La historia del exsecretario de la Juventud Peronista y miembro de Montoneros

Rodolfo Galimberti, delegado de la juventud en Puerta de Hierro

Página/12 presenta este sábado la tercera nota de una serie de siete que repasan la vida de quien ganó fama de joven como dirigente político y guerrillero y terminó sus días cerca del poder. Esta entrega va del 9 de julio al 25 de mayo de 1973, desde sus viajes a ver a Perón en Madrid y a Medio Oriente hasta su desplazamiento del centro de la escena.

En el invierno porteño de 1972, Rodolfo Galimberti, que en ese entonces tenía 25 años, ya se había convertido, como delegado de la Juventud Peronista, en uno de los principales encomendados de Perón entre Madrid y Buenos Aires. El peronismo preparaba un nuevo intento de devolver al país a su líder exiliado. Para ello, la Juventud Peronista (JP) concentraba sus fuerzas en la militancia de base territorial, y en ganar terreno dentro del aparato peronista. Iba incrementándose la cantidad de actos y movilizaciones: en enero realizó un acto en el municipio Bonaerense de Ensenada; en mayo, en la localidad de Merlo; en junio, en la Federación de Box; y el 28 de julio llevó a cabo un gran evento en el Estadio de Nueva Chicago en el que se lanzó la consigna “Luche y Vuelve”. La Juventud Peronista, además de sumar poder al interior del partido, comenzaba a crecer como una fuerte oposición a la dictadura de Lanusse. La salida negociada del golpe que pretendía el presidente de facto era cada vez menos factible.

Por esos meses, además de participar como una de las voces principales de esos actos, Galimberti viajó a Madrid en distintas ocasiones e incluso amplió sus horizontes. En julio viajó junto a Muniz Barreto a Libia a entrevistarse con el coronel Muammar Kadhafi. En ese viaje, según sus biógrafos, Marcelo Larraquy y Roberto Caballero, “Galimberti se interesó por hacer llegar a la Argentina los proyectiles autodirigidos Sam 7 y entregárselos a Montoneros”, porque “soñaba con ser el jefe militar de la futura revolución peronista”. Al mes siguiente viajó al Líbano. El objetivo fue recibir formación militar, dado que Perón anticipaba un escenario de mayor violencia en lugar de la apertura democrática que finalmente tuvo lugar en 1973. Sin embargo, la visión del General a mediano plazo no era errada. En el Líbano Galimberti fue recibido por la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y conoció a Abu Yihad, el jefe militar de la organización político-militar palestina Al Fatah.

Entre Madrid y Medio Oriente

Mientras Rodolfo viajaba por Medio Oriente, en una ciudad patagónica ocurriría uno de los hechos más trágicos para la juventud de la historia argentina hasta 1972: la masacre de Trelew. El 15 de agosto los principales líderes guerrilleros del ERP, Mario Roberto Santucho, Domingno Menna y Enrique Gorriarán Merlo; de FAR, Fernando Vaca Narvaja de Montoneros, Marcos Osatinsky y Roberto Quiero; junto con otros diecinueve prisioneros, se habían fugado del penal de la ciudad de Rawson y lograron llegar al aeropuerto de Trelew. Los líderes tomaron un vuelo hacia Chile. Pero los diecinueve militantes que restaban no llegaron a hacerlo, tomaron el aeropuerto y se rindieron con la promesa de que no los matarían. Sin embargo, durante la madrugada del 22 de agosto fueron fusilados por un comando de la Marina. 

Si bien desde el gobierno se justificaron con el argumento de que los jóvenes habían intentado escapar, los tres sobrevivientes desmintieron la versión oficial, como quedó claro en la entrevista que Francisco “Paco” Urondo realizó al año siguiente en la cárcel de Villa Devoto a los sobrevivientes de la masacre, Alberto Miguel Camps, María Antonia Berger y Ricardo René Haidar, titulada La Patria Fusilada. Los tres -que luego serían desaparecidos durante la dictadura cívico militar de 1976- detallaron cómo los militares al mando del capitán Luis Sosa acribillaron a balazos a los diecinueve militantes, causando la muerte instantánea de trece de ellos, y dejando agonizar hasta la muerte a otros tres, mientras que Camps, Berger y Haidar sobrevivieron aún habiendo recibido graves heridas de bala.

En 1972 Galimberti viajó varias veces a Madrid y también a Libia, a entrevistarse con el coronel Muammar Kadhafi, y al Líbano, donde fue recibió por la Organización para la Liberación de Palestina (OLP)

La dictadura de Lanusse no quería bajo ningún concepto que se realizara un velorio y homenaje a los jóvenes fusilados. Sin embargo, se realizó, y el jefe de la policía Alberto Villar organizó un operativo en el que se secuestraron los féretros en medio de una represión salvaje. A través de Galimberti y Juan Manuel Abal Medina, Perón mandó un mensaje desde Madrid a la Juventud Peronista: “Esa juventud que ha aprendido a morir por sus ideales es lo único que puede salvar al país de un futuro preñado de asechanzas y peligros”. Luego, el General afirmó: “Ahora, la juventud estará más cohesionada que nunca. Y desaparecerán las pequeñas diferencias de organización. ¿Qué duda cabe de que la actitud de esta juventud será cada vez más fuerte? La acusan de violenta, pero no hay más violencia que la de arriba, ejercida por el gobierno”.

La premisa de Perón sobre la unidad de la juventud comenzaba a hacerse realidad. Montoneros comenzó a ser el aglutinador del resto de las organizaciones incluida la Juventud Argentina por la Emancipación Nacional (JAEN), que había sido creada por Galimberti en 1967, y que ya tenía a la mayoría de sus militantes en las filas de Montoneros.

La disputa dentro del Movimiento Justicialista

En octubre, Galimberti volvió a viajar a Madrid, pero ya de forma clandestina. En Puerta de Hierro se cocinaba el nuevo Operativo Retorno. Pero también se disputaban otras cuestiones, como quién sería el reemplazo de Jorge Gianola como secretario general del Movimiento Justicialista; es decir, el tercero en jerarquía dentro del Partido Justicialista. Los candidatos para el puesto eran dos jóvenes que venían ganando influencia dentro del movimiento y en particular en la JP: Galimberti y Juan Manuel Abal Medina. El último era el hermano mayor de Fernando, líder y fundador de Montoneros abatido en septiembre de 1970 junto con Carlos Ramus. 

La pulseada finalmente se inclinó hacia Abal Medina por su mayor amplitud de diálogo con distintos sectores dentro del peronismo, tal como lo describió el periodista Sergio Moreno en una nota de Página/12 publicada en enero de 1999: “Amigo de los peronistas históricos, de buen diálogo con el sindicalismo verticalista y con el combativo, emparentado a través de su hermano con la vanguardia armada de la Juventud Peronista, este antiguo nacionalista se convirtió en el brazo ejecutor de los designios del hombre que marcó a fuego la política argentina”. En una entrevista en el portal Infobae en octubre de 2015, Juan Manuel recordó su primer encuentro con el líder justicialista: “Perón era un encantador. Lo hacía sentir al invitado como si fuera importante. Sabía de mis hijos y de mi familia", y luego agregó que “era un hombre distinto, adelantado a su tiempo, curioso, respetuoso como los viejos criollos, de una inteligencia privilegiada".

En Madrid, ya con el apoyo de las 62 organizaciones -conducidas por Rogelio Coria, enemigo directo de Galimberti-, se delineó lo que sería el Pacto Social entre la CGT y la CGE y se estableció el 17 de noviembre como fecha de retorno del General quien aseguró: “Retorno a la Argentina si seré útil para curar las heridas del país y repacificarlo, a fin de que encuentre tranquilidad, trabajo y bienestar”. 

“La movilización popular debe garantizar la seguridad física del General Perón. Los que tienen piedras, que lleven piedras, y los que tengan algo más que lleven algo más", planteó Galimberti para el día del regreso de Perón.

Días antes de la fecha estipulada para el retorno, desde Buenos Aires, Galimberti tensionaba la coyuntura local. En un acto realizado el 9 de noviembre de 1972 en Ciudad Universitaria relanzó la estrategia de “colisión directa”. “La movilización popular debe garantizar la seguridad física del General Perón. Los que tienen piedras, que lleven piedras, y los que tengan algo más que lleven algo más. Y los que no vayan al aeropuerto deben tomar las fábricas, las facultades, los barrios”, clamó el Loco Galimba ante más de 800 estudiantes. Fue entonces cuando Lanusse ordenó su captura por “incitación a la violencia y apología del delito”.

El 16 de noviembre a las 23:59 Perón partió a bordo del avión Giuseppe Verdi de Alitalia desde el aeropuerto Fiumiccino de Roma hacia Buenos Aires para llegar a las 11 de la mañana del día siguiente a suelo argentino. Galimberti se encontraba entre las decenas de miles de militantes que se movilizaron hacia Ezeiza en un intento de romper el cerco de 35 mil efectivos policiales puestos por la dictadura para bloquear cualquier acto o diálogo entre Perón y las masas. Rodolfo había participado de la organización de las columnas, y había sido enfático en remarcar la necesidad de llegar hasta el aeropuerto como sea, pero la represión fue más fuerte. La policía alejó a la multitud de jóvenes a fuerza de gases lacrimógenos y palazos. Finalmente, el General durmió la primera noche en un hotel cercano al aeropuerto de Ezeiza y después se trasladó a un Petit Hotel en Vicente López. Pero su estadía en el país no duraría más de un mes. Sin embargo, ese poco tiempo fue suficiente para sentar las bases de lo que sería su vuelta definitiva y la vuelta de la democracia.

Alejado de Perón

El 5 de diciembre se formó el Frente Justicialista de Liberación (Frejuli) y ocho días más tarde, en una reunión con Abal Medina, Perón anticipó que elegiría a Cámpora como candidato a presidente. Le pidió a él y a Gelbard que lo mantuvieran en secreto. Al otro día partió a una gira por distintos países de América Latina, de la que no podría volver porque la dictadura prohibiría nuevamente su ingreso al país. El creciente protagonismo de Galimberti en Montoneros lo alejó de Perón, lo cual se vio a las claras cuando quedó afuera de la última parte del Operativo Retorno. Aun así, participó de algunas de las tertulias del General en la casa de Vicente López durante el mes que estuvo en Argentina.

El movimiento peronista, durante los meses previos a las elecciones empezó a organizarse en función de las demandas y los cargos democráticos, algo que le era ajeno después de 17 años de proscripción. En el mes de diciembre Abal Medina intentó persuadir a Galimberti para que se presentara como candidato a diputado, según lo había propuesto Perón. Galimberti rechazó la oferta. Los motivos fueron evidenciados en el mensaje que mandó en una grabación a un acto de la Juventud Peronista de enero: “La clave de la toma del poder en toda revolución es la síntesis entre las masas y las armas. La JP ya ha planteado una estrategia que tiende a explicar de qué forma se obtendrá esa síntesis que, a nuestro juicio, es inexorable para hacer la revolución. Las elecciones no nos darán esa conjunción, pero nos permitirán modificar cualitativamente la relación de fuerzas”.

En 1973 Abal Medina no consiguió persuadir a Galimberti de que se presentara como candidato a diputado, según lo había propuesto el general Perón.

El 11 de marzo de 1973 el Frejuli se impuso en las urnas con el 49,59% de los votos. La consigna “Cámpora al gobierno, Perón al poder”, había logrado un triunfo arrasador. Luego del triunfo, el 19 de abril, Galimberti pronunció un discurso punzante en el Sindicato del Calzado. Abal Medina había logrado articular con habilidad las distintas piezas, muchas veces antagónicas, dentro del peronismo, y había colaborado en la organización del frente que acababa de ganar las elecciones. Galimberti, en cambio, seguía con la postura de tensar la interna entre los distintos sectores y subrayó la importancia de las milicias armadas. “En 1955 se instaló la violencia del régimen, a la que las masas contestaron con su propia violencia. Pero ahora debemos ejercer esta violencia en forma orgánica, porque no podemos pensar que el gobierno popular va a poder sostenerse y llevar adelante su programa de liberación nacional y social en el camino al socialismo si no tiene fuerzas que lo apoyen. Entre esas fuerzas, es necesaria la existencia de aquello que ya intentó organizar la compañera Evita, las milicias populares peronistas”. El discurso de Rodolfo generó críticas de la CGT hacia Cámpora e incluso entre los líderes de Montoneros por ser muy radical. Días más tarde tuvo que darle explicaciones personalmente a Perón en Puerta de Hierro, en el marco de un juicio político interno. La resolución fue destituir a Galimberti como Delegado Juvenil.

El “Tío” Cámpora asumió el 25 de mayo. Perón no pudo evitar las lágrimas desde Puerta de Hierro al ver los millones de personas que colmaban las plazas de todo el país para festejar la vuelta de la democracia después del período más prolongado de un gobierno de facto, y el triunfo de la voluntad popular que clamaba por su vuelta. Ese 25 de mayo la Juventud Peronista se concentró en las calles de todo el país para hacer efectiva la liberación de los presos políticos; entre ellos, los tres sobrevivientes de la Masacre de Trelew. Pero la euforia de la vuelta de la democracia con un nuevo gobierno peronista encontró a Galimberti en los márgenes del movimiento. El creciente protagonismo que había logrado en poco tiempo se había disipado tan rápido como se había construído.

En Rosario y fuera del centro de la escena

En la pugna de Montoneros por ubicar cuadros propios dentro del gabinete, la organización decidió correr al Loco Galimba del centro de la escena para no generar problemas con Perón. Fue así que Rodolfo tuvo que empezar el camino orgánico de militancia como cualquier persona que se suma a sus filas. Eligió Rosario como destino de su nuevo comienzo. Viajó a principios de junio. A la frustración política se sumaba que debía vivir lejos de su nueva novia, Julieta Bullrich, hermana de una joven militante de la JP, Patricia. Rodolfo se había separado definitivamente de su esposa, Mónica Trimarco, en el mes de abril.

En Rosario le presentaron a quien sería su referente, Fernando Vaca Narvaja, conocido como Gustavo, uno de los líderes que escapó en el avión de la base de Trelew y se salvó de los fusilamientos, aunque su esposa Susana Lesgart no pudo hacerlo. La relación entre Rodolfo y Gustavo fue difícil desde el comienzo. Cuando Galimberti bajó del auto, tenía entre sus pertenencias una Magnum 357. Un militante raso, como era en ese momento, no podía portar armas sin permiso de un superior. Galimberti no iba a ser un militante común y corriente, como quedaría claro poco tiempo después.

El próximo martes 26 de mayo en Página/12 leé la cuarta nota de la serie sobre la vida de Rodolfo Galimberti.

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