Un sistema expulsivo

El estado no percibe la realidad indígena

Dos especialistas explican las razones de la desnutrición del Pueblo Wichi en el Chaco salteño. Discriminación, avance de la frontera agropecuaria y la aplicación de una cultura dominante que no busca conocer al otro.
Imagen: Télam

“El sistema de Salud estatal no está del todo preparado para dar respuesta a un Pueblo que tiene una cultura distinta. Es el sistema el que debe adaptarse al Pueblo y no al revés”. La definición de la antropóloga de la Universidad Nacional de Salta (UNSa), Norma Naharro, explica así un problema atado a otro más profundo.

También el etnólogo y antropólogo John Palmer explicó que el sistema de salud resulta expulsivo para el Pueblo Wichi. “Hay un desfasaje enorme entre lo que el Estado percibe y lo que es la realidad indígena, que es una realidad propia, con causas particulares que son completamente ajenas a las causas del ciudadano común y corriente”, distinta de una cultura urbana y de la cultura de otras comunidades originarias, porque se trata de la cultura de los pueblos cazadores recolectores. 

“No es que no los quieren a los hijos. Para nada, son sumamente cariñosos con sus hijos, pero directamente no tienen posibilidades de cuidarlos, se les está privando de los medios para cuidar a sus propios hijos”, aseguró ante la consulta de Salta/12.

Para graficar, recordó el caso de una familia completa “padre, madre, cinco chicos” que “están bajo atención médica en la ciudad de Salta”. Es una familia “extremadamente pobre” a la que le recomendaron una dieta especial, que contiene “yogur, cosas así, que no se consiguen en el lugar, no solamente no forman parte de la dieta tradicional de la comunidad, no se consiguen en el bosque”.

Por otro lado, “hay una serie de acusaciones que se hacen oficialmente en contra de los familiares inmediatos de los muertos, que realmente manifiestan un desconocimiento de la realidad indígena”, sostuvo Palmer. Destacó que “sí hay una resistencia a asistir al hospital” pero se debe a que “reciben un trato realmente discriminatorio”. Así que no van porque “no pueden llegar o porque no quieren llegar por las consecuencias negativas que acarrea”. “Pero no es que estén abandonando a sus hijos a su suerte”, las madres y padres originarios sufren esta situación, “tienen que asumir el dolor de la muerte de un hijo como cualquiera. No es nada fácil”, insistió.

Naharro por su parte también destacó que en la superficie, las políticas sanitarias quedan aisladas de un contexto en el cual un grupo humano ve su estilo de vida deteriorado por las demás políticas públicas. Ello en tanto la forma de vida de las comunidades wichí está atada a un monte que ha sido deteriorado y generó su acorralamiento o directamente su expulsión.

“Generalmente se pretende enfocar las muertes por hambre con el sistema de salud y se busca culpabilizarlo y al tema se lo despega totalmente de las políticas económicas y productivas, como si fuera totalmente distinto el avance de la frontera agropecuaria con los desmontes y fumigaciones”. Y estas realidades no van por separado sino que “son dos caras de la misma moneda”, sostuvo.

Para lograr una atención de la salud que ponga el acento en las prioridades de las comunidades “se debe contar con un sistema intercultural de salud”. En el gobierno de Juan Manuel Urtubey se había empezado a desarrollar este sistema que “es perfeccionable” y precisa contar con más presupuesto y personal especializado y capacitado. “Lo peor que se podría hacer es cerrarlo y desfinanciarlo”, sostuvo la especialista.

En el mismo sistema se presentan respuestas que suelen ser “más expulsivas que contenedoras”. Naharro entendió que existe una práctica racista “muy importante” que “quizás los agentes de salud no la tengan consciente”. 

Sucede que, como aconteció en cada una de las gestiones de gobierno, para explicar la grave situación de los habitantes del Pueblo Wichí (e incluso la muerte de los niños), se culpabilizó a “la cultura” en lugar de reconocer la falta de calidad de la atención. “Los ponen como dejados, sucios, que no asisten a tiempo”. Pero poco se dice “de las pocas salitas, de por qué los remedios no llegan, o por qué el personal no está capacitado. Tampoco se mira el estado de los pocos hospitales que hay en la zona y en condición lamentable”.

El otro aspecto tiene que ver con las grandes distancias. “Estar a 20, 30 ó 50 kilómetros del Centro de Salud o del Hospital sin tener en qué trasladarte, implica un esfuerzo de llegar que es enorme y no está valorado”, sostuvo Naharro.

Añadió que a veces los integrantes de comunidades originarias llegan y no los atienden. Y no tienen donde quedarse a comer o a dormir. “Y después dicen que tienen un bajo nivel de alarma. Lo que hay son condiciones inhumanas para que la gente pueda acceder al sistema de salud”. El tema de la muerte de los niños por desnutrición, deshidratación o diarreas no es solo una cuestión del sistema de salud porque sus causas son estructurales. “Pero el sistema de salud que debiera dar a la última respuesta no está a la altura” de la realidad de las comunidades, afirmó.

Recordó que en su momento el ex gobernador Urtubey planteó que este tipo de consecuencias eran parte de un “problema cultural”. “Pero la cultura no es un problema, es una realidad”. En lugar de entender la cultura, se buscó una suerte de asimilacionismo para cambiar a estos pueblos “que es que el diferente deje de serlo y sea similar a mí. Entonces lo que yo tengo que hacer es transformarlo. Y eso se llama etnocidio”, sostuvo.

Una cultura cazadora recolectora

Palmer hizo hincapié en que no se puede hacer una generalización sobre las causas de la desnutrición en las comunidades originarias de la cultura cazadora recolectora.

Refirió dos casos para ejemplificar: el de una mujer adulta con hijos con problemas de salud que tramitó su documento nacional de identidad pero no cuenta con él por un error de un empleado del Registro Civil que la anotó como nacida un 31 de septiembre, fecha inexistente. Como consecuencia, “la mujer no puede recibir ningún beneficio”. Lo que puede parecer un inconveniente menor en la ciudad, no lo es tanto cuando se vive en una zona alejada de los centros urbanos, sin oficinas de Registro Civil, sin medios de movilidad y sin caminos adecuados.

El otro caso es el de un pescador que se ahogó en el río Pilcomayo. Sus parientes lo encontraron un mes después y luego no quisieron que la Policía lo llevara porque temían que se lo quitaran y querían hacer sus propios ritos de entierro, “con lo cual no les dieron el certificado de defunción, con lo cual la viuda no recibe ningún beneficio para sus hijos”.

En cuanto a los niños, Palmer dijo que “hay muchas cuestiones de situaciones familiares que hacen que queden desvalidos”. “Hay muchas cuestiones sociológicas por detrás que hay que indagar bien a fondo con la situación doméstica”, no se puede hacer una generalización que abarque toda la situación.

La comida no se acapara

“Siendo una comunidad cazadora recolectora, la comida es un recurso que no se acapara. Los alimentos son comestibles en el momento, no se hace un ahorro de estos recursos”, explicó Palmer en cuanto a la cosmovisión wichi sobre los alimentos, el objeto de la caza y la recolección en una zona de clima cálido que no exige mayor esfuerzo para abrigarse.

El antropólogo citó al cacique Modesto Rojas, de Tartagal, para señalar que por esta cultura no acaparadora de la comida, el bolsón alimentario que entrega el Gobierno solo resuelve una situación inmediata, “el bolsón puede consumirse en un día y se acaba la comida para todo el mes”.

“El uso de los recursos alimenticios esa es otra cuestión que hay que atender”, señaló. “El uso propio de una cultura recolectora que cuenta con un acceso sostenido a los recursos naturales comestibles con solo buscarlos. (…) Los recursos son los que la gente busca por su propio medio en el bosque, pero hoy en día no hay acceso a esos recursos”, sobre todo por los conflictos territoriales motivados en el avance de la frontera agropecuaria.

“Hay que ir haciendo un estudio lugar por lugar del Chaco salteño, tanto de las comunidades aisladas en el bosque como las comunidades periurbanas, que ahí se corta aún más la relación con el ambiente”, recomendó Palmer, quien ha vivido largo tiempo en una comunidad wichi y hoy reside en la ciudad de Tartagal.

“Me parece que hay hacer estudios extensivos al respecto de la situación económica de las comunidades hoy en día, (para saber) de qué se están nutriendo, si son exclusivamente recursos no propios, del almacén, que se compraron con efectivo o con billetes de crédito de parte del Gobierno o si son recursos que ellos mismos cazan, recursos de la economía recolectora cazadora”. “Se está perdiendo mucho el tema del uso la economía propia, de la caza-recolección, se está perdiendo la economía propia por cuestiones de problemas de tierra y por la conquista, por usar una palabra de parte de la economía no indígena”, porque “la caza y la recolección requieren una técnica para ir a buscar los recursos alimenticios en el bosque que no es lo mismo que ir a buscar los recursos en el almacén”.

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