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Lanzamientos

9-Fútbol Kung-Fu,
de Stephen Chow. Con S. Chow, Vicky Zhao y Man Tat Ng.
2002, 89 min. Gativideo.
Ante el estreno de Kung-Fusión conviene recordar que Shaolin Soccer, la película que consagró a su creador, Stephen Chow, fue editada en la Argentina por Gativideo. Por más que se trate de la versión Miramax (doblada al inglés y con 20 minutos menos), esto es lo más parecido a una fiesta que haya dado el cine reciente. Lo que en Kung-Fusión deviene facilismo hiperdigitalizado aquí es pura maravilla, celebración de lo imposible hecho posible. Como que un montón de impresentables (duchos en la práctica del kung fu) se conviertan en superdotados del fútbol, capaces de dejar chiquito el gol de Maradona ante los ingleses. Una gran utilización de coreografía y efectos especiales, sumadas al espíritu desfachatado del dibujo animado, dan por resultado un film para el disfrute.

8-Whisky,
de P. Stoll y J.P. Rebella. Con Jorge Bolani, Mirella Pascual y Andrés Pazos.
2004, 95 min. Transeuropa.
Un éxito inesperado representó el estreno en la Argentina de la segunda película de los uruguayos Stoll & Rebella, los mismos de 25 watts. Más triste y a la vez más graciosa que la anterior, los protagonistas de Whisky ya no son veinteañeros desganados sino sesentones amargados, abroquelados en la rutina de su soledad. Tal vez el triángulo menos amoroso (y glamoroso) de la historia del cine, el que componen un fabricante de medias en decadencia, su hermano y la empleada de toda la vida aparece teñido del aura fúnebre que sobre ellos proyecta la reciente muerte de la mamá. Encuadres precisos, gran poder de observación, empatía esquiva con sus personajes y un humor larvado pero rotundo es lo que Stoll & Rebella ponen en juego, apoyados por un terceto de actores inolvidables.

8-Dark Water,
de Hideo Nakata. Con Hitomi Kuroki, Rio Kanno y Mirei Oguchi.
2002, 101 min. SBP.
Otra para rescatar ante el estreno de su remake anglohablante Agua turbia. Dirigida por el nipón Hideo Nakata tras el exitazo de The Ring (y basada en otra novela del autor de aquélla, Kôji Suzuki), Dark Water logra lo que en Agua turbia el brasileño Walter Salles no sabe (o no puede) hacer. Que los fantasmas sean expresión del drama familiar, y que la película funcione al mismo tiempo sobre ambos carriles: el del melodrama paterno-filial –con su buena dosis de culpa y remordimiento– y el del film de terror puro y duro, construido sobre la base de la sugestión, el indicio, el fuera de campo y, finalmente, la aparición. Con lo cual Nakata consigue lo que Salles no: crear clima, trabajar atmósferas, poner los pelos de punta. Asustar, en una palabra. Que para eso se supone que existe el género, joder.

7-La trama de la vida,
de Eléonore Faucher. Con Lola Naymark, Ariane Ascaride, Jackie Berroyer.
2004, 89 min. Gativideo.
Premiada con la Cámara de Oro en Cannes 2004, la opera prima de Eléonore Faucher es una delicada pieza de cámara, con dos mujeres por protagonistas casi excluyentes. Una, adolescente, pelirroja y temperamental, se gana la vida como cajera de supermercado y duda sobre si tener o no al hijo que concibió, tras una relación pasajera. Duda, pero dura: así es Claire. Así es también el ambiente provincial, frío y áspero que la rodea. La otra es una bordadora que acaba de perder a su hijo en un accidente (Ariane Ascaride) y que le enseñará a la chica las claves del oficio. Si la simetría entre ambas es un poco demasiado perfecta, que ninguna de las dos ceda a la sensiblería mantiene a la película dentro del tono parco, seco y autosuficiente que es también el de sus protagonistas.

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