En todo el mundo las personas viven más tiempo que antes. Hoy la esperanza de vida es igual o superior a los 60 años y los países están experimentando un incremento de adultos mayores en la población. Teniendo en cuenta que toda etapa de la vida es una construcción histórico social, la representación de la vejez también se fue modificando. Antes envejecer era “dejar de hacer”, “ser pasivo”, porque ya no se trabaja más, pero la idea actual es la de un “ser activo” que debe tomar decisiones sobre su salud, su proyecto de vida y sus relaciones sociales, según explica la psicóloga de la UNR, Fernanda Fernández.

Antes eran los mayores los que determinaban cuál era el modo de vida de una sociedad pero los vínculos inter generacionales se reconvirtieron, se horizontalizaron. “En un mundo vertiginoso y en continuo movimiento, las respuestas del pasado no necesariamente son válidas para el presente”, dice el docente e investigador en Ciencias de la Educación, Pablo Urbatiel, para explicar que hoy “hay una desvalorización de la experiencia”.

Esa idea de familia con el mayor sentado en la punta de la mesa como autoridad, quedó atrás y dio paso a “una sociedad cada vez más individualista” y aquí aparece “la soledad, la pandemia del siglo XXI”. Pero, por otro lado, los avances científicos, el cuidado por la calidad de vida y la lucha contra los prejuicios en torno al “viejismo”, abren la posibilidad de seguir creciendo, aprendiendo y encontrarse con otros en esta etapa de la vida. “Al llegar a los 60 años uno empieza a decir qué bueno, voy a poder disfrutar de mi tiempo, pero hay que interrogarse qué se espera, qué se busca”, dice Fernández y lo define como un momento de ruptura que puede dar lugar a cosas nuevas.

Coral Azul integrado por participantes del Programa Universidad Abierta para Adultos Mayores.  Camila Casero

En este contexto se enmarca el Programa Universidad Abierta para Adultos Mayores, un espacio de educación no formal que puso en marcha la UNR en 2011 con el fin de dictar cursos, talleres y otras actividades educativas, culturales y sociales, destinadas a mayores de 50 años. Con propuestas dictadas por docentes universitarios, este programa se consolidó y creció rápidamente, con más de 50 cursos para personas de Rosario y otras localidades de la región. En 2020, debido a la pandemia, se adaptó la propuesta educativa presencial al dictado virtual y en la actualidad se combinan las dos modalidades, con temáticas que van desde Bellas Artes, Música y Filosofía, pasando por Ciencias Políticas, Historia, Psicología y Derecho hasta Economía, Matemática y Salud.

“La propuesta genera socialización, vínculos, optimismo, entusiasmo, respeto por el otro, en un espacio dialógico donde la experiencia de vida es un tesoro valioso”, señala la psicóloga Mariela Mases y destaca que los cursos no son sólo formativos sino también terapéuticos. “Es como seguir apostando y preparándose para la vida misma como sujetos de deseo”, dice.

Para Mases uno de los puntos interesantes de estos espacios es cómo fomentan la autoestima, rescatan las emociones y dan lugar a una instancia introspectiva de diálogo con uno mismo. En este sentido mencionó varias investigaciones de la Facultad de Psicología y de Medicina que arrojan contundentes cifras en relación a las productividades de estos espacios. Por ejemplo, que la concurrencia a estos cursos con pares son “oportunidades de establecer lazos sociales”.

Estos resultados muestran un despliegue del desarrollo cognitivo a través de procesos psicológicos básicos como el aprendizaje, el conocimiento, el pensamiento, la inteligencia, lo emocional, según describe la profesora. “Estamos corroborando en estos grupos un descenso significativo de trastornos y enfermedades que hace años tenían su auge y en estos contextos los índices aparecen atenuados. Principalmente, depresiones, trastornos de ansiedad, algunas patologías relacionadas con enfermedades autoinmunes, incluso enfermedad de parkinson”, destaca.

Si bien la pandemia implicó una ruptura, la profesional cree que estos espacios están reparando la soledad, los duelos, a través del acompañamiento y seguimiento, entendidos como fenómenos de emergencia social. “Sentir que se puede envejecer con dignidad es importante, que hay oportunidades, propuestas, apuestas, proyectos, programas en este caso de educación no formal para los adultos mayores, que hay atención en salud”, destaca Fernández.

Para la docente la palabra es lo que más nos representa, dignifica, es lo que hay que compartir con otros y por lo tanto “hay que reclamar ese espacio de escucha a la familia, amigos y nuevos vínculos”.

El adulto mayor puede aferrarse a las quejas, al cuerpo físico, a la psique, a los estados de ánimo. “Yo propongo que se aferre al deseo de hacer, de sentir, de estar con alguien, de comunicarse con otro, de amar, abrazar, querer que lo traten dignamente y tratar a otros con dignidad”, señaló.

La psicóloga cree que la vejez no significa pasividad sino posibilidad. Entiende que la dignidad empieza por uno, respetándose y valorándose. Que el mayor debe aprender a tomar elecciones propias, ya no desde el “deber ser” o lo que esperan los demás, sino de lo que él mismo elija. Les aconseja “dejarse enlazar”, hacer vida con otros, charlar con la persona que está al lado, animarse a cambiar de piel, dejarse abrazar y amar por el afecto y la mirada de los que tiene cerca, valorar los logros de los afectos conquistados. Buscar la felicidad en los pequeños momentos donde se siente satisfecho. Hoy hay una propuesta de la Universidad para los adultos mayores que propicia encuentros y entiende que son parte de la población activa.

 

Las inscripciones para el segundo cuatrimestre del Programa se abrirán a partir del lunes 4 de septiembre, de manera online a través del sistema SIU Guaraní, o de manera presencial en Sarmiento 784. Más información: https://unr.edu.ar/adultosmayores/