelas filmadas por terceros. Además de una infinidad de ediciones, en láser y DVD, de la primera, la que ahora se edita en formato digital en la Argentina. ¿Por qué tantas? Por la sencilla razón de que la película es de dominio público, no tiene dueño, y entonces cualquiera puede hacer plata con ella. ¿Cómo que no tiene dueño? ¿No la registró a su nombre don Romero? Sí lo hizo, pero cometiendo un pequeño descuido. Por lo cual jamás cobró un solo peso de semejante gallina de los huevos de oro. Por suerte para él, a partir de la segunda se asesoró mejor y las registró como es debido.
Granulosa y contrastada, La noche de los muertos vivos es una película económica por donde se la mire. No sólo en tamaño de producción sino en términos dramáticos. La cosa es muy sencilla: una noche, por alguna razón que jamás se explica, los muertos de un cementerio empiezan a levantarse y, a bamboleo limpio (ese andar que tienen, como un ejército de Pinochos), al que tienen delante lo tumban y se lo comen. Muy vivos no son, obvio, pero lo que les falta en chispa lo compensan con varios bonus. No sólo son muchos y se multiplican por contagio (al que lo muerden lo zombifican) sino que, además, por más que se les tire con lo que sea, no hay forma de matarlos, por la simple razón de que muertos ya están. Sólo tirándoles a la cabeza o arrancándosela de cuajo se los puede frenar. En relación con las siguien-
tes (y con la creciente explicitez del género), la cuota de asquito puede parecer hoy sorprendentemente moderada. Pero en el momento del estreno, la película supo tener su buen record de gritos, fugas y desmayos.
¿Y todo esto para qué? Para sintonizar con los terrores de la época. Recuérdese que La noche ... es de 1968, año de Vietnam y revueltas en todo el mundo. A partir de la siguiente, el carácter de metáfora política se irá haciendo cada vez más evidente. Hasta llegar a esta Tierra de los muertos, donde los pobres finaditos se levantan contra un todopoderoso tan parecido a George W., que no resulta raro que el nombre de Romero sea George A.

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Los muertos vivos no le hacen asco a nada.
 
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