El intendente de Santa Victoria Este, Rogelio Nerón, fue encomendado por las comunidades de la frontera entre Argentina, Bolivia y Paraguay, que viven en la ribera del río Pilcomayo, para que solicite la intervención de la Cancillería Argentina ante la falta de sábalos, que atribuyen a obras aguas arriba.

La decisión surgió de una asamblea que tuvo lugar el jueves último en territorio del Pueblo Weenhayek, específicamente en la comunidad San Antonio, ubicada en el Estado Plurinacional de Bolivia. Es que en la zona hay una preocupación generalizada ante la falta de la especie que las comunidades indígenas suelen usar para consumo propio y para comercializar. 

En esa convocatoria se analizó la falta de cardúmenes en el Pilcomayo, una situación que en el vecino país aflige desde hace al menos tres semanas. Según el acta de la asamblea, Nerón indicó que uno de los problemas es que el río se está llenando de sedimento y si no se toman cartas en el asunto, podría dejar su cauce.

Los puntos más importantes conversados en la asamblea fueron la necesidad de que las autoridades declaren al río como zona de desastre, que se realicen trabajos de dragado para levantar el sedimento, y que la Cancillería convoque a una reunión de emergencia para tratar la problemática “a nivel internacional”. Ello implica la convocatoria de las autoridades competentes en la materia de Argentina, Paraguay y Bolivia, los tres países que recorren las aguas del Pilcomayo.

Obras sobre el cauce

Entre las causas analizadas por las comunidades se encuentra el llamado Proyecto Pantalón, en Formosa, en acuerdo con Paraguay. El objetivo oficial, según la página gubernamental de esa provincia, es el reparto equitativo de las aguas entre Paraguay y Argentina. Las comunidades también apuntaron al puente que se realizó sobre el Bañado La Estrella, de Formosa. Así lo relató a Salta/12 Amancio Martínez, referente de las comunidades ribereñas en Santa Victoria Este y colaborador de la Municipalidad a cargo de Nerón.

Según información subida en redes sociales oficiales por la Comisión Trinacional del Pilcomayo (creada en principio para intervenir en diversos temas que afectan a las aguas del cauce), “el principal peligro que enfrenta el pez viajero (el sábalo, de consumo masivo en la zona), se refiere a los niveles hidrológicos del río, ya que su crecimiento y migración depende de la cantidad de lluvia anual que se presenta en el Chaco boliviano y que produce inundaciones en el Pilcomayo”. 

Es así que cuando las crecidas son importantes “se puede esperar que al año siguiente se presenten grandes poblaciones que migren hasta Bolivia”. Se añade que “otro riesgo que debe enfrentar esta especie es la sobrepesca”. En este punto se afirma que hubo planes de manejo con las comunidades que viven a lo largo de la cuenca y los pueblos de la zona que se “se dedican a la captura de la especie para su comercialización”.

“El tema es que querían disponer veda por tres años en Bolivia”, contó por su parte Martínez, al explicar que esta determinación fue la que más resistencia generó entre los habitantes de la zona. Afirmó que si bien hubo técnicos de Bolivia en la reunión, no hubo referentes de la Comisión Trinacional pese a que se les había cursado la invitación a la convocatoria del jueves.

Sinergias 

El integrante del Sistema de Alerta Pilcomayo, Luis María de la Cruz, por su parte, señaló que la falta de peces es multicausal, aunque tienen en común la acción humana. "Treinta años de ejecución de obras hidráulicas que interrumpen o desvían los cursos de agua que sirven de ruta migratoria a los peces; disminución de caudales debido a los cambios hidroclimáticos; la intensa sequía de estos cuatro últimos años, que concluyó en el desecamiento total del bañado en 2022; la contaminación minera, que afecta la vida de los peces; la pesca comercial intensiva en períodos de bajo volumen de peces. Todos estos factores, a lo largo de los años, van generando sinergias que llevaron a la crítica situación actual", afirmó. 

Añadió que no se trata de "uno o dos factores y solo en este año lo que provocó esta situación. El proceso de pérdida de biodiversidad es complejo e involucra por lo menos a todos esos factores y a las fuerzas sinergéticas que se generan con su combinación".

Según un cuadro elaborado por el doctor en ciencias biológicas Claudio Baigún, en base a los datos de CODEFAUNA (de Villamontes, en Bolivia), a excepción de los años 2018 a 2020 por la falta de datos, desde 1980 hasta 2022 la captura de sábalos disminuyó. 

De la Cruz interpretó que, según estos datos, si bien hubo una baja importante en 1998, y entre 2012 y 2014, en la actualidad la baja es mucho más crítica que durante esos años.

“El segundo padre”

“El río es la vida. Es el segundo padre”, dijo a Salta/12 Amancio Martínez, al ser consultado sobre lo que significa este cauce para los pueblos originarios. “El río es sustento de las comunidades. Cuando hay pescado la gente está contenta. No solo en donde estamos nosotros sino en toda la margen del río”.

Martínez contó que la preocupación es grande porque si no hay pesca “no hay nada, sufre la familia. Cuando hay pescado hay para comer, guardar y vender, y como truque”.

Según los datos publicados por la Comisión Trinacional, en el área “se han relevado un total de 20 etnias". Doce "en Paraguay y las de mayor población son Nivaclé, Enlhet Norte y Sur. Seis etnias en Argentina, destacándose los Tobas (Qom) y los Wichís. Tres etnias en Bolivia, los Guaraníes, los Tapiete y los Weenhayek”.