Opinión
Es peligroso ser estudiante

Es peligroso ser estudiante y protestar en Berisso. La policía pega.

Es peligroso ser estudiante y ratearse en Banfield. La policía persigue. 

Para muestra basta un caso. Lautaro tiene 16 años, es alumno de quinto y el miércoles 17 no quiso ir a la escuela. Prefirió juntarse con tres  amigos en la plaza. Al primer delito grave (la rata) se le sumó otro (tomar un sorbo de Fernet) y muy pronto otro más: asustarse cuando se acercó una patrulla de la Policía Bonaerense.  

En algún momento los chicos corrieron. En algún momento los policías capturaron a Lautaro y lo metieron en un patrullero. En algún momento sus amigos llegaron hasta la escuela y se metieron adentro. Lautaro sí estudia en la Escuela Normal Nacional Superior Antonio Mentruyt de Banfield. Los otros no. El patrullero donde fue encerrado Lautaro se acercó hasta la escuela mientras otros policías buscaban a los tres adolescentes con miedo. Los chicos y los maestros fotografiaron la patente del Toyota de la Bonaerense: AA709FV.

Los policías no percibieron límites. Ni siquiera las puertas de una escuela donde cursan a la mañana 1100 chicos. 

Marta Balmaceda enseña en la Mentruyt. Es licenciada en Ciencias de la Educación y da tres materias, “Sociología”, “Proyecto de investigación” y “Trabajo y Ciudadanía”. El miércoles a las doce menos cuarto era fiscal en las elecciones del Sindicato Único de Trabajadores de la Educación de Buenos Aires. Cuenta a PáginaI12 que sintió “como un bullicio” (los docentes dicen esa palabra), caminó hacia otra zona del enorme edificio de la escuela y vio a la policía corriendo a un chico. Después reconstruiría que una docente vio tres policías y una tercera todavía más. Eran muchos. “Les gritamos que era una escuela, que no podían entrar y menos armados, que era peligroso”, recuerda Marta. “Los chicos ya estaban por salir. En un momento yo corrí detrás de un policía que perseguía a un chico. Cuando llegué hasta ellos vi que tenía a un chico en el piso y que trataba de reducirlo y esposarlo.” Marta forcejeó. Más corridas. Más gritos. Una barrera en otro sitio de la escuela, para proteger al chico de la policía. Marta fue a dirección a buscar agua y cuando volvió no había nadie. Se habían ido hasta la calle. Entonces vio el patrullero de la Bonaerense y en su interior a Lautaro.  

Sigue Marta Balmaceda: “Los chicos estaban enloquecidos frente al patrullero parado en Manuel Castro y Monteagudo. Les gritaban a los policías, que no se habían identificado. El ENAM de Banfield no es cualquier establecimiento. Tiene 33 desaparecidos, entre los que eran estudiantes y los que desaparecieron cuando ya habían egresado. El número equivale a una división. Por eso hablamos de la división perdida. Los docentes conocemos esa historia y los chicos también. Se la van contando de año a año. Es una marca cultural muy fuerte”. 

Maestro sin diploma, como lo presenta la web de la escuela, Mentruyt creó en 1900 la Sociedad Popular de Educación, el Instituto Popular Modelo y, en 1912, la Escuela Normal Nacional. Quiere decir que la policía profanó un centro académico con 105 años de historia. La Bonaerense tal vez ignore que fueron profesores dos socialistas legendarios, Alicia Moreau de Justo y Alfredo Palacios. Quizás no sepa que en 1947 comenzó la construcción del edificio actual, en Manuel Castro 990, y que en 1948 lo   inauguraron otras dos leyendas de la historia argentina, Juan Perón y Eva Perón. Los estudiantes y los docentes conocen estos datos tanto como registran la falta de una división entera. El cuidado de todos, el miércoles, logró que al final sucediera lo que debió ocurrir al principio: los funcionarios judiciales se llegaron hasta la escuela y terminaron reunidos con los padres. 

Lautaro y los demás chicos fueron liberados, pero sobre ellos pende una amenaza. La policía quiere que la carátula de la causa sea “Resistencia a la autoridad”, lo que pondría a los cuatro en el oscurísimo pasillo del Código Penal. No es la única amenaza. A Lautaro lo amedrentaron contándole que cuando quedara bajo arresto los otros presos lo violarían.  

“Los policías se sienten habilitados y con ganas de revancha después de años de Estado inclusivo”, dice Marta. “No deben entrar a una escuela, y menos corriendo y con la mano sobre el arma.”

Al día siguiente el patrullero volvió. Hasta dio tres vueltas a la manzana. Para que todos lo vieran. Para que recuerden que Lautaro podría volver a ser un cautivo. 

Es peligroso ser estudiante.

martin.granovsky@gmail.com